Lo que Europa Podría Aprender de la Independencia de América Latina

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Con pocas excepciones, la mayor parte de Europa no ha tenido una política exterior independiente en los últimos 70 años, y el Reino Unido se destaca como un excelente ejemplo de esto. Recuerdo que al discutir la política exterior británica con un miembro del Parlamento del Reino Unido hace unos años él me dijo: «¿Quieres saber lo que va a hacer el Ministerio de Asuntos Exteriores? Sólo pregúntaselo al Departamento de Estado (EE.UU.)».

El gobierno británico ha demostrado su primera lealtad de nuevo, al detener al socio brasileño de Glenn Greenwald, David Miranda, en virtud de la Ley de Terrorismo del Reino Unido del 2000, a su paso por el aeropuerto londinense de Heathrow el domingo 11 de agosto. Fue interrogado por 9 horas y se le incautaron su ordenador portátil, teléfono celular y otros almacenes de información digital. Es evidente que en el caso de Miranda no se sospechaba de ninguna conexión con el terrorismo. Detener y robar a Miranda con este pretexto no es más legal que los que las alegaciones inventadas que han hecho de que transportaba cocaína. La Casa Blanca ha admitido que Washington tenía conocimiento previo de los hechos, por lo que se puede inferir su aprobación, si no su activa colaboración.

Es un suceso interesante también, debido a que el gobierno británico había guardado previamente un perfil público relativamente bajo en el caso Snowden, a pesar de éste había filtrado archivos de su propia inteligencia y no sólo la NSA. Hasta el domingo, parecía que las autoridades británicas habían aprendido por lo menos un poco acerca de relaciones públicas después de su vergüenza internacional el año pasado, cuando amenazaron con invadir la embajada de Ecuador con el fin de capturar a Julian Assange.

A pesar de que todavía mantienen Assange atrapado en la embajada de Ecuador de manera ilegal, presumiblemente a petición de ustedes saben quién. Y el editor de The Guardian, Alan Rusbridger, revela ahora que el gobierno del Reino Unido al más alto nivel, ha amenazando y acosando muy seriamente a su periódico en un intento de silenciarlo.

En el otro extremo del espectro de la soberanía nacional, están las naciones independientes de América Latina, tres de los cuales han ofrecido oficialmente asilo  a Snowden y a otras personas, que nunca entregarían a Estados Unidos si fueran a llegar a su territorio (o a sus embajadas). Estos gobiernos han desempeñado un papel significativo en la historia de Snowden y el escándalo de espionaje de la NSA, ya que han logrado una «segunda independencia» en los últimos 15 años que les permite mantener una política exterior autónoma. El ejercicio de esta nueva independencia es en gran parte ignorado o, más a menudo, denigrado en los principales medios de comunicación, calificándolo  como demagogia populista. Pero es fácil ver que el «problema» es mucho más profundo que eso.

El Canciller brasileño Antonio Patriota exigió respuestas del Reino Unido al canciller William Hague por la detención de David Miranda. La semana pasada, en una conferencia de prensa con el Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry en Brasil, Patriota habló de una «sombra de desconfianza», causada por Snowden y las revelaciones de Greenwald de que los ciudadanos brasileños eran un objetivo importante de la vigilancia de la NSA.

Él pidió la administración Obama «detener las prácticas que violan la soberanía.» Patriota fue anteriormente embajador de Brasil en Washington y nadie le puede acusar de guardar rencor contra los Estados Unidos.

La presidenta Dilma Rousseff de Brasil también ha expresado su «indignación» por lo que Bolivia ha descrito como el «secuestro» del presidente Evo Morales por los gobiernos europeos que no permitieron el sobrevuelo de su avión el mes pasado, sobre la base de falsas acusaciones de que estaba transportando a Edward Snowden. «Creemos que esto constituye no sólo la humillación de un pueblo hermano, sino de toda la América del Sur», dijo la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) también emitió una denuncia muy fuerte al respecto.

Brasil es el principal objetivo de la ofensiva más reciente de Washington, con la presidenta Dilma Rouseff programando una visita oficial de Estado en octubre,  la primera de un presidente brasileño en casi dos décadas. Los EE.UU. no tienen ni siquiera las relaciones de embajadores con Bolivia o Venezuela.

Pero el intento de EE.UU. para mejorar las relaciones con Brasil no va nada mejor que sus «esfuerzos diplomáticos» con los otros gobiernos de izquierda de la región. Esto no se debe a que estos gobiernos no quieran mejores relaciones -todos ellos, incluyendo Venezuela- tienen relaciones comerciales importantes con los EE.UU. y les gustaría ampliar estas.

El problema es que Washington aún no ha aceptado la segunda independencia de América Latina, y espera que sus vecinos del sur se comporten de la misma manera vergonzosamente obediente que Europa. Y los funcionarios estadounidenses todavía no entienden que hoy toda Latinoamérica se trata de un equipo, no pueden ser hostiles o agresivos hacia un país y esperar que los demás vengan a darles un gran abrazo. Así que no podemos esperar mejores relaciones entre Washington y sus vecinos del Sur en el corto plazo

En el lado positivo, América Latina ha ido bastante bien en la última década, ya que su gente se convirtió en lo suficientemente libre como para elegir a los gobiernos de izquierda, que posteriormente han llevado adelante la lucha por la independencia y transformado las relaciones regionales. La pobreza regional se redujo desde 41,5% hasta 29,6% en 2003-2009 después de mostrar una mejora significativa durante más de 20 años.

Los ingresos por persona han crecido en más de un 2% anual en la última década, en comparación con sólo el 0,3% en los 20 años anteriores, cuando la influencia de Washington sobre la política económica en América Latina era enorme. Los detractores de los gobiernos de izquierda atribuyen estas mejoras a un «boom de los commodities», pero esto es sólo una fracción de la historia. La región nunca hubiera visto esas mejoras en el empleo y en reducir la pobreza mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) siguiera tomando las decisiones económicas.

En cuanto a los líderes de Europa, no tienen nada más que perder que su dignidad nacional, la que no parecen valorar muy positivamente. Sin embargo, el mundo ser[ia un lugar mejor y más seguro si  Europa, al igual que la mayor parte de América Latina, declarara su independencia de Washington.

Fuente: Barómetro Internacional

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