La Urgencia de Poner Fin a la Pesca de Arrastre

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Está claro que si la pesca de arrastre subsiste hasta el día de hoy es porque, sin duda alguna, favorece indiscutiblemente a los grandes depredadores del mar que, obviamente, no son los pescadores artesanales, sino las grandes transnacionales, cuyo único objetivo e interés es el lucro como fin último y no la preservación de las especies marinas ni la pesca sustentable.

En 1376, los pescadores del estuario del Támesis pidieron al Rey Eduardo III de Inglaterra que prohibiera las primitivas redes de arrastre que, según reconocían, eran las causantes de grandes daños en los dominios colectivos y de la destrucción de las pesquerías. Los años avanzaron y el rechazo a la pesca de arrastre continuó siendo una lucha que traspasó épocas, generaciones y las fronteras del viejo continente.

¿Qué es la pesca de arrastre?

La pesca de arrastre es una de las modalidades de pesca más destructiva del fondo marino. Su lastre no sólo aniquila los ecosistemas que se desarrollan sobre la superficie marina y en la columna de agua, sino que también destruye el sustrato marino de forma irreparable, dejando una larga y ancha línea de destrucción bajo el mar. Esto,  debido a su metodología que consiste en lanzar un gran saco al mar, tirado por un barco de motores de gran potencia, arrastrando el gran saco apresando todo a su paso.

Daños irreparables

El modelo de extracción, mal llamado arte de pesca, está lejano de poseer un criterio que permita contar con un sistema selectivo, es decir, que defina la captura de las especies por su tamaño, condición, vedas, extinción o fragilidad. Bajo este criterio, la extracción no discrimina entre especies que estén en extinción, que sean vitales para el fondo marino, que sostengan al mismo o que estén en pleno proceso de reproducción. Para tener más claridad respecto de la importancia de los efectos negativos que produce la pesca de arrastre sobre el fondo marino hay que citar los conceptos básicos de la ecología marina y la diversidad de estudios científicos que afirman que todas las especies marinas se sostienen y dependiendo unas de otras, indistintamente de su tamaño, cantidad o condición. A su vez, todas las especies del mar viven períodos o ciclos y todas ellas deben llegar a estados de madurez sexual, reproducirse y hacer la función propia para la que está diseñada dentro del ecosistema marino y en el sistema integrador que lo compone. Pero con la captura producida por la red de arrastre resulta la ecología marina no tiene respiro.

El arrastre en nuestras costas

En el litoral chileno, la pesca de arrastre recorre cada rincón de nuestra costa en naves de gran potencia, que dejan caer sus grandes sacos al fondo marino. Fundamentalmente, emplean una red en forma de saco, arrastrada por el barco, que barre el fondo del mar capturando todo lo que encuentra a su paso. Se trata de un arte activo, en el sentido de que no espera ni confía en los movimientos del pez ni de otras especies para su captura.

La pesca de arrastre se compone de una serie de aparatos. Entre ellos destacan los rodillos, que son arrastrados por el fondo marino y tirados por el barco. Estos rodillos avanzan por el fondo y permiten al saco expandirse y capturar todos los seres vivientes que hay a su paso. Los daños que producen los rodillos en el fondo marino tienen un efecto tan destructor e irreparable sobre el habitat marino, que después del arrastre sobre el fondo marino, stocks de peces, como otras especies que dependen del fondo marino para su desove, cría, protección, alimentación y abrigo, declinan drásticamente y tienden a desaparecer.

Para tener una idea de la abrasión que se produce sobre el fondo, las embarcaciones deben cambiar las cadenas de las relingas de plomos cada 6 semanas. Estos instrumentos son los que tienen contacto directo con el fondo marino. Además, hay que destacar el problema de la re-suspensión de sedimento, que puede durar horas en zonas litorales acostumbradas al oleaje y a las mareas y décadas en aguas profundas muy poco acostumbradas a las alteraciones por ser fondos muy estables. En estas zonas, la velocidad de arrastre, el peso de aparejo, el diseño del propio aparejo, el tipo de fondo y la fuerza de las corrientes influyen considerablemente en la destrucción.

La alteración de los fondos donde se realiza pesca de arrastre va acompañada de la disminución de la diversidad y de la riqueza de las especies, donde también se refleja una disminución de la densidad de las mismas. Esta pérdida, en la mayoría de las veces, es proporcional al daño, principalmente porque el efecto de los arrastres afecta por igual a todos los organismos vivientes.

Se ha comprobado que tras 10 arrastres experimentales sobre una pradera de algas, vitales para el desarrollo y refugio de otras especies, la cobertura de las mismas se ha reduce en un 10% en aquellas zonas más degradadas, mientras que en las más densas, la reducción de la cobertura ha supuesto alrededor del 3,5% del total.

La pesca de descarte

Otros de los efectos negativos de la pesca de arrastre es la pesca accidental o pesca de descarte, que es la eliminación en alta mar de especies que no eran el objetivo, o especies que sí lo eran pero resultaron ser de otro tamaño, sexo o calidad de la deseada durante las operaciones de pesca.

No hay que olvidar las muertes causadas por la pesca que pasaron inadvertidas, como por ejemplo cuando un delfín u otras especies se enredan y mueren con redes de pesca que han sido perdidas o desechadas en el océano. A este caso podemos sumarle el de invertebrados marinos, tales como corales, esponjas y anémonas, que son afectados durante la pesca de arrastre de fondo.

Está claro que si la pesca de arrastre subsiste hasta el día de hoy es porque, sin duda alguna, favorece indiscutiblemente a los grandes depredadores del mar que, obviamente, no son los pescadores artesanales, sino las grandes transnacionales, cuyo único objetivo e interés es el lucro como fin último y no la preservación de las especies marinas ni la pesca sustentable. En este sentido, la presidenta electa Michelle Bachelet debería ingresar con urgencia un proyecto de ley de pesca que indique con claridad que los recursos naturales del mar son de propiedad de todos los chilenos y no de un monopolio. Las condiciones están, son mayoría parlamentaria, no hay excusas.

(*)  Acuicultor, con especialización en medio ambiente en la Universidad Central y Austral de Chile. Fue Consultor del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas y Asesor Pesquero del Ministerio de Economía. Jefe de Proyectos de la Asociación Gremial de Organizaciones de Pescadores Artesanales de la Región de Aysén y Regiones Adyacentes.

Fuente: El Quinto Poder

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