Los Misterios del Caso Matute: 14 años de Impunidad

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El 20 de noviembre se conmemoraron 14 años desde que el universitario Jorge Matute Johns abandonó su hogar de la Villa Spring Hill con dirección a la discoteque “La Cucaracha”, sin volver jamás a los brazos de su familia. Pese a que el cadáver de Coke fue encontrado años después en una vera del río Bío Bío camino a Santa Juana, muchos cabos sueltos se mantienen intactos. ¿Se hicieron bien las cosas en la investigación? ¿Quién asesinó y enterró verdaderamente a Matute? ¿Fueron amenazados los jueces, como reveló este año la madre del joven, María Teresa Johns? A continuación enumeramos cinco puntos no resueltos del caso que conmocionó a la opinión pública y hoy permanece archivado a la espera de nuevos antecedentes que permitan reabrir las esperanzas de una madre y un hermano, aún sedientos de justicia.

1. ¿Quién bailó con Matute?

La noche del 19 de noviembre de 1999, Matute llega a “La Cucaracha” junto a su amigo Gerardo Roa para compartir con las hermanas María José y María Paz Maldonado. El grupo sale al estacionamiento a beber alcohol y vuelve a ingresar al local nocturno, momento en el que Coke se separa.

Los periodistas Carlos Basso y Pablo Torres cuentan en su libro “Los enigmas del caso Matute Johns” que las versiones comienzan a tornarse confusas cuando María José, quien bailaba con Gerardo, abandona la pista de baile y se dirige al baño. En ese instante se le cruza un hombre que le dice algo así como “al tipo que anda con ustedes le van a sacar la cresta, porque está pintando el mono”.

Metros más allá se encuentra Coke, a un costado de la puerta de acceso. Maldonado camina hacia él y le pregunta qué sucede. Éste sonríe. Según los reporteros penquistas del diario Crónica, la muchacha regresa a la pista y vuelve a ver a Matute minutos después, con rostro serio, bailando “con una mujer que se encontraba a espaldas de ella, por lo que no la pudo identificar”.

Pese a que aún no hay certeza sobre quién bailó con Coke, algunos sugieren que lo hizo con Raquel del Carmen Sereño, pareja del propietario de “La Cucaracha”, Bruno Betanzo Menéndez. Según esta versión, los guardias quisieron retirar a Matute del lugar, generándose una pelea que habría terminado en la muerte del universitario al interior del subterráneo, cuya puerta de acceso quedaba ubicada en el sector de los baños.

“No soy celoso. Eso también es absurdo, independiente que… bueno, eh, qué te puedo decir, hay varias diferencias, tiene varios matices el tema”, se defendió Betanzo en una entrevista con la Revista Caras, conducida por la periodista Blanca Etcheverry en febrero de 2000.

2. ¿Investigadores implicados?

La posibilidad de que efectivos de Carabineros y la Policía de Investigaciones (PDI) estuvieran implicados en encubrir el crimen de Jorge Matute Johns recorrió por mucho tiempo las páginas de la prensa. Ambas policías tuvieron discrepancias en sus líneas investigativas y se pisaron los talones cada vez que se hacían diligencias para dar con el paradero del joven o periciar el sitio del suceso.

El proceso, de hecho, estableció en numerosas declaraciones – incluyendo la de Raquel Sereño – que algunos policías frecuentaban “La Cucaracha” y tenían free pass. En una de las entrevistas, un compañero de Coke y ex empleado de los locales nocturnos de Betanzo confesó que su jefe tenía muchos amigos oficiales de Carabineros. Esta relación explicaría cómo “La Cucaracha” pudo operar sin fiscalización alguna, careciendo de un sistema de alcantarillado, un permiso del Servicio de Salud y la respectiva patente municipal.

Cuando el caso logró concentrar la atención nacional, el entonces director de la PDI Nelson Mery Figueroa envío al comisario de la Brigada de Homicidios de Santiago, Héctor Arenas, a Concepción, brindándole todos los recursos y el apoyo del mando para investigar el caso sin la supervisión del Jefe de la Octava Zona Policial, prefecto Nils Villarroel.

Era una de las pocas veces que un comisario rendía cuentas directas al director y se saltaba todo tipo de conducto regular, impidiendo – según relatan ex detectives – que las otras brigadas de Concepción pudieran aportar en la ubicación de testigos claves.

Al transcurir más de un año desde la desaparición de Matute, el comisario Arenas presentó evidencia para procesar a siete jóvenes por el delito de “obstrucción a la justicia”, estimando en un informe que la golpiza de Coke ocurrió en las afueras de “La Cucaracha”. Arenas contradecía así las conclusiones del mayor de Carabineros Andrés Ovalle, quien implicaba a Betanzo y sus guardias en el homicidio. El 31 de abril de 2005, los siete procesados fueron absueltos sin prueba ni mérito.

Los resultados de la investigación de Arenas son concebidos hasta la actualidad por los procesados como un montaje para blindar a Betanzo.

3. ¿El gobierno manipuló evidencia?

En enero de 2002, el equipo de Carabineros comandado por el mayor Andrés Ovalle logró encontrar una prueba que demostraba, hasta ese minuto, su tesis de que la golpiza contra Matute había ocurrido en el subterráneo de “La Cucaracha”. La perito de la Prefectura de Carabineros de Concepción, Shirley Villouta, levantó con luminol tres muestras de plasma sanguíneo que presuntamente correspondían a Coke.

Pero algo ocurrió en el camino. Pese a que Ovalle y Villouta estaban preparados para viajar a Washington D.C. donde las muestras de ADN serían periciadas por el FBI, un oficio emitido por el general de Carabineros, Juan Cid Ortega, solicitó modificar el procedimiento de envío de la evidencia para que pasara por tres manos distintas.

En el documento secreto de fecha 18 de febrero de 2002, el general Cid señala que “el procedimiento más viable para remitir las referidas muestras, fue el sugerido por el Jefe de Gabinete del Sr. Ministro de Justicia, en el sentido de ser entregadas a esa Subsecretaría, y ésta a su vez a su similar del Ministerio de RR.EE., quien en definitiva por valija diplomática las hará llegar al Sr. Embajador de EE.UU., don ANDRÉS BIANCHI (…)”.

Cuando el informe del FBI llegó de vuelta a Chile, los medios informaron que “las muestras no sólo no corresponden a Matute, sino que ni siquiera existen en ellas la posibilidad de aislar su núcleo celular para obtener el ADN. (…) Se subentiende que no se trataría de sangre ni muestras orgánicas y bien podría ser pintura u otra sustancia química”.

Hasta hoy sigue siendo un misterio por qué el gobierno de Ricardo Lagos sugirió romper la cadena de custodia de lo que, hasta ese entonces, podía ser una evidencia concluyente de la participación del dueño de “La Cucaracha”, Bruno Betanzo, en los hechos.

Ovalle fue rápidamente marginado de la investigación por la desaparición de Matute, convencido de que las muestras eran sangre y no pintura. Una suerte similar corrió la bioquímica Shirley Villouta al ser despedida de Carabineros en 2003 por “desempeño deficiente”, pese a estar calificada en Lista 1, es decir, con una evaluación sobresaliente.

4. ¿De qué huye Betanzo?

Cerca de las 2 de la mañana del 20 de noviembre de 2000, exactamente un año después de la desaparición de “Coke”, una patrulla de la subcomisaría de San Pedro se percató de la presencia de una camioneta Nissan doble cabina estacionada enfrente de una gigantografía de Jorge Matute Johns, la cual estaba siendo destruida. El ocupante del vehículo era, ni más ni menos, que Bruno Betanzo Menéndez.

La noticia explotó al día siguiente y la familia Matute Johns presentó una querella contra Betanzo. El parte 541 de la subcomisaría de San Pedro, remitido al Primer Juzgado de Policía Local de Concepción, daba cuenta de que el empresario de locales nocturnos había hecho abandono del lugar al observar la presencia del carro policial, encontrándose luego sus documentos botados.

“Registrado el sitio del suceso, botada en la calzada se encontró una licencia de conducir n. 9.228.994-K (de Bruno Betanzo), revisión técnica, seguro obligatorio, certificado de inscripción en el registro de vehículos motorizados y permiso de circulación de la camioneta PPU-9160, todos a nombre de Raquel Sereño Rojas”, decía el parte.

“¿Podría Betanzo ser tan torpe como para romper la gigantografía, escapar de Carabineros y justo dejar botados sus documentos?”, preguntan en su libro los periodistas Carlos Basso y Pablo Torres. Como admitió más tarde el prefecto de Concepción, Erasmo Gutiérrez, el parte había sido realmente modificado para salvaguardar la responsabilidad de los policías en el escape de Betanzo, quien había huido del lugar luego de entregar directamente sus documentos a Carabineros.

Bruno Betanzo, familiar del ex subsecretario de la PDI involucrado en el caso de “retiros falsos”, Ricardo Navarrete Betanzo, protagonizó otro sospechoso incidente en febrero de 2004 cuando apareció el cuerpo de Jorge Matute Johns a orillas del Bío-Bío.

El ahora arquitecto radicado en Antofagasta tuvo un altercado con gendarmes y carabineros en la comuna de Antuco, cerca del paso Pichachén que limita con Argentina. El hecho fue interpretado por el vocero de los procesados del caso Matute, Cristian Araos Díaz, “como un frustrado intento de abandonar ilegalmente el país”, lo que le costó una querella por injurias de Betanzo.

Betanzo se defendió del hecho explicando que paseaba por el lugar y tuvo que pedir ayuda en la avanzada trasandina de Moncol porque las ruedas de la bicicleta de su hijo se habían reventado.

5. ¿Vínculos con el narcotráfico?

La línea investigativa del mayor Andrés Ovalle también se cruzó con la causa rol número 21.600, más conocida como el caso del “Cartel de Coronel”. Todo comenzó cuando la amante de un traficante apodado “Mañungo”, Susana Ramírez Valenzuela, declaró que su pareja había reconocido ser el responsable de la desaparición de Jorge Matute Johns.

En el año 2000, junto con delatar una transacción de drogas que realizaría “Mañungo” en la Ruta del Itata, dicha información le valió a Susana ganar la inmunidad de testigo protegida que goza hasta la actualidad. Es en este contexto que brinda detalles sobre la presunta vinculación de políticos, jefes policiales y altas autoridades de gobierno en el tráfico de estupefacientes, información que ha sido catalogada por algunos como muy valiosa, y por otros como una cortina de humo o un “montaje de inteligencia” para desviar el caso Matute.

El jefe de la Dipolcar de Concepción menciona declaración que incrimina a Insulza.

El 11 de agosto de 2000 en un tribunal de Talcahuano, el ex jefe de la Dirección de Inteligencia de Carabineros (Dipolcar) del Bío-Bío, Jorge Caamaño Muñoz, negó las imputaciones de Susana que lo sindicaban como narcotraficante. Para respaldar sus dichos, Caamaño acompañó un video correspondiente a la primera declaración que prestó la mujer ante los oficiales del OS-7 Jaime Guzmán y Rodrigo Uribe, el cual demostraría – según sostuvo – sus comportamientos “esquizofrénicos”.

“Durante dos horas es interrogada y no aporta ningún antecedente que me vincule en los hechos que investiga el tribunal (asociación ilícita para traficar). En este acto, la tal Susana nombra como compradores que tiene el Mañungo al director de la Policía de Investigaciones, Nelson Mery, al diputado Haroldo Fosa, al intendente Zilic y al ministro del Interior, José Miguel Insulza, agregando que ella presenció cuando estas personas adquirían la droga, entre otros lugares, en el hotel Hyatt de Santiago”, declara Caamaño. Ni Guzmán ni Uribe, testigos de la declaración de Susana, están hoy en Carabineros.

En 2011, el secretario general de la OEA, José Miguel Inzulza, ganó una querella de injurias contra el ex vocero de los inculpados por el comisario Arenas, Cristian Araos, quien mencionó la existencia de este antecedente en el proceso por la desaparición de Jorge Matute Johns. Araos, sin embargo, no fue condenado por calumnias, ya que la declaración anteriormente mencionada sí estaba en la carpeta. “Yo de Insulza sólo digo que él figura en una lista de narcotráfico, que es muy distinto a que diga que participe”, se defendió el joven.

La declaración de Ramírez, cierta o falsa, no sería lo único que liga a Matute con esta causa: también está la muerte no esclarecida del cabo segundo Marcos Martínez asignado a la Comisión Civil de Coronel, quien habría realizado una investigación paralela hasta ubicar el cuerpo de Matute Johns en el mismo sector donde fue encontrado, camino a Santa Juana.

Fuente: Verdad Ahora

 

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