Reabren Caso Frei Montalva para Interrogar a Siniestras Enfermeras de la DINA

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Sorpresa en los medios judicial y político causó la reapertura del caso Frei Montalva.  Sucede que a solicitud de la familia del asesinado Presidente, el juez Alejandro Madrid ordenó nuevas diligencias encaminadas a indagar el papel que desempeñaron en la trama algunas ‘enfermeras’ de la Clínica Santa María que nadie conocía, y que pertenecerían a los servicios de Inteligencia de la dictadura.

 

Cuando todo indicaba que habría sentencia condenatoria dictada por el juez Alejandro Madrid, la familia estimó que existían aristas aún no acotadas y que darían con la identidad y ubicación de nuevos responsables. Conocido era que no todos quienes participaron en tan alevoso crimen estaban entre los acusados. Muchos aún caminan impunes por las calles, sin que la justicia los haya requerido por su responsabilidad.

Nuevos implicados

Respecto al sumario, pedimos algunas diligencias más a las cuales el juez accedió, lo que implicó la reapertura de la causa. Los nuevos antecedentes han llevado a solicitar cambiar la calificación de la causa desde homicidio simple, como está hoy, a homicidio calificado”, señala Carmen Frei a Cambio21.

El acceso al expediente permitió a la familia solicitar nuevas gestiones tendientes a aclarar la muerte de Frei Montalva y a quienes participaron en ella. El expediente consta de 24 tomos más los cuadernos reservados que lleva el magistrado.

“De la revisión de los documentos aparecen algunos hechos en los cuales es necesario indagar con más detalle, como la presencia de algunas ‘enfermeras’ que nadie conocía y que serían de los servicios de Inteligencia de la dictadura, al interior de la clínica Santa María, donde fuera asesinado mi padre”, señala la exsenadora.

Carmen Frei asegura que algunas de estas personas ya están ubicadas, por lo que es inminente su citación ante los tribunales. Pero no se trata de las únicas diligencias. También la investigación abarcará a los responsables de las escuchas telefónicas y los seguimientos que los servicios de seguridad y del Ejército, dispusieron para espiar las actividades de Frei Montalva.

Un crimen alevoso

El primer presidente democratacristiano que tuvo el país fue cruelmente asesinado el 22 de enero de 1982, mientras se reponía de una sencilla operación de hernia al hiato en la Clínica Santa María de la capital. Los medios de prensa de la época informaron que una extraña infección habría causado la muerte del expresidente de forma accidental.

Sin embargo, el tesón de la familia pudo más; con el tiempo, fue reuniendo pruebas hasta que pudo acreditar que se trataba del primer magnicidio en la historia de Chile.

La sórdida maraña orquestada por Pinochet y sus organismos de seguridad, incluyeron entre otros al entorno de civiles y uniformados más cercano al dictador, al ex chofer del otrora Primer Mandatario, a médicos que tenían a cargo el cuidado de su salud y a agentes que se confabularon para envenenarlo y dar fin a su vida, a los 71 años.

Hoy también se sabe que agentes de seguridad disfrazadas de enfermeras, tuvieron acceso a él antes de su muerte.

Tras años de investigación, que incluyeron pericias nacionales y extranjeras y la colaboración del ex agente Eduardo “Papudo” Valenzuela, quien ratificó ante el ministro Madrid la forma en que se asesinó a Frei Montalva, se llegó a concluir sin duda alguna, que el ex Presidente había sido envenenado. También se supo la manera en que lo fue, lentamente a través de sus gasas y vendas.

“Hay que eliminarlo”

Así se consideró a Frei Montalva por la dictadura, quien cada día que pasaba se transformaba en un dilema mayor. La situación se hizo irresistible para Pinochet tras la entrevista que el ex Presidente concediera en 1975 al semanario colombiano Nueva Frontera, en que expresara fuertes críticas a la Junta Militar gobernante en Chile.

Su innegable estatura política tanto al interior del país como en el concierto mundial, generaba ruidos en palacio.

El ex-mandatario había logrado congregar diferentes fuerzas sociales contrarias a la dictadura. Las protestas se hacían sentir en las calles e incluso se encontraba en plena organización un paro nacional que junto a Tucapel Jiménez y Manuel Bustos, líderes sindicales de la época, Frei comandaría. Sus diálogos, reuniones y movimientos eran seguidos con extrema atención por los organismos de seguridad.

Intelectuales, jóvenes, trabajadores y en general el chileno medio, veía en Frei la alternativa para terminar con los abusos que el país experimentaban por parte del poder absoluto de Pinochet. En cuanta instancia internacional pudo, denunció las injusticias, arbitrariedades e ilegalidades que eran parte del día a día en Chile. En esas condiciones, tal como consta en la causa seguida por su crimen, rol 7981-2005, la dictadura optó por medidas radicales. Se ordenó eliminarlo.

“Camarilla de asesinos”

“Muchos de los autores intelectuales se encuentran muertos -asegura Carmen Frei-, sin perjuicio de lo cual el magistrado tiene acotado al grupo de agentes que rodeaba al jefe de Estado de ese entonces (Pinochet). Se trata de los mismos que actuaron en el caso de Tucapel Jiménez o José Tohá, están todos vinculados, son también los mismos que actuaron en el crimen del general (Augusto) Lutz (asesinado por orden de Manuel Contreras tras las diferencias de aquel general con Pinochet por la DINA).

De hecho, la familia Lutz está pendiente de qué acontece con el “Caso Frei”, tal como lo señalara la hija del malogrado militar, Patricia Lutz:

“A mí no me cabe duda de la verdad, pero es distinto a hacer todo esto a nivel de que se sepa todo y que existan responsables que paguen por ello”. (…) “Fuimos en alguna oportunidad a hablar con el abogado Álvaro Varela (el mismo de la familia Frei) y él nos dijo que tomaría el caso. Yo estaba esperando lo que pasara con Frei. Porque hay que hacer procesos muy terribles. Seguramente también habrá que desenterrar, exhumar restos, cosas duras”, aseguró.

“El grupo que participó en esos crímenes, es casi el mismo, se trata de un grupo muy acotado y que era el equipo operativo y más ‘intelectual, pues de allí salían las ideas de cómo exterminar”, afirma Carmen Frei.

“Se trataba de un grupo muy cercano a Pinochet. Era una camarilla muy bien organizada, de hecho el asesinato de mi padre fue una operación ‘muy bien hecha’, pues basta ver todos los años que han pasado para poder conocer la verdad, entonces ejecutaron una maniobra muy bien estudiada, usando productos químicos que en aquel tiempo eran muy desconocidos y sofisticados para la época”.

Seguimiento y escuchas

Las nuevas diligencias también apuntan a perseguir a quienes ordenaron y ejecutaron los seguimientos y escuchas al ex Presidente. La misión de seguimiento del ex mandatario, fue encargada a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) y luego a la naciente CNI, a cargo del general Humberto Gordon, el mismo que fuera su edecán militar durante el gobierno demócrata cristiano de Frei Montalva.

No fue el único traidor. Uno de los informantes remunerados, según él mismo reconoció en el proceso y la prensa, fue el chofer del ex-mandatario, Luis Becerra Arancibia, quien proveía a los servicios de inteligencia de datos precisos acerca de los movimientos del líder político. Como se sabe, estaba a cargo de la defensa del ex chofer y colaborador de los servicios de inteligencia, el abogado y exdiputado UDI Cristián Letelier, quien acaba de asumir como miembro del Tribunal Constitucional.

De acuerdo a los nuevos antecedentes, las conversaciones eran grabadas telefónicamente por la división que comandaba el coronel Jorge Viscaya Donoso, hombre de confianza de Pinochet y quien además estaba a cargo de las comunicaciones en La Moneda. Viscaya era secundado en la misión por un oscuro funcionario de la Compañía de Teléfonos que fuera asignado a la CNI. Se trataba de Luis Vargas, encargado de efectuar las conexiones o pinchazos en teléfonos que permitían grabar las llamadas que hacía y recibía Frei.

Peritajes

Carmen Frei reconoce que no fue fácil descubrir cómo lo habían asesinado.

“Las nuevas técnicas han permitido identificar los productos químicos utilizados y desentrañar así el asesinato cometido en contra de mi padre. Quizás fue lo único que no pudieron prever y que en definitiva ha dejado al descubierto la maquinación criminal. A tanto llegó el ocultamiento, que solo fue posible detectar estos químicos en sus cabellos, lo que era impensable descubrir en aquella época”.

“No solo se pudo detectar con qué lo envenenaron, sino que además los procedimientos utilizados para ello”, asegura la hija del exmandatario. La investigación se apoya en informes periciales que resultaron concluyentes en cuanto que el ex mandatario Eduardo Frei, fue inoculado varias veces con talio y mostaza sulfúrica en pequeñas cantidades.

“Sí, lo mataron”, señaló Carmen Cerda, perito tanatóloga para el caso de la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. Sus declaraciones fueron tomando cuerpo en la medida que se fueron conociendo diversos otros datos acerca de la muerte del ex primer mandatario. Entre esos antecedentes, se encuentran las declaraciones que diera a conocer Cambio21 de Andrés “Papudo” Valenzuela, ex agente que desertara tras denunciar el modo de operar de los servicios secretos de la dictadura.

Apósitos infectados

El ex agente de los servicios de seguridad, “El Papudo” Valenzuela, vino a Chile exclusivamente a prestar declaraciones desde Francia, lugar de autoexilio. En esta oportunidad reveló ante el juez Madrid, que “la esposa de un colega y amigo, una enfermera que trabajaba en la clínica Santa María, habría visto cómo un kinesiólogo ingresó a la habitación donde estaba internado Frei y refregó un apósito infectado con una “bacteria resistente” sobre la herida post operatoria del ex mandatario. El apósito habría sido preparado por el ex químico de la Dina, Eugenio Berríos, posteriormente asesinado en Uruguay por agentes de seguridad”.

Y luego El Papudo dio su versión:

“Estando yo en la Embajada de Chile en Perú, un colega de nombre Alex Carrasco, me comentó (…) que a Don Eduardo Frei lo habían envenenado y que le habrían aplicado compresas infectadas en la herida dejada por la operación que le practicaron”.

Los antecedentes científicos han avalado los dichos de Valenzuela.

“No los perdono”

A pesar de reconocer que el testimonio del ex agente Valenzuela fue un aporte, Carmen Frei es tajante:

“No se justifica de modo alguno exculpar a los agentes de seguridad que después, con el tiempo, han ido entregando información acerca de lo que pasó durante la dictadura. Cada uno debe tener la pena o el castigo que corresponda a lo que hicieron. Ello aunque se discute mucho que merece ayuda quien ayuda, pero eso deberán verlo los jueces”, asegura.

“Sin embargo personalmente quisiera que todos respondieran por sus crímenes, no solamente el de mi padre, sino que todos los que cometieron durante ese triste episodio de nuestra vida nacional. Primero verdad absoluta y luego las sanciones que correspondan. Se trató de crímenes fríos, premeditados que no solo deben tener una sanción moral, sino que efectiva”, afirma la exsenadora.

“Es complicado el tema del perdón, aunque los que tenemos alguna creencia religiosa sabemos que es bueno perdonar, pero cuesta mucho, no es fácil decir yo perdono, no es llegar y decirlo, es algo que tiene que ser muy profundo. Yo personalmente, en mi caso, no perdono un hecho tan vil”, termina afirmando Carmen Frei.

Los actuales acusados

Son seis quienes aparecen sindicados en el expediente como autores del magnicidio.

El médico Patricio Silva Garín es quien decide que Eduardo Frei Montalva debía ingresar a la Clínica Santa María. Pocos días después, el ex Presidente agrava su estado y febril por la infección a que había sido expuesto e ingresa al pabellón.

Asume la segunda operación el mencionado doctor Silva Garín, el que acababa de reemplazar al cirujano Augusto Larraín Orrego, quien dirigió la primera intervención.

A su lado se ubica el doctor Eduardo Wainstein, cirujano gastroenterólogo y cancerólogo, médico jefe de Cirugía del Hospital Militar.

Homicidio por envenenamiento se imputa a las seis personas, incluidos los médicos de la Universidad Católica Helmar Rosenberg Gómez y Sergio González Bombardiere, autores de la misteriosa autopsia que mantuvieron oculta por 20 años sin informar a la familia.

Estos dos médicos se encuentran procesados en calidad de encubridores.

Otros de los inculpados son los médicos Pedro Valdivia y el señalado Patricio Silva Garín, éste último integrante de la plana mayor del Hospital Militar.

En 1966 participó en dos cursos en la Escuela de las Américas de Panamá, oscuro centro de entrenamiento de los represores de Latinoamérica.

Como coautores se sindica judicialmente a Luis Becerra Arancibia, ex chofer del ex mandatario, y Raúl Lillo, en esa época agente de la Central Nacional de Informaciones.

El número de imputados aumentaría considerablemente, según la familia.

Fuente: Cambio 21

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