Stepen Hawking se Declara Ateo y Socialista

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En una entrevista al diario El País, el físico Stephen Hawking rompe con los estereotipos y se define como ateo y socialista: “El futuro de la humanidad y de la vida en la Tierra es muy incierto. Estamos en peligro de destruirnos a nosotros mismos por nuestra codicia y estupidez”. En febrero de 1963 los médicos le diagnosticaron esclerosis, con una expectativa de vida no superior a los dos años. El pasado 8 de enero cumplió 73 años, y sigue asombrando al mundo.

 

Hawking ya no puede movilizar ni un dedo. La esclerosis la he corroído el sistema nervioso desde los 21 años, hoy ni manejar el ratón que utilizaba para hablar a través del sintetizador de voz del ordenador puede. En su lugar, ahora usa los músculos de su rostro, pues estas son las últimas herramientas que le quedan para comunicarse.

La entrevista la concede gracias a una impresionante tecnología hecha únicamente para él. Con esta, Hawking logra mover el cursor de la pantalla y activar así la singular voz robótica que habla por él en un curioso acento americano. Todo ese apoteósico esfuerzo es el que debe afrontar el célebre físico para compartir sus ideas.

El diario español le preguntó al astrofísico si cambió su opinión en este terreno y si se considera agnóstico o ateo.

“En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero éstos no son compatibles con la ciencia”.

Jane Hawking, primera esposa del célebre astrónomo cuenta detalles de su vida privada del “Hawking sobre dos piernas”. Dice que no es exactamente una biografía del físico, ni tampoco una autobiografía de su autora. Consciente de que la celebridad de su ex marido no cesará en décadas ni en siglos por venir, la escritora y conferenciante Jane Hawking ha decidido contar ella misma su relación con él antes de que “dentro de cincuenta o cien años alguien se inventara nuestras vidas”.

Esta es la narración de la mujer que mejor conoció a Stephen Hawking durante su juventud, y la que decidió casarse con él pese a su trágica enfermedad. También es por tanto la historia de un dilema moral: uno de los más graves a los que se puede enfrentar un ser humano a lo largo de su vida.

La anécdota que más nos llamó la atención es la que gira en torno a la enfermedad de Hawking y de cómo la afrontó y qué primó en el astrofísico, si sus ideales, pensamientos, o su individualismo:

a noticia llegó un sábado de febrero de 1963 de boca de su amiga Diana: “Oye, ¿os habéis enterado de lo de Stephen?”.

El joven talento llevaba dos semanas en el hospital de Saint Bartholomew, porque había estado tropezando continuamente y no se podía ni abrochar los cordones de los zapatos. Los médicos le habían diagnosticado la esclerosis y le habían dado dos años de vida.

Jane se quedó perpleja. “Aún éramos lo bastante jóvenes para ser inmortales”, escribe. Diana le contó que Stephen estaba muy deprimido, y que había visto morir al chico de la cama de al lado en el pabellón del hospital. Stephen se había negado a aceptar una habitación individual, fiel a sus principios socialistas. Genio y figura.

Cerca a culminar la entrevista se le pregunta, ¿cómo quiere que le recuerde las futuras generaciones?

«Espero que se me recuerde por mi trabajo en el campo de la cosmología y los agujeros negros»,  contesta antes de que empiecen a llevárselo sus enfermeras.

Me llama la atención que no dice absolutamente nada sobre el extraordinario ejemplo que ha dado con su vida, al demostrar hasta dónde puede llegar la capacidad de superación del ser humano ante la adversidad más cruel. Y mientras desaparece por los pasillos del hotel, me acuerdo de una de sus sentencias más inolvidables:

«La Humanidad es tan insignificante si la comparamos con el Universo, que el hecho de ser un minusválido no tiene mucha importancia cósmica».

Fuente: con información del diario El País

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