La Engañosa Rueda de la Historia (Segunda Parte)

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Hace casi cuatro años, con motivo del triunfo de la derecha en las elecciones presidenciales que le devolvieron la suma del poder que había perdido con la salida de Pinochet del Palacio de La Moneda, titulábamos esta misma página como “La engañosa rueda de la historia”.

Allí decíamos que durante mucho tiempo “la mayoría de la gente pensaba que la rueda de la historia giraba siempre hacia la izquierda, es decir, en términos positivos, progresistas. Se entendía que los procesos de avanzada, los que iban hacia el progreso, la democracia, la justicia social, eran irreversibles. Que la rueda de la historia no podía girar hacia atrás”.

Y decíamos que, al contrario, se estaba demostrando que “los procesos sociales podían involucionar, que el camino de la humanidad no era en un solo sentido, que había el ´retorno`, la vuelta atrás”.

Y sosteníamos que “las causas finales` de tal vuelta atrás hay que buscarlas en el interior mismo del proceso”.

Hoy estamos ante un elocuente signo anunciador de un cambio de orientación de esa en apariencia esquiva rueda de la historia.

Tiene este nuevo fenómeno todo que ver con la experiencia del pueblo chileno, el grueso de nuestra población que, tras haberle entregado el gobierno a los más preclaros tenores del neoliberalismo, aprendieron en carne propia que los datos de clase no son sustituibles ni por manipulaciones estadísticas ni por los modos del clientelismo.

Pero la “responsabilidad” de su derrota no reside sólo en la derecha, sus malos modales cívicos, su indiferencia, soberbia y violencia. Estas harían tan solo el papel de aquellas “´causas finales` a buscar… en el interior mismo del proceso”.

Lo realmente decisivo, y que se alzó con tanta elocuencia en la jornada electoral del 30 de junio, hay que buscarlo en el pueblo mismo, en las mayorías ciudadana. Porque ellas hicieron el duro recorrido de la experiencia y supieron, porque tal es su sabiduría y el peso de sus tradiciones y las orgullosas certezas de su identidad, construir la respuesta adecuada para escapar de las intemperies de un modelo absolutamente contrario a sus derechos.

“Empoderamiento”, lo llaman algunos, y aunque tal categoría pueda disgustarnos incluso “estéticamente”, forzoso es convenir que los millones de manifestantes por la educación, la salud, el respeto al medioambiente, los derechos de género, las reivindicaciones laborales, por mencionar sólo algunas de las grandes causas que se han tomado las calles y las plazas de Chile, ha sido y será en lo venidero el factor decisivo y desencadenante para que esta vez la rueda de la historia haya rectificado su girar regresivo para anunciar los nuevos tiempos.

Al concluir esa página citada de este mismo semanario, decíamos: “Y por ahora: ánimo que ¡Aun tenemos (mucha) patria y (mucho) honor, ciudadanos!”

Ello se está demostrando.

¡A continuar el camino de unidad y lucha, porque la Nueva Mayoría hará posible un Nuevo Chile, para satisfacción de todo un pueblo que avanza hacia un presente liberado de injusticias y un futuro que entre todos construiremos para que sean posibles la justicia social y la más plena democracia!

(*) Editorial semanario El Siglo, edición Nº 1670

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