El Golpeteo Desestabilizador

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“Bachelet, Bachelet, terrorista de la UP” gritaron personas que respaldaban a los dueños de camiones que llegaron a Santiago a protestar. Durante casi todo el día, esos transportistas bloquearon dos carreteras estratégicas de acceso a la capital, provocando un caos de afectación masiva, mientras su jefe, Sergio Pérez, exaltó que el general de Carabineros, Bruno Villalobos, “se la jugó” para que ellos pudieran pasar con sus vehículos frente al palacio presidencial. El Mercurio tituló que el gobierno aceptó “exigencia de transportistas” y La Tercera destacó: “Gobierno cede y camioneros llegan hasta La Moneda”.

 

La Unión Demócrata Independiente (UDI) anunció una acusación constitucional contra el Intendente de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, por no haber autorizado que camiones se instalaran a protestar frente a la sede del gobierno. En clara alusión a que los transportistas están ubicados en el campo de la derecha, la jefa de Bancada de esa colectividad, María José Hoffman, dijo que “no es posible que la oposición no se pueda manifestar”. Además, la UDI emplazó  a la Presidente Michelle Bachelet: “Demandamos de usted que ejerza su liderazgo”.  

En esas horas, en un artículo de El Mostrador, se indicó que hay versiones (sin citar ninguna fuente) de que la jefa de Estado “está tomando más alcohol de la cuenta” y que está “bajo el efecto de varios medicamentos -como analgésicos para una dolencia que tiene en la rodilla por un problema a los meniscos-, antidepresivos y los recetados para su hipertensión”, apuntando a la tesis de incapacidad para gobernar.

Las directivas empresariales de la Cámara Nacional de Comercio, Sofo de Temuco, y la Sociedad Nacional de Agricultura criticaron duramente al gobierno y apoyaron la protesta de los dueños de camiones. Familias dueñas de latifundios y empresas de agricultura en el sur, entre ellas algunas víctimas de ataques violentos, marcharon con banderas chilenas y pancartas de críticas al gobierno, en veredas aledañas a La Moneda. Un individuo sacó el emblema del grupo ultraderechista Patria y Libertad.

El mismo día, salía y se reproducía en la prensa, la declaración del ex Ministro del Interior, Carlos Figueroa, militante de la Democracia Cristiana, criticando duramente a Michelle Bachelet: “No tiene capacidad de conducción política”. Y afirmando que el caso Caval, de irregularidades donde estuvo involucrada la nuera de la Mandataria, “muestra la poco expertise de la Presidenta”.

Mientras algunos de los camiones traídos del sur fueron autorizados por el Ministerio del Interior para desfilar frente a La Moneda, con ayuda de Carabineros, las Fuerzas Especiales de ese organismo policial reprimían con gases, golpes y chorros de agua a mapuches, trabajadores y estudiantes que protestaban en Plaza Italia contra la actitud “provocadora”, “prepotente” y “fascista” de los camioneros.

Parlamentarios de la UDI, Renovación Nacional y Evópoli respaldaron a los dueños de camiones y reivindicaron su “derecho constitucional” de llegar a la sede del Ejecutivo con camiones quemados. Cuestionaron que se diera autorización a la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) para marchar ese mismo día, y que los transportistas no pudieran traer sus pesados vehículos al centro de la capital.

La ex senadora de la UDI, Evelyn Matthei, dijo que el bloqueo en las carreteras los provocó realmente el gobierno, al que acusó de torpe, y desde la derecha se siguió hablando de posibles querellas y ausencia de liderazgo de la Presidenta de la República.

Un conjunto de hechos que marcan nítidamente una estrategia de golpeteo, presión, ataque, descalificación y generación de desorden que apuntan a generar un clima de desestabilización política en el país.

Los dueños de camiones transgredieron normativas legales con su accionar y ayudaron a generar un mayor clima de tensión y confrontación que, desgraciadamente, irradiará en la zona sur del país, viendo en Santiago el rechazo que tuvo su acción anómala por parte de representaciones mapuches.

El lenguaje hostil y agraviante apareció de nueva cuenta desde sectores empresariales, de derecha, en artículos periodísticos y hasta en voz de personeros de la Democracia Cristiana, siendo blanco específico la Presidenta de la República.

El accionar de los dueños de camiones, de empresarios y de la derecha, provocó choques violentos en varios puntos de la capital, entre quienes apoyaban la manifestación camionera, y quienes reivindicaron los derechos del pueblo mapuche y rechazaron la medida de presión e ilegal de los camioneros.

Como sea, y como se ha dicho en estos días, los dueños transportistas, sectores empresariales y la derecha consiguieron instalar su guión desestabilizador, mostrando desorden, crisis, caos carretero, alteración en la capital, desorden, contradicciones en el gobierno y denostando a la jefa de Estado.

“Hubo una presión bastante desmedida” por parte de los camioneros, dijo la presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende. Agregó que “el comportamiento de este gremio fue bastante soberbio”.

Ella, junto a Jorge Pizarro, Sergio Aguiló, Ernesto Velasco, Guillermo Teillier, Alejandro Navarro, Jaime Quintana, presidentes de las colectividades de la Nueva Mayoría, establecieron como “altamente incoherente e inconsecuente que una asociación gremial que exige cumplimiento de las leyes en materia de seguridad, realice acciones que atentan contra el orden público y contra el estado de derecho”. Anotaron que “lo único que se consigue (con estas acciones) es un circuito de violencia que no va al tema de fondo”.

Nadie podría decir que no se generó una situación difícil con la protesta de los dueños de camiones y el accionar de la derecha. Con la disposición positiva de Carabineros, según lo dijo el jefe de los camioneros. En tiempo presente, un cuadro tenso y polémico que olor a generar desestabilización. Sin omitir que se trató de un segmento empresarial que tiene condiciones para presionar.

El libreto anti/gubernamental tuvo un efecto comunicacional y político donde, hasta ahora, aparece como estrella ganadora el gremio empresarial del transporte y la derecha, además, el afán desestabilizador.

Ése era el objetivo. Porque, finalmente, ¿se terminó el drama de la violencia en La Araucanía? ¿Ahora habrá seguridad no sólo para los camioneros o los dueños de fundos, sino para los mapuches y el pueblo de esa Región? ¿Se terminará el accionar de grupos delictivos -que no tienen nada que ver con organizaciones mapuches- que para robar queman camiones? ¿Habrá solución para las demandas de los pueblos originarios, se tomarán medidas en cuanto al dominio casi total de consorcios forestales privados sobre tierras de los mapuches y sobre el funcionamiento en esa Región? ¿Se terminarán las demandas y los problemas porque se vaya a aplicar la Ley Antiterrorista y aumentar la dotación de Carabineros? ¿Terminarán los asesinatos de mapuches?

Es loable pensar que las acciones desestabilizadoras -en distintos ámbitos- de los últimos días pudieron significar “un logro” para un gremio y para la derecha, y un conflicto serio para el gobierno. Pero que haya significado abrir un camino para encarar los profundos desafíos y dramas de La Araucanía y otras zonas del sur del país, parece estar bastante lejos. Peor aún. Quizá acrecentó la opción de la confrontación

Fuente: El Siglo

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