El Caso Matthei

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Para una adecuada comprensión de las razones que asisten a la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, la AFEP, para requerir de los tribunales de justicia la declaración formal de procesamiento en contra del ex integrante de la junta militar Fernando Matthei Aubel, ya sea como co autor o cómplice del delito de torturas con resultado de muerte del general Alberto Bachelet, es menester remitirse al tema de la participación accesoria en materia de crímenes y delitos a fin de disipar las dudas y suspicacias que desde algunos sectores se ha deslizado públicamente en los últimos días.


En primer término hay que dejar en claro que no existe un solo tipo de autor de un ilícito penal, sino diversas formas de autoría como lo señala la legislación penal chilena en el art. 15 del Código respectivo y lo refrenda la doctrina penal, la jurisprudencia de nuestros tribunales y el Derecho Penal Internacional al que por cierto resulta indispensable referirse cuando se trata, como en la especie, de delitos de lesa humanidad.

Expresado en términos sencillos, si una persona es propietaria, o conserje o administradora de un edificio a su cargo y sabe que en uno de los departamentos un individuo comete a diario delitos graves durante larguísimo tiempo, si ve llegar a las que serán víctimas, si conversa con el criminal, si almuerza con él, etc., y no sólo no hace nada por impedir los ilícitos cometidos en el edificio a su cargo sino que sigue facilitando los departamentos y ni siquiera denuncia los hechos, hasta el más elemental sentido común lleva a concluir que esa persona es, a lo menos, coautora.

En el peor de los casos, cómplice de esos crímenes.

Se es autor por acción o por omisión. Hay autor directo, material, inmediato y hay autor mediato, el que está detrás del ejecutor que comete el hecho ; hay autor inductor, instigador.

Hay autor además por superioridad jerárquica, el que controla la situación, el contexto en que se perpetra el delito. Por ejemplo, nunca se acusó a Pinochet de que matara o torturara o degollara o quemara vivo a alguien por sus propias manos, pero tanto los tribunales nacionales como extranjeros le procesaron como autor. Lo era jurídicamente.

En el caso de Matthei nadie sostiene que él haya torturado personalmente al general Bachelet. Ni siquiera que él haya dado la orden. Su participación es accesoria.

Pero del mérito del proceso, de las declaraciones de testigos presenciales, de los careos anteriores y el reciente del 8 de julio y de sus propias declaraciones tanto en el tribunal como en un programa televisivo de CNN se desprende :

a)La Academia de Guerra sí existía en esas fechas, independientemente de la forma de su funcionamiento .

b) Matthei era desde mucho antes un personaje muy importante de los servicios de inteligencia de la Fach como se desprende de las felicitaciones que constan en su hoja de vida aportada por su propia institución y que está acompañada al proceso.

c) Matthei fue director de la AGA desde diciembre del 73 y hasta por 2 años.

d) Fue visto por diferentes prisioneros en el lugar en que eran torturados, escucharon su voz y hasta describen su vestimenta.

e) Aunque en ocasiones él ha dicho que nunca fue al AGA, luego dice que fue una sola vez, luego admite que fue 10 veces en esa época. Lo cierto es que ha reconocido estar allí, almorzar allí y conversar en la AGA con los torturadores Cevallos y Cáceres.

f) Es más, el propio Cáceres sostiene que quien lo llevó a prestar servicios allí fue el mismo Matthei.

A estas alturas es indispensable aclarar además que la AFEP en este momento no está solicitando que se condene a Matthei, sino simplemente que se le abra juicio, que se le someta a proceso y los requisitos legales se cumplen sobradamente.

Porque está acreditada la existencia del delito : el general Bachelet fue torturado y falleció y porque hay presunciones fundadas, que son graves, precisas y concordantes, como para estimar que al entonces coronel Matthei le correspondió algún grado de participación sea como autor, cómplice o encubridor.

Hay que considerar que hablamos de un oficial de inteligencia entusiasta partidario del golpe.

Siendo así, tiene pleno sentido su designación en tan estratégica posición a sabiendas que en el edificio del AGA no habría precisamente una labor académica sino que se llevaría a cabo la represión contra aquellos funcionarios militares o civiles de la Fuerza Aérea a los que se consideraba como leales al gobierno constitucional del presidente Allende y por tanto contrarios al alzamiento armado.

La distribución de tareas se ve a las claras. Un oficial a cargo de interrogatorios y torturas, otros preparando la farsa de los consejos de guerra por “traición a la patria” y otro, Matthei, a cargo del conjunto de los elementos incluídos la guardia del edificio, control de entradas y salidas, seguridad del edificio, comidas, servicios. Eso ha quedado claro en la investigación.

Es precisamente esta funcionalidad diseñada para una operación de alto vuelo que incluiría condenados a muerte, la que conduce inevitablemente a concluir que hubo concierto previo por lo que debiera considerársele autor.

Además facilitó los medios y presenció los hechos sin tomar parte en ellos. Por lo que incluso, en el improbable caso de no haber estado concertado, igual hay que procesarle aunque en tal situación sólo como cómplice.

De la historia de todos conocida se puede concluir que el oficial no es una blanca paloma.No fue casual que años más tarde pasando por sobre otros oficiales fuera designado por Pinochet como miembro de la Junta militar.

Esa Junta, integrada por él, fue responsable de atroces crímenes cometidos por agentes de la dictadura, incluídos falsos enfrentamientos, los degollamientos, desaparecimiento de personas, ejecutados, torturados. Ni es como para olvidar que los servicios británicos le designaran como su hombre de confianza cuando la llamada guerra de Las Malvinas contra un país vecino.

Si alguien restara credibilidad a los numerosos testigos y al resultado de los careos, reiteremos sus propios dichos en el proceso y en la TV :“Siempre supe todo lo que allí sucedía y no podía hacer nada, cada cual respondía de su sector” dijo en CNN hace un tiempo y agregó que no se arrepentía de nada y que en circunstancias similares volvería a hacer lo mismo.

Hoy afirma que se mata de la risa de la solicitud de las víctimas de la dictadura para que se le procese, agrega que es algo grotesco y que su conciencia está tranquila. No puede decirse que los suyos sean juicios sensatos o respetuosos.Más si tiene en cuenta su largo historial.

Recordemos por otra parte que en el AGA no sólo falleció el general Bachelet. También el ex ministro José Tohá y otras personas. Muchas chilenas y chilenos fueron brutalmente apremiados física y psíquicamente en sus subterráneos. ¿Tampoco lo supo?¿También le provoca risa?

El domingo 12 de septiembre de 1999 El Mercurio publicó una entrevista que la periodista Ana Victoria Durruty hizo al general Matthei y a su hija Evelyn, entonces senadora y hoy flamante candidata de la UDI. Ambos hacen afirmaciones interesantes de tener en cuenta a propósito de lo que comentamos.

Matthei enfatiza su “profundo respeto y admiración por el general Pinochet. No he conocido a una persona, fuera del Santo Padre, a quien tenga un mayor respeto que a él.”Para Matthei entonces, el Papa y Pinochet. No es fácil creer que a la Iglesia Católica estos comentarios le resulten atinados.

Su hija dijo en la misma ocasión respecto de Pinochet que “nunca dejó de haber respeto hacia una persona que se mató trabajando por Chile.” Y entonces agregó Matthei padre “y en la dirección correcta, por hacer de Chile un país del que nos sintiéramos orgullosos.”

Todavía más, añadió que sus diferencias en la Junta fueron pequeñas y que él “estaba plenamente de acuerdo con que era el único gobierno que era posible tener en ese momento y por un buen rato”.Es decir su más plena identidad con la cruel dictadura.

Por cierto, respecto de la causa judicial la palabra la tienen ahora los tribunales pero me pareció pertinente entregar una opinión que, espero, contribuya a despejar dudas o puntos oscuros.

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