La Revolución Bolivariana y su Importancia Estratégica

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En Venezuela con el comienzo de la Revolución Bolivariana hace más de una década, quizás como en ningún otro país en la parte sur de América, se concatenan variables internacionales con una intensidad poco común. Desde el capital financiero transnacional, hasta las cuestiones de seguridad continental, pasando por una esquiva y compleja integración regional, han atravesado este proceso de liberación nacional que se ha visto permanentemente amenazado por la intervención de Estados Unidos y sus aliados transatlánticos. Aparte de Cuba, el Hemisferio Occidental en su parte sur, es dominio transatlántico como una presa de la guerra fría.


Venezuela, con su proyecto bolivariano debió luchar contra esta poderosa realidad. El referéndum del 15 agosto de 2004 que revocaba o ratificaba a Hugo Chávez en la presidencia fue una anticipación de las futuras batallas internas en los países de la región para desprenderse de la hegemonía estadounidense o para acentuarla. Esas batallas se han sucedido una tras otra en varios países, en cada cual con su fisonomía propia y se podría decir que es en el suelo llanero donde se están llevando a cabo las más cruciales para abordar otros modos de desarrollo.

El tema que subyace en el debate sobre la actual crisis en Venezuela es el fenómeno de la Revolución Bolivariana y su impacto estratégico en la región. Venezuela se proyecta por la resonancia de que el independentismo es una alternativa válida, no solo por una cuestión de nacionalismo, sino también por una razón de desarrollo alternativo. La idea de esta crisis artificial es que el ALBA no prospere a toda costa, que el experimento bolivariano venezolano se desplome y que la integración Latinoamericana y del Caribe corra por los carriles de la letanía sumisa y dependiente en el capital de los países desarrollados.

Una vez más se ve la lucha de los dos polos. Así como Colombia es la conservación del hegemonismo de Estados Unidos, Venezuela con el proyecto bolivariano plantea la necesidad de liberarse de la presión de ese polo. La crisis en Venezuela hay que observarla más allá del tóxico ideológico. La cualidad intrínseca del experimento bolivariano no se puede desdeñar con un anti-socialismo rutinario de manual de guerra fría.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señaló en su informe del 5 de diciembre de 2013 que Venezuela exhibía la mayor reducción de la pobreza con una disminución 5,6% en pobreza extrema (29,5% a 23,9%), mientras que la indigencia disminuyó en 2% (11,7% a 9,7%). El caso venezolano requiere de atención porque la pobreza disminuyó en más del 50%” con el proyecto Bolivariano. Según la cifra de CEPAL, la pobreza en general decreció desde el 60% al 28% y en la pobreza extrema la reducción es aún más notable, de 25% a un 7%”.

Para comprender esta crisis, se hace necesario recordar que Venezuela representa la historia misma del intervencionismo de Estados Unidos. Desde la batalla contra España (1898), para obtener la posesión de Cuba, Washington ha querido echar mano de Venezuela.

Hubo arrestos de mantener una férrea soberanía a través del general Cipriano Castro (1902), hecho presidente al encabezar la llamada revolución restauradora. El que lo sustituye, Juan Vicente Gómez, comandante general del Ejército, en el poder durante 25 años (1908-1933), coloca a Venezuela en una posición de alta dependencia política de EEUU.

A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, afianza su influencia sobre los gobiernos venezolanos a través de un complejo armado financiero, político, tecnológico y cultural montado sobre la riqueza del petróleo. Crece en todo sentido, se hace más cosmopolita y se convierte en un país “rico” de alta complejidad. El “modelo” generó también entre 1960 y 2000 extrema desigualdad

Es de un facilismo analítico imprudente o de una naturaleza política muy destructiva, sostener que la polarización proviene del proyecto Bolivariano. La frigidez política de la social democracia y el conservadurismo de derecha, han sido grandes responsables en haber generado las desigualdades brutales que heredó el proyecto bolivariano. Las fuerzas políticas tradicionales que administraron Venezuela por más de un siglo no pudieron solucionar problemas sociales fabricados vía corrupción e incapacidad de generar justicia.

Los trabajos del Strategic Studies Institute, (SSI), un órgano del Pentágono, indican que Venezuela ocupa un lugar central en el control estratégico de América del Sur y la parte sur del Caribe. El petróleo, su ubicación geográfica privilegiada, una masa de recursos humanos y físicos privilegiada, pero especialmente su posición equidistante de las potencias transatlánticas, han hecho de la República Bolivariana de Venezuela fundada por Hugo Chávez, un problema estratégico principal para la política exterior de Estados Unidos.

Los procesos políticos en América Latina han estado distorsionados por la intervención extranjera. En Colombia se establecieron bases militares estadounidenses como contrapartida al experimento autonómico bolivariano de Venezuela. La relación directa de esta crisis con Colombia no es menor más allá del cruce de declaraciones entre Alvaro Uribe y el presidente Nicolás Maduro. Colombia se ha acoplado a la potencia mayor (Estados Unidos) formando parte de su control hegemónico.

Estados Unidos tiene la experiencia en Asia del intervencionismo transformado en un Boomerang en el largo plazo y la racionalidad indica que en el caso venezolano la Casa Blanca debería prescindir del tradicional enfoque de la década de 1980 durante las administraciones de Ronald Reagan con intervenciones contrarias a la Carta de Naciones Unidas.

Estados Unidos no es diferente a cualquier otro país en cuanto a la interdependencia entre la realidad doméstica y la conducta exterior. Es en el plano internacional donde Barack Obama tendría más posibilidades de cierto éxito en su gestión y donde puede persuadir o forzar el curso de los acontecimientos.

Asimismo, para revertir la tendencia de escasos logros políticos domésticos, frenar la izquierdización de los gobiernos en la región (un mote exagerado en todo caso que proviene de la reacción), sería un gran logro para su administración y el desmembramiento del proyecto Bolivariano sería crucial para evaluar la totalidad de su gestión.

Las aspiraciones de muchos líderes del cuño político similar al de Barack Obama de cambiar el sello de administrar demandas sociales desde el absolutismo del mercado, para generar un sistema que obtenga más igualdad, ha quedado a la deriva.

Además de las enormes dificultades de trasladar objetivos sociales a políticas públicas de estado, se filtra cierta ingenuidad de creer que el gran capital corporativo cede su espacio sin violencia ante la demanda social. En este sentido cuando el presidente Nicolás Maduro define de fascistización al proceso construido contra la Revolución Bolivariana, responde a un análisis realista para ser considerado como un diagnóstico más allá de las banderas partidarias de uno u otro sector, y más allá de Venezuela.

El proyecto bolivariano que fundó Hugo Chávez ha hecho el recorrido exitoso de romper el círculo vicioso de las políticas públicas dominadas por el mercado y el gran capital. Se demostró con todos los contratiempos a cuestas que se podía y esta crisis forma parte de un proceso que es largo.

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