¡A Tomarse la Historia por Asalto!

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Así titula este semanario su edición de hoy, a horas de la gran definición presidencial. Clara referencia al famoso “quisieron tomar el cielo por asalto”, con que Carlos Marx caracterizara admirativamente la epopeya de la Comuna de París. “Exageración” se podrá decir, y con no poca razón. Pero hay algo que puede justificar esta alusión a un hecho histórico de alcance mundial, ocurrido en Francia en el año 1871.

Al acuñar su expresión, buscaba Marx atraer la atención hacia lo que en ese entonces era casi natural tener por desmesurado, irreal, pura “utopía”: la toma del poder por los trabajadores, el fin de un régimen corrupto, la entronización de una lógica y una ética nuevas en la sociedad y el gobierno.

Tan fuertes eran los “atributos” del poder así como sus fundamentos ideológicos, que derrotarlo y reemplazar desde sus cimientos su “orden social” parecía tan imposible como “tomar el cielo por asalto”.

Con parecida fortaleza, indiscutible e inexpugnable, se aparece ante muchos en nuestros días el modelo económico y social instaurado desde la dictadura: este neoliberalismo a ultranza, con sus reflejos privatizadores y su democrático deprecio… por las mayorías.

Sometido a la experiencia de casi dos décadas de dictadura y varios años de frustraciones que culminaron con el retorno de la derecha a La Moneda, el pueblo chileno ha retomado su impulso y desde una renovada madurez cívica se prepara para iniciar un nuevo ciclo político.

Sabe que todo lo nuevo que se asoma en el horizonte político es fruto de su esfuerzo, de sus constantes movilizaciones, de la claridad de sus argumentos en favor de cambios profundos.

Sólo un cuarto de quienes concurrieron a votar en primera vuelta, apoyó la postura recalcitrante de la candidatura UDI-RN.

Los otros, la inmensa mayoría, con variantes y señales particulares, se pronunciaron en contra de lo ya exageradamente visto y sufrido.

El mayor triunfo de estos últimos tiempos es haber quebrado la línea argumentativa en apariencia invencible de la continuidad de las injusticias y el abuso de los privilegios. En otras palabras, en haber instalado a la conciencia como protagonista central de la acción política y social.

Derrotado en la calle y en la batalla de las ideas, el modelo impuesto a sangre y fuego entra en su etapa declinante. Más allá incluso de la urgencia reivindicativa de millones de chilenas y chilenos, lo central es el inicio de una nueva etapa histórica: por eso este “¡A tomarse la historia por asalto!”

Tal es, así lo proponemos, el sentido profundo de este domingo en el que en gran número concurriremos a las urnas, porque en su momento también la expresión electoral es una forma legítima e irrenunciable de lucha.

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, para todos lo dejó dicho Salvador Allende.

Por eso, a cambiar el futuro, a tomarse por asalto el tiempo de todos, a cambiar la historia con el protagonismo de los trabajadores del campo y la ciudad, de los jóvenes trabajadores y estudiantes, de las mujeres, de los honestos emprendedores, de los luchadores por los derechos humanos y por un medioambiente digno y saludable.   

“Otro Chile es posible”, se lo ha dicho y en nuestras manos de pueblo está el pasar de la consigna a la realidad.

(*) Editorial semanario El Siglo, edición N° 1693

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