La Lucha Unida de Estela Ortiz y Manuel Guerrero

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Estela vio nacer a Manuel.Esta es la primera vez que dan una entrevista juntos.  El 29 de marzo de 1985 Jose Manuel Parada y Manuel Guerrero fueron secuestrados desde la entrada del colegio Latinoamericano de Integración; dos días después aparecieron degollados en la carretera camino al aeropuerto de Pudahuel, junto al cuerpo de Santiago Nattino. Este caso remeció a la sociedad en los días en que se comenzaban a ver las primeras manifestaciones en contra de la Dictadura Militar. Meses después se supo que el crimen se había planeado desde el alto mando de Carabineros.

Diez años después, ya en democracia, llegó el fallo de la justicia que sentenció por secuestro, homicidios y asociación ilícita terrorista a todos los miembros de la DICOMCAR. Hoy, 28 años después, la viuda de Parada y el hijo de Guerrero nos cuentan sobre la batalla que comenzó el día que secuestraron a sus familiares y de cómo esta batalla sigue hasta el día de hoy.

¿Cuál era la relación que tenían ustedes previo a marzo de 1985?

Estela: A Manuel (hijo) lo conocí cuando nació, después lo vi en distintos periodos durante la  dictadura. Con Verónica  y Manuel (Los padres de Manuel) éramos amigos. Cuando ellos partieron al exilio fue super fuerte. Vivían a una cuadra, entonces partí corriendo. La Vero no tenía nada, estaba con lo puesto. Fui a mi casa y saqué la ropa de mis hijos para que pudieran viajar. La hermana de Manuel, América, tenía un mes, fue muy impactante. José Manuel me avisó que estaban allí. Fue una situación bastante angustiante, se tenían que encontrar con Manuel (Padre) en el aeropuerto.

Manuel: Cuando rescatamos a mi padre, lo reconocieron como preso político. La Vicaría de la Solidaridad lo tuvo un tiempo en un convento. Era una forma de protegerlo. Nos volvimos a encontrar recién en la loza del aeropuerto. Yo tenía 6 años. Recuerdo que Estela estaba buscando a su papá. Y mi madre estaba buscando a mi papá, entonces muchas veces hubo interacción entre amigas y compañeras. Teníamos una relación muy cercana.

Estela: Era una relación en un marco en que estábamos en una dictadura y que no podíamos vernos normalmente. Cuando Manuel y la Vero regresaron del exilio nos volvimos a encontrar.

¿En qué estaba cada uno de ustedes el día del secuestro?

Manuel: En 1985 Yo había cumplido recién los 14 años. Habíamos vuelto del exilio en 1982. Durante ese periodo fue mi reinserción a Chile. Estudiaba guitarra clásica en el conservatorio y era alumno en el colegio Latinoamericano de Integración, además había ingresado a las juventudes comunistas.

Estela: Era Directora de un jardín infantil y seguía militando en el Partido Comunista. Tenía a todos mis hijos en el colegio Latinoamericano de Integración. Manuel (Padre) hacía clases en ese colegio, por lo tanto era una relación diaria, cotidiana. Íbamos a dejar a nuestros hijos y nos encontrábamos con Manuel. El colegio era un lugar de encuentro, ahí aprovechamos de  conversar y encontrarnos.

¿El día del secuestro ustedes estaban en el colegio?

Estela: Jose Manuel, Javiera y yo Íbamos en el auto. Tocó luz roja en Eliodoro Yañez con Los Leones y aproveche de bajarme una cuadra antes a ver a mi madre mientras que José Manuel pasaba a dejar a Javiera al Latino. Quedamos de juntarnos cinco minutos después en esa misma cuadra. Esa fue la última vez que lo vi. Jose Manuel no llegaba a buscarme,  escuché helicópteros y vi nuestro auto cruzado en la calle en el frontis del Latino. De inmediato supe que algo había pasado y partí con mi hermana y mis cuñados, corriendo al colegio. Entonces vimos al Tío Leo, (profesor del colegio) tirado en la calle. Le había llegado un disparo. Ahí lo supe de inmediato, algo le había ocurrido a Jose Manuel. Luego entré al colegio y me contaron todo, del secuestro, de la balacera, de los helicópteros. Fuí a buscar a Javiera a la sala y lo primero que hizo fue preguntarme por su padre. Ese momento fue brutal. Luego partimos con Javiera y mi hermana a la Vicaría de la Solidaridad.

Manuel: Yo estaba en el Latino. Llegue un poco antes que José Manuel y Javiera. Me bajé como todos los días de la micro en Los Leones con Bilbao. Caminé, llegué al colegio y estaba mi papá recibiendo a los niños en la entrada. Recuerdo que tenía siempre una radio a pilas que le colgaba del cuello. Hablamos un rato y me contó del secuestro de unos profesores el día anterior. Tuvimos un pequeño intercambio, fue una especie de despedida, porque le mandó un saludo a mi abuela materna. Él le tenía mucho afecto a mi abuela que viene de Chillán. Una mujer muy humilde, que en la época de la clandestinidad, lo escondió. Entonces, fue curioso, porque le mandó saludos a alguien con quien ya no tenía contacto porque mis padres estaban separados hace un tiempo.  Luego  entré a clases y pocos minutos después escuchamos lo helicópteros, silencio, y después los balazos, vinieron gritos, más balazos, Y ahí pensé;  “Chucha, mi papá.” A los pocos segundos entró Carmen Leiva, que era la presidenta del centro de alumnos, llorando. Me paré y le pregunté por mi papá . Salí de la sala corriendo hacia Los Leones, y vi al tío Leo tirado en el suelo. Volví a entrar al colegio, me fui al baño, me lavé la cara, me tomé una pastilla porque tenía arritmia, y ahí pensé, qué hago, qué hago. Entonces me metí en la oficina de mi papá, que era la del inspector, y llamé a  Sergio Campos de radio Cooperativa e hice la denuncia; empecé a llamar por teléfono y no paré. Luego llegaron unos compañeros más grandes y me dijeron que lo mejor era que me fuera del colegio. Entonces me fui a la casa de un amigo y pasé el resto del día allá. Estaba en el circuito del Latino, entre la casa de mis amigos y mi colegio. Fue todo un día, fueron 24 horas de búsqueda. Y yo en eso no estuve en la casa, estuve siempre en la casa de amigos.

I¿Cómo fue el proceso que vino después de que encontraran los cuerpos?

Manuel: Yo perdí el piso familiar. Me volví muy autónomo, o al menos lo que yo creía. Y en ese sentido, para mi mamá era bastante angustiante, porque perdió el control respecto de  mí. Empecé a funcionar prácticamente solo. Con la “Jota” (JJCC) y  con los amigos de la enseñanza media. Y el lugar que me contenía de alguna manera, era mi colegio. El Latino era el lugar donde llegaba siempre. Pero el resto del tiempo, estaba metido en un millón de otras cosas. Empezó como un híper activismo muy, muy fuerte, hasta que me sacaron del país el 7 de julio de 1986 después de lo de Carmen Gloria y Rodrigo Rojas De Negri. Ahí mi mamá se quebró completamente. No lo soportó más. Así perdí contacto con mi hermana, América, y eso fue mi principal quiebre. Después de eso no volví nunca más a vivir con mi hermana.

Estela: Para mi es distinto, porque mi padre era Detenido Desaparecido y yo había hecho huelgas de hambre, me había encadenado. Había hecho muchas cosas. Cuando pasó lo de Jose Manuel, no me quedé un día en la casa. Fui altiro a la Vicaría a denunciar. Mi objetivo era encontrar a los culpables. Yo les había prometido a mis hijos que los íbamos a encontrar. Y eso significó varias cosas que no fueron fáciles. Había una persecución permanente, no sólo a mí, sino que a mis hijos. Querían que nos fuéramos  del país. Ahí comenzó un gallito entre la dictadura y yo. Todas las noches tenía a la DINA afuera de mi casa. Porque a partir del caso generamos una serie de movilizaciones y una respuesta de parte de la ciudadanía. Y eso implicó un gran cobertura mediática y fue un gran problema para la dictadura.

¿Tenían noción de quiénes eran los culpables?

Estela: Al comienzo pensamos que era el comando conjunto. No pensamos en la DICOMCAR. Luego hicimos la petición de un Ministro en Visita y el caso lo tomó el juez José Canovas. Mientras él investigaba nosotros siempre estuvimos informados del detalle, fue una exigencia que les hicimos a nuestros abogados. Yo creo que todo lo que avanzamos, no fue sólo producto de un ministro en visita, fue la tarea de los abogados del ministro y de las familias. Hubo una investigación hecha en conjunto.

Manuel: Esa unidad  fue potente, había una conciencia; los velamos y los enterramos juntos porque ellos vivieron y lucharon muy unidos. Esa relación de hermandad es la que yo sigo teniendo con Javiera, con Juanjo y con los hijos de  Santiago Nattino. Eso es muy fuerte. Yo creo que, en parte, la derrota de la dictadura se debe fundamentalmente a los lazos familiares. A los lazos afectivos. Esos son invencibles.

¿Hasta cuándo duró su lucha por justicia?

Manuel: Todavía no termina. Nosotros siempre hemos estado  pidiendo justicia. Y siempre en la calle. Siempre dando la cara de frente.

Estela: Yo creo que hay justicia con quienes detuvieron y asesinaron directamente a José Manuel, Manuel y Santiago, pero las responsabilidades intelectuales no están condenadas. También hay que considerar que  de alguna manera ahí hubo todo un sistema. El Estado tapó este crimen. Se sabía absolutamente lo que había pasado. Y eso es parte del proceso y de cómo se encubrió la participación de Carabineros en esto. Por eso yo creo que los grandes cobardes son las fuerzas civiles que han operado en ese sistema de terrorismo de Estado. Aquí el terrorismo de Estado no es algo que surge de las fuerzas militares, ni de los diferentes organismos de seguridad. Los organismos de seguridad son quienes ejecutan una política, diseñada y planificada minuciosamente por los civiles, en primer lugar, que apoyan la dictadura. Seguramente con algunos militares. Y los civiles han pasado piola. Ellos sí que son cobardes.

Manuel: Sergio Onofre Jarpa, que era ministro. Cuadra, Cardemil, etc. Y luego estos generales de Carabineros ya en retiro. De hecho, el presidente Frei le pidió la renuncia a Stange, y en esa época estaba la inamovilidad de los comandantes en jefe, y no se la aceptó. Hay justicia parcial, o sea, acá tuvo que renunciar Cesar Mendoza Durán, miembro de la Junta. Todo esto por el movimiento que generamos por pedir justicia por nuestros familiares.

¿Cuáles han sido las consecuencias más importantes que tuvo este caso?

Manuel: la unidad que permitió dejar diferencias de lado y enfrentar juntos a la dictadura. Generaciones nuevas que ingresaron a la política y a la resistencia, producto de este caso. Creo que buena parte del mérito también se debe a quienes eran ellos. Más allá que sean familiares nuestros, eran personas excepcionales, dirigentes excepcionales en sus distintos ámbitos. Gente muy querida, muy respetada en forma transversal.  A través de este caso se logró poner en el centro lo que en esa época llamábamos la lucha contra la cultura de la muerte, por la cultura de la vida. Yo creo que le salió un tiro por la culata en ese sentido a la dictadura.

Pensaban que con estos crímenes espantosos, como los de nuestros familiares, Rodrigo Rojas o Pepe Carrasco podrían frenar la movilización social, y lo que causaron esos crímenes fue todo lo contrario. Les causó un levantamiento y una comprensión de que a esto había que ponerle urgencia y tenía que terminar rápido. Estos crímenes eran un impacto a nivel internacional. Y en ese sentido, creo que eso colaboró a que la dictadura terminara.

Estela: Para mi la principal consecuencia fue vencer el miedo. Creamos una  gran fuerza social que era ascendente. Eso es un hecho político innegable. Y que tiene que ver con cómo no nos quedamos nunca atrás. Desde el primer día del secuestro. Así se fue concitando una ola enorme de solidaridad activa. Ya no se aguantaba más, esto se hizo imparable.

Ustedes siguen sosteniendo que hay autores intelectuales que siguen sin culpabilidad. ¿Qué esperan?

Estela: Bueno, este es un caso cerrado.  Desde ese punto de vista, si el día de mañana nosotros tenemos información fidedigna de responsables intelectuales, cosa que a lo mejor no me toca a mí, pero le toca a la generación de mis hijos, de Manuel, o a nuestros nietos, obviamente que se puede abrir el caso. Se puede hacer otro proceso. Pero nos falta justicia. Es algo fuera de toda ética e inmoral, y que viola el sustento básico de los derechos humanos, el que hoy día violadores de lesa humanidad estén saliendo en libertad. Esto es algo inadmisible para nosotros porque creemos que un crimen de este tipo, es producto del terrorismo de estado y que no debieran tener ningún tipo de beneficio carcelario. Este es un crimen de estado. Un crimen de lesa humanidad. Además hay que recalcar que Carabineros es la única institución del Estado que no ha hecho ningún gesto. Y sin embargo es la institución que tiene en la historia de los 17 años, más muertos a su haber. Y eso es algo que yo creo que ellos están en deuda con la sociedad chilena. Y que va más allá del caso de José Manuel, Manuel y Santiago. Tiene que ver con aquel cabro joven poblador que mataron en una protesta. O aquellas mujeres que mataron en otro lugar.

Manuel: En Chile no existen diferencias entre delitos comunes y crímenes de lesa humanidad en el reglamento de beneficios carcelarios. Y por otro lado, yo creo que algo que si se ha ido logrando de a poco, que es el otro lado de la justicia, y que no pasa solamente por tribunales, es un reconocimiento social, uno de condena, de educar a las Fuerzas Armadas en estos valores y que este sea un ejemplo de lo que no debe hacer un carabinero. Pero que se ponga eso como materia permanente, y ahí haya un reconocimiento social al valor de estas personas. Que José Manuel, Santiago y Manuel fueron luchadores sociales que colaboraron para el derrocamiento de la dictadura. Y que sean vistos de esa forma. Y eso es preservar esta memoria de quienes eran ellos antes de que los mataran. Me parece que eso es muy importante.

¿Cómo ven a Chile a 40 años del Golpe? ¿Cómo se honra la memoria?

Manuel: Creo que la dictadura fue a tal grado brutal. Y que nos sometió a un estilo de vida muy básico, en que teníamos que defender el derecho a elegir. Comparado ese estado de brutalidad, a lo que tenemos hoy día, hay un cambio sideral. Aún falta muchísimo por avanzar. Falta el reconocimiento de nuestros pueblos indígenas, falta una mejor distribución de la riqueza, falta avanzar a una constitución legítima y democrática. Todas esas son causas por las cuales nuestros familiares lucharon son deudas pendientes, y ahí se vincula la lucha a nuestros familiares. Pero hay un cambio muy grande entre lo que fue la dictadura. Ese peligro de que te secuestren a las puertas de tu colegio, respecto de lo que hay hoy día, es solamente gracias al movimiento social, y a que de a poco hemos ido avanzando en una cultura de los derechos humanos. El tema de la memoria tiene que ver con también retomar la vida, traspasar esa rabia y retomar a la militancia por la transformación social, por un país justo, por vivir la vida gozosamente.

Estela: Yo creo que se ha manoseado mucho la palabra perdón en general. Creo que hoy día, cualquiera pide perdón por cualquier cosa. Y esa solicitud de perdón, tiene que ir acompañada de hechos concretos. De todas maneras valoro lo de (Hernán) Larraín. Creo que es un paso que él da. Pero creo que no es suficiente todavía.  Ahora, yo personalmente, no puedo perdonar lo que fue mi vida durante 17 años. No puedo perdonar por José Manuel, Santiago y Manuel, porque ellos están asesinados horrorosamente. Además mis hijos crecieron sin su padre y sin su abuelo.El Jose tenía 35 años, y no le permitieron seguir gozando y aportando a este país. Por lo tanto de que perdón estamos hablando. Ahora, si quieren decir si uno  sale a la calle a gritar y a pegarle al primer paco que te encuentres, tampoco es esa nuestra historia, no es esa nuestra vida. Al contrario. Hemos sido personas que el odio no ha sido parte de nuestro accionar, la rabia tampoco nos ha llevado a llevado a ser seres irresponsables con nuestro país. Yo estoy tranquila porque podemos mirar a todo el mundo a los ojos, y no tenemos nada que esconder. No hemos matado a nadie, no hemos torturado a nadie, no hemos detenido a nadie. Lo único que hemos hecho es entregar nuestra vida para que este país sea más libre, más justo y más democrático.

Fuente: Sentidos Comunes

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