Novela Revela Cobardía y Soledad de Pinochet en Londres

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«La cobardía, la traición y la soledad de los últimos días de Augusto Pinochet»  son los temas que el escritor y periodista chileno Alfredo Sepúlveda toca en «Virginia Water», una novela sobre los días en que el dictador estuvo detenido en una casa a las afueras de Londres. La novela, publicada por Ediciones B, mezcla hechos históricos con ficción y reconstruye los 18 meses (de octubre de 1998 a marzo de 2000) que Pinochet estuvo detenido en Gran Bretaña a instancias del hoy ex juez español Baltasar Garzón.

Lo hace desde una mirada ajena y a la vez íntima, a través del «biógrafo», un personaje sin nombre a quién se le encarga que le haga una semblanza al general en su mansión de Virginia Water sin mucho éxito.

«Cerrado, esquivo, con dolencias físicas» y «al borde la demencia», así se describe a Pinochet en el libro, según dice Sepúlveda en una entrevista con EFE.

La mayor parte de la historia transcurre en el lujoso barrio residencial de Virginia Water, donde Pinochet cumplió arresto en una mansión y hasta donde Sepúlveda viajó durante la preparación del libro, para empaparse del ambiente.

«Es una novela sobre la cobardía, la traición y la soledad», dice Sepúlveda. «Creo que esos son los grandes temas que recorre, pues tiene un aspecto sentimental fuerte y potente», enfatiza.

«En términos conceptuales, intelectuales e históricos, si lo quieres clasificar más allá de los crímenes, Pinochet es un soldado de la guerra fría», afirma Sepúlveda.
subir «La carta de la demencia es un acto de cobardía suprema»

Sepúlveda (Santiago de Chile, 1969) explica que la defensa de Pinochet utilizó tres estrategias distintas para escapar a la justicia, en primer lugar, recurrir a la inmunidad diplomática, después delegar responsabilidad en sus subordinados y, finalmente, apelar a su condición física y mental.

El autor, máster en periodismo de la Universidad de Columbia (EE.UU.), asegura que el alegato de demencia senil al que recurrió Pinochet para escapar de la justicia en Londres, elimina todo rastro de convicción en el dictador.

«¿Dónde está el líder?» -se pregunta Sepúlveda-, «el líder se refugia en un tecnicismo para evadir», sentencia. «La carta de la demencia es un acto de cobardía suprema».

Si bien Sepúlveda no se cierra a la posibilidad de escribir una biografía de Augusto Pinochet y cumplir así la tarea que encomienda en la novela a su anónimo personaje, considera que es algo que aún le «queda grande».

«Es complicado escribir una biografía, uno pasa bastante tiempo de su vida con el personaje, es como un compañero de ruta; hay que tener las ganas de hacerlo, en diez años más, probablemente», afirma.

«Virginia Water» sucede a la también obra de ficción «Muchachas Secretas» (2004) y más recientemente a las crónicas históricas «Bernardo» (2007), dónde el autor revela una imagen más cruda del prócer chileno Bernardo O’Higgins, e «¡Independencia!» (2008), obra en la que narra una serie de episodios ocultos de los años en que Chile se independizó de España.

Pinochet fue detenido en octubre de 1998 en Londres y permaneció allí hasta que a comienzos de marzo del año 2000 regresó a Chile, pues el Gobierno británico denegó su extradición a España por razones humanitarias.

Finalmente el dictador murió el 10 de diciembre de 2006.

Pinochet íntimo y preso: novela narra el año que pasó en Londres

«Preferiría no hacerlo», responde Augusto Pinochet arrugando la nariz. Así enfrentará a su biógrafo, esquivándolo. Durante su arresto domiciliario en Londres en 1999, el ex dictador chileno recibe a diario a un historiador británico que prepara un libro sobre su vida.

Está recomendado por Margaret Thatcher y se le han abierto las puertas a la intimidad de la familia; Pinochet escucha sus preguntas, pero una y otra vez cambia de tema, responde lo que quiere, se escabulle, etc.

Es un hombre viejo escapando de cualquier responsabilidad y en sus rodeos vacíos se sostiene buena parte de Virginia Water, la nueva novela de Alfredo Sepúlveda.

Ya en librerías, se trata de una obra de ficción hecha con asuntos reales: a través de un inglés que silenciosamente carga con la muerte de su hijo, Sepúlveda entra y sale de la casa que Pinochet arrendó en la villa de Virginia Water durante más de un año, esperando una decisión de la justicia británica ante la solicitud del juez español para procesarlo por delitos de lesa humanidad. Es una mirada al día del «vía crucis» del general, como dice el autor, y a la vez un intento por dilucidar cómo opera la mente de los pinochetistas. Algo más: pocas veces la literatura chilena había tomado un hecho tan reciente y es posible que nunca Pinochet ocupara un lugar tan protagónico.

«Al momento de ponerlo de personaje sé que lo humanizo. Era un viejo que estaba enfermo, que estaba medio gagá, que enfrentaba una situación de crisis y todo eso está en el libro. Es un riesgo. No es que a mí me guste Pinochet ni mucho menos, pero no me interesaba agarrar al viejo y darle. Me interesaba explorar su cotidianidad y ver cómo desde ahí emerge un personaje distinto. Sé que estoy trabajando en el filo de la moral», dice Sepúlveda.

Autor de la biografía de O’Higgins, Bernardo («Mi país fue inventado por un irlandés», dice el militar en el libro), Sepúlveda antes de empezar con Virginia Water intentó escribir una biografía de Pinochet. «No estoy para eso todavía, creo que necesito unos 10 años más», dice. Y agrega: «Esta novela es un poco la biografía frustrada de Pinochet que yo no me atreví a hacer».

Escrita en base a sus recuerdos personales de Pinochet y los días de su reclusión en Inglaterra, la novela toma algo que Gonzalo Vial apuntó en su biografía sobre el ex mandatario: el general no dejaba entrar a nadie a su lado íntimo y sentimental. «Nunca reveló nada de su interioridad», dice Sepúlveda, que viajó el año pasado a Virginia Water: cruzó las vallas del condominio y miró de cerca esa amplia casa rodeada de árboles, a una hora y media de Londres, donde los Pinochet imaginaron el encierro. No pudo entrar.

Mientras avanza el retrato a Pinochet y los suyos, Sepúlveda le da cada vez más espacio al biógrafo, un hombre que se desmorona tras la muerte de su hijo. Se cree culpable. «Al final escribí la novela con menos Pinochet en la cabeza que con el biógrafo: creo que el libro es una gran escenografía para hablar de la cobardía», dice.

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