Las Hermanas de la Santa Paja

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En diciembre de 1840, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajeras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga. Las pajeras de la caridad, como se las empezó a denominar en toda la península, eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.

 

La guerra carlista fue una guerra civil española a causa de un conflicto de sucesión cuyos contendientes eran Carlos María Isidro de Borbón, apoyado por los absolutistas, e Isabel II de Borbón, apoyada por los liberales. Esta guerra dejaba heridos por todo el país, y los hospitales albergaban contendientes de ambos bandos.

Había un grupo de monjas que no sólo auxiliaban médicamente a los heridos, sino propinaban estímulos sexuales que, según ellas, ayudaban a la pronta recuperación del paciente en mucho menor tiempo.

La autora de tan peculiar idea fue la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio.

Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a “pajear” a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su “paja” diaria. Los resultados fueron inmediatos.

El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos..

Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.

El éxito rotundo, se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajeras por todo el territorio nacional, agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades.

Surgieron de esta suerte, el Cuerpo de Pajeras de La Reina, Las Pajeras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Paja del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajeras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República.

Fuente: Errores Históricos

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