El Estilo Jovino o no Hay lugar para los Débiles

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Condotiero. De aquellos que defendían ciudades por dinero y financiaban armadas para una u otra causa en la Italia del Renacimiento, siempre encomendándose a Dios. Esa sería la definición más apropiada para calificar tanto la potencia política de Jovino Novoa como la débil veracidad de su respeto a la inteligencia pública. Todo ello por su comportamiento en medio de la crisis de financiamiento ilegal de los partidos que lo identificó, talonario de boletas ajenas en mano, como uno de los personajes del hecho.

 

Seguramente esta vez no será  el uso del poder crudo y duro de coronel, con apoyo del Estado, el instrumento del que hará gala. Esta es una batalla política por la transparencia que ya está en camino judicial, donde quedó claro que su apuesta será ese camino, que ya comenzó cuando trató de cambiar el Octavo Juzgado de Garantía para torcerle la mano al fiscal Gajardo. Es inevitable que Novoa ante los tribunales se juegue todo el poder oculto de sus redes y contactos, y el enorme poder corrector del gremialismo, pues es la supervivencia misma la que está en juego y requiere mantenerse lo más sereno posible y hacer demostraciones de fuerza y templanza.

Es claro que no será fácil para los “capitanes” de todos los sectores políticos, recolectores de dinero y distribuidores de prebendas al interior de sus partidos, capear la crisis actual que los conmina a la transparencia. Jovino, entre ellos, aparece como un emblema en la derecha del modelo político clientelizado que domina el sistema político chileno y que empieza a hacer agua por el efecto Soquimich.

 Esa es la clave para leer, detrás de su modo contenido, la entrevista casi insólita de este fin de semana en El Mercurio. Es evidente que ella tiene también la arquitectura editorial del diario, pero refleja a fondo lo que Jovino es o aspira ser: el guardián del legado de Jaime Guzmán, sin interpretaciones, y que ya empieza a dar certificados de buena conducta, de lealtad, de responsabilidad y del valor de las instituciones. Aunque las compre a luca con una boleta de su secretaria.

Ante la pregunta “¿Infringió la ley?”, Jovino responde: “Tengo la conciencia tranquila”. El subtexto es lo hice todo por la causa y el partido. A partir de ese momento, toda su gestión política es una epifanía. Habla de credibilidad, de empate político, de irresponsabilidad, y todo por encima de cualquier acto suyo. Todo es inmanente, como la presencia de Dios, como verdad revelada.

“Estamos en una crisis profunda de credibilidad”, dice. “En un momento en que las instituciones han perdido su prestigio y en que el ritmo del país lo están marcando los procesos judiciales”. Y, por supuesto, lo “angustia ver cómo Chile puede ir al despeñadero”. Jovino habla de Chile como una cosa que tiene sustancia propia independiente de sus políticos y, por cierto, él no siente ni responsabilidad ni menos culpa.

La acción investigativa del Ministerio Público, también es un blanco al que se debe disparar. Lo hace usando cuidadosamente las palabras –“la fiscalía ha usado resquicios legales”– y la consabida apelación iconográfica a los años 70 del siglo pasado. Jovino es un comunicador sagaz, que algo sabe de semiótica. Luego pasa a las filtraciones, la prensa irresponsable y el “afán mediático tremendo”. Walt Disney y la referencia a “figurines”, que el diario se encarga de preguntarle si se refiere al fiscal Gajardo, pintan aún más el escenario de su entrevista.

Esperando un “que se vayan todos” de la ciudadanía, Jovino hace un ejercicio de prospectiva y orden, y llama a la Presidenta a superar lo de Caval y ejercer su liderazgo, y a que los políticos “no sean discriminados”, pues inevitablemente en la continuidad de ellos está en gran medida la solución de la actual crisis. Ya hemos escuchado algo de esto en todas partes, luego de que estallara la arista Soquimich.

Respecto de su partido, señala que “en la UDI caben todos, menos los que han sido desleales a ese proyecto”. ¿Cuál proyecto? Por supuesto, el que interpreta él, el de los que siguen sus indicaciones, no el de Moreira, no el de Evelyn Matthei, no el de Francisco de la Maza. A este último lo intimida: “Sería bueno que fuera candidato (a la presidencia de la UDI) para que no dispare desde la comodidad de su alcaldía. Entonces, que presente una lista, que diga qué es lo que quiere hacer y se someta a una votación”. Le faltó decir aquí no hay lugar para los débiles y, seguro, postulaba al Oscar por mejor guion original el 2016.

De cuerpo entero lo que Jovino espera es que predomine el “alma patriota” y se salve la patria, con él dentro, por supuesto, como –según dice– Longueira salvó a Lagos el año 2002, cosa que “hicimos no porque seamos niñitos buenos”.

Entonces en qué quedamos, Jovino: ¿usted es bueno o es malo?, para la democracia, digo.

(*)  Abogado y Cientista Político

Fuente: El Mostrador

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