Guillermo Teillier al diario El País: “El Pinochetismo Sigue en Todas Partes”

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El presidente del Partido Comunista chileno, que vuelve a La Moneda por primera vez desde el Gobierno de Allende, pide a sus socios democristianos que reconozcan su papel en el golpe. Michelle Bachelet asumirá nuevamente la presidencia de Chile el martes próximo pero, a diferencia de su mandato anterior (2006-2010), lo hará arropada de un grupo de socios más diverso compuesto por democristianos, socialistas y, la principal novedad, el Partido Comunista (PC).

Esta formación tendrá un ministerio —el Servicio Nacional de la Mujer— y volverán a los consejos de La Moneda por primera vez desde el 11 de septiembre de 1973, cuando los militares derrocaron a Salvador Allende. El principal responsable del regreso del PC al poder es Guillermo Teillier: 70 años, líder de los comunistas chilenos y diputado desde 2010.

Durante el régimen de Augusto Pinochet, Teillier usaba el seudónimo Sebastián Larraín para operar en la clandestinidad. Cambiaba de nombre, de casa, y por años no vio a sus hijos. Fue detenido y torturado, pero corrió mejor suerte que muchos de sus compañeros: 300 fueron ejecutados y una cantidad similar permanece desaparecida 40 años después.
Teillier era jefe militar del PC y autorizaba las acciones subversivas. En 1986 dio luz verde a un frustrado atentado contra Pinochet. “Fue una decisión políticamente correcta”, sostiene.

Teillier habla pausado y, aunque casi siempre se muestra serio, tiene sentido del humor. Cuando se le pregunta por sus lecturas y se espera que responda con algún título doctrinario, contesta sin complejos: “Estoy con Sherlock Holmes”.

Se considera marxista-leninista pero también “profundamente allendista”. Cree que es perfectamente posible ser comunista en 2014, casi 23 años después de la desaparición de la Unión Soviética:

“De ninguna manera voy a desconocer lo que fue la revolución bolchevique y la instalación de la URSS, con todos los errores que haya podido tener”.

Los comunistas chilenos tuvieron durante el siglo XX, y hasta el golpe de 1973, presencia institucional. Su regreso a La Moneda representa un vuelco a su propia historia. En la Unidad Popular de Allende (1970-1973) fueron activistas ordenados que, a diferencia de los socialistas, donde militaba el propio presidente, respaldaron en bloque al Gobierno.

En ese periodo los sectores de centro, liderados por la Democracia Cristiana (DC), ejercieron una dura oposición. Pero, posteriormente, la lucha común contra la dictadura hizo posible la peculiar alianza entre el centro y la izquierda que permitió derrocar a Pinochet mediante un plebiscito. Fue la génesis de 20 años de gobiernos de la Concertación (1990-2010).

Los comunistas, que no creyeron en este pacto de gobernabilidad, optaron durante esas dos décadas por mantenerse en la oposición y apostaron por un camino testimonial que en la práctica los condujo al aislamiento político.

El martes regresarán a La Moneda siendo parte de la Nueva Mayoría, junto a la DC, que en Chile ha tenido una histórica tradición anticomunista. La tensión entre las dos fuerzas en temas relevantes como las relaciones internacionales —Venezuela y Cuba, por ejemplo— afectó la campaña de Bachelet y ha provocado esta semana una congelación de las relaciones.

El camino de regreso del PC a la primera fila de la escena política ha sido lento. En 2005 el partido emprendió una estrategia paulatina para recuperar su papel institucional de la mano de Teillier. En 2008, un acuerdo con la Concertación le permitió conseguir dos alcaldes. En 2009, el PC obtuvo tres diputados y el propio Teillier llegó al Congreso.

Representan en torno al 6% del electorado y en los comicios pasados lograron siete diputados y un triunfo emblemático: la elección de la ex dirigente estudiantil Camila Vallejo.

“Es el rostro de una generación que se le escapó de las manos al estatus imperante en Chile. Salieron del círculo del temor que acosaba a muchos sectores”, relata el comunista.

Pregunta. ¿Le cuesta controlarla? ¿es díscola?

Respuesta. Se está abriendo paso y viene con ideas nuevas y formas nuevas. Pero Camila es una militante que hace caso.

P. ¿A qué llegan los comunistas al Ejecutivo?

R. A hacer todo lo necesario para que se cumpla el programa de Gobierno. Después de la salida de la dictadura en 1990, por primera vez en Chile se plantean reformas estructurales de envergadura como la educación gratuita, el mejoramiento de la salud pública y una reforma tributaria. (La presidenta y sus colaboradores también esperan que el PC, que controla las principales centrales sindicales, le ayude a controlar las manifestaciones sociales).

P. ¿Ha dejado de justificar la lucha armada?

R. No puedo dejar de justificar la lucha armada. Cuando te declaran la guerra tienes el derecho a defenderte. Avalo el concepto a la rebelión y creo que fue justo. En Chile no existía Estado de derecho. Pero no estamos por propiciar eso ahora.

P. ¿Todavía existe el pinochetismo?

R. Sí.

P. ¿Y dónde está?

R. El pinochetismo sigue en todas partes. Está en el Congreso, donde hay personas que idolatran a Pinochet. Se atrincheran y luchan con todas sus fuerzas para que no se produzcan cambios democráticos.

P. Sus actuales socios, democristianos y socialistas, ¿fallaron en impedir la extradición de Pinochet a España en 1998?

R. Salvaron a Pinochet de un juicio.

P. Sus socios democristianos, críticos del chavismo, acusan al PC de tener dos caras en materia de derechos humanos.

R. Los que tienen un doble discurso son los democristianos que todavía no entienden que lo que hicieron en Chile en 1973 también puede suceder en Venezuela. La Democracia Cristiana facilitó el golpe de Estado y contribuyó a la desestabilización del Gobierno de Allende. Esto es una verdad histórica. Sería importante que los democristianos reconocieran las responsabilidades que tuvieron en el quiebre democrático de 1973 y que llevar agua al molino de la derecha fue un error.

P. Resulta extraño que dos fuerzas tan distintas formen parte de un mismo Gobierno.

R. De lo que formamos parte ambos partidos es de un acuerdo político programático y lo que nos compromete es a cumplir con ese programa. ¿Se va a mantener en el tiempo la alianza? No lo sabemos.

P. ¿No estima que el Gobierno de Maduro ha cometido excesos?

R. Pueden cometerse excesos, pero si se tiene en cuenta que la mayoría de los muertos son chavistas ¿de dónde viene el exceso? Tengo la sospecha de que en Venezuela existe mucho de construcción mediática.

P. ¿Tampoco considera que haya violaciones a los derechos humanos en Cuba?

R. Yo creo que en Cuba no hay problemas de derechos humanos. Hay restricciones que incluso ahora están levantando. Pero mientras no termine el bloqueo norteamericano es difícil tratar a Cuba como a un país normal.

P. ¿Cuál es su diagnóstico de la situación política de América Latina?

R. Indudablemente hay una izquierdización. No todos están pensando en el socialismo, pero sí en sociedades democráticas más progresistas. Después de la caída del socialismo europeo estamos construyendo nuestros propios conceptos».

Fuente: El País

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