Las Vueltas de la Historia

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Las primarias del domingo, las primeras de carácter legal, tuvieron una participación ciudadana muy por arriba de la media histórica de EEUU o de países de Europa, y en nuestro continente sólo superada por los casos de Argentina y Uruguay. Con la diferencia de que en estos dos ejemplos se trata de comicios legalmente obligatorios lo que hace la sustancial diferencia.

Una conclusión obvia es el claro testimonio de interés en la cosa pública de al menos 3 millones de chilenas y chilenos que echaron por tierra los vaticinios que auguraban el triunfo de la indiferencia respecto de la política en general que por otra parte, admitámoslo, no está precisamente prestigiada.

Pero así y todo la gente concurrió el domingo. El asunto ahora es cómo ganarse a los 10 millones de ciudadanas y ciudadanos que no sufragaron. Es un mundo variado, hay de todo.

Entre tantos otros, creo que hay que poner mucha atención en aquellos sectores que, aunque no son mayoritarios, sí importan por la influencia negativa que puedan ejercer entre los jóvenes. Me refiero a los que siendo víctimas del sistema imperante, hasta hoy no han sabido canalizar adecuadamente su ira y voluntaria o involuntariamente terminan fortaleciendo al mismo sistema capitalista que les oprime, confundiendo categorías y conceptos fundamentales de política, estado, gobierno, poder, sociedad, cambios.

No todos son víctimas inocentes claro está. Es un dato conocido que sectores ultras, anarcos, cercanos al límite del lumpen y la delincuencia, terminan siendo manipulados por los servicios de inteligencia de los aparatos represivos.

Es historia archiconocida desde tiempos remotos y, en la situación concreta de nuestro país, estos sectores resultan muy atractivos a los herederos de la dictadura instrumentándolos para generar determinados estados de ánimo en la población. Buen ejemplo para ilustrar lo que digo es la más que sospechosa toma de la Universidad Arcis por este tipo de elementos.

Otra conclusióndel ejercicio electoral del domingo es que el resultado de las primarias deja planteado un enfrentamiento político electoral entre el conjunto de fuerzas democráticas y progresistas denominado “Nueva Mayoría” y la Alianza de los dos partidos políticos herederos de la dictadura derechista.

De allí pues que la particularidad de la contienda de noviembre rememora inevitablemente otros momentos de la historia chilena, por supuesto con las enormes diferencias del entorno nacional e internacional de cada época. Son las vueltas de la historia que no se repite nunca del mismo modo, pero retorna.

Con diferencias obvias, puede decirse que más menos se enfrentan los mismos sectores que ayer dieron base a la Unidad Popular contra la vieja derecha oligárquica, golpista y fascistoide. 

La diferencia la hace el centro político, en concreto la DC, que hoy forma parte de la Nueva Mayoría que disputa con aquellos sectores que en los 70, con honrosas excepciones, la arrastraron al alzamiento contra el gobierno constitucional.

Lo cual deja planteado nuevamente el viejo desafío de la unidad de acción de marxistas y cristianos que constituyendo una formulación teóricamente posible y políticamente necesaria, hasta hoy no ha sido resuelto positivamente.

En ello, hay que decirlo, han influído presiones y factores externos. Creemos que hoy las condiciones están dadas para abordarlo adecuadamente.

Más cuando se trata de disputar  el ejercicio del gobierno con quienes fueron parte de la tiranía más criminal y corrupta de la historia de América Latina. Como siempre, los centros de poder del EEUU, las transnacionales, el gran empresariado nacional, la prensa a su servicio y los aparatos de inteligencia legales e ilegales que aunsubsisten , se empeñarán en una fuerte y renovada campaña anticomunista.

Pero otro tiempo corre en Chile y en el mundo. Los vientos de cambios de fondo soplan con fuerza y la unidad democrática y pluralista contra el pinochetismo, contra los fascistas abiertos o encubiertos, contra estos falsos demócratas que tienen nombre y apellidos, terminará por imponerse totalmente.

Es demasiado grande el peligro de no hacerlo. Por mi parte siento que ése es el mensaje central de los cientos de miles de votantes del pasado domingo.

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