Lo que Está en Juego

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Sin duda, las secciones “del lector” en la prensa escrita son una buena muestra de lo que está pensando “la gente”. “Confesionario”, “resumidero” a veces, derecho a opinar libremente o lo que se quiera, tales páginas exhiben a plena luz el pulso de la sociedad. Pero es evidente, y comprensible, que las tales secciones de la prensa no se “manden solas”.

Y es por eso que resulta sintomático el tono de algunas de esas tomas de posición “a rostro descubierto”, que es lo mismo que decir “impunemente”.

Así, leemos en carta publicada el domingo 6 de octubre por El Mercurio una frase final cuyo contexto fácilmente imaginarán nuestros agudos lectores:

“Mientras en nuestro país no se enseñe en forma clara y objetiva lo que sucedió en Chile antes de septiembre de 1973, el riesgo de repetir la historia estará presente”.

Y pensando en los Hornos de Lonquén, en los corvos acerados, la Caravana de la Muerte y otros episodios, uno tiene derecho a preguntarse “esa nueva derecha de la que se habla, ¿para cuándo?”

Jovino Novoa llama al silencio al presidente, “su presidente”, de la república, para que la candidata Matthei no se vea “obligada a avalar” sus declaraciones. Y recomienda “evitar poner temas que conflictúen al sector (la derecha)…”.

Pero, sinceridad obliga, el mismo Novoa nos sorprende al decir: “porque la Evelyn podrá tener muchos defectos…”. Como se dice en lenguaje judicial, “a confesión de parte…”.

Califica el gurú de la extrema derecha como su “adversario real” a quienes “dicen que hay que terminar con este modelo”. Y en el mismo tono amenazante de la carta que citábamos, la advertencia: “si ese adversario real se impone lo que yo veo es un futuro malo con el país”.

La que así habla es esa vieja derecha a la que Renán Fuentealba retratara insuperablemente hace algunos años: reaccionaria y fascista.

Esa derecha está hoy en bancarrota, y lo sabe. La desesperación es mala consejera, y hay que preguntarse si es razonable pensar como algo posible en la extinción de una fuerza ideológica y política que tanto ha pesado en nuestra historia. Por de pronto, sigue y seguirá conservando sus estrechas relaciones con las cúspides empresariales, por la simple razón de que ella es su expresión política.

¿No es mejor, y preferible, un perro que ladra a uno que muerde?

La derecha está enferma, enferma de sí misma. Pero como todo organismo vivo, tiene reservas vitales y alguna vez saldrá de su marasmo. La democracia no sólo reserva espacios para la diversidad: debe, imperativamente, garantizar que toda opción encuentre en sus instituciones una forma de participación. La impudicia, la demagogia, los irresponsables llamados a la violencia contra una amenazante mayoría popular, deben ser aisladas.

De allí la importancia de sumar voluntades para ampliar el de por sí ancho espacio de las columnas que marchan y opinan, se organizan y transforman nuestra realidad política.

Y en gran medida es eso lo que estará en juego en las próximas semanas. Porque mientras más amplia e inclusiva sea la barrera que se oponga a esa vieja derecha, mayor será la posibilidad de su aislamiento social y político.

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