Cuba y la Democracia

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A partir de ciertos cánones, Cuba no sería una sociedad democrática sino una “dictadura” y, por lo tanto bien sancionada estaría y aun debería estarlo más. Suprema hipocresía que se esconde tras formulaciones que niegan así la realidad como la historia. Veamos algunos datos. ¿Ha sido Cuba sancionada como nación, y su gobierno, por algún organismo internacional digno de crédito así por su neutralidad como por su prestigio e idoneidad?

O, ¿no son más bien los Estados Unidos de Norteamérica los que año tras año ven condenado su bloqueo político y económico por la más amplia mayoría posible de la Asamblea General de Naciones Unidas?

Agencias del sistema de la ONU, año tras año reconocen los avances de Cuba en materias como educación y salud de su población.

Caballito de batalla es lo que llaman “atropellos a los derechos humanos” y atentados a las libertades públicas, derechos de expresión y manifestación, entre otras recurridas “denuncias”. ¿Quiénes las formulan y quiénes obesamente las reproducen a lo largo y alto de sus páginas y estaciones de televisión?

Respuesta: los mismos que a lo más callan y con frecuencia justifican y apoyan a regímenes corruptos y dictatoriales, surgidos de asonadas militares y fieles sirvientes de los grandes poderes financieros, económicos y militares a lo largo del mundo.

¿Qué es ser “patriota” cuando se vive en un territorio asediado por la potencia mayor de la historia, con invasiones militares, atentados terroristas, agresión permanente; bloqueo financiero, comercial de alcance incluso extra territorial, lo que implica cierre de mercados financieros, tecnológicos y aun humanitarios?

Miremos nuestra propia historia, y juzguemos en conciencia.

¿Puede ser la misma la “institucionalidad democrática” de una nación que vive en paz con sus vecinos, con fronteras protegidas, integrada a un mundo que se precia de “globalizado”, que la de una nación permanentemente en la mira intervencionista y que ve cómo se financia con total desprecio de la legalidad internacional las actividades abiertamente subversivas de una minoría que ha optado por convertirse en enemiga de su propia patria?

¿En qué difieren los sistemas bipartidistas, expresiones de una misma clase social, que imperan en gran parte del mundo, comenzando por el ejemplo más emblemático que proporcionan los propios Estados Unidos de Norteamérica, de un sistema unipartidista que surge tanto de su propia tradición -remontémonos a la lucha independentista don José Martí y su Partido Revolucionario Cubano- como de la realidad de la lucha anti dictatorial que lleva a patriotas como Fidel y Raúl Castro, entre otros muchos, a conformar una fuerza política y militar que derrota al régimen batistiano, una más de las dictaduras instaladas y protegidas por EEUU?

¿Les han molestado alguna vez al imperio y a sus lacayos y servidores en su periferia, los regímenes de partido y “mando único” que han poblado decenios de la historia del proclamado “patio trasero”?

¿Dónde estuvo y dónde está la indignada protesta y la solidaridad que debieron haber despertado en la conciencia democrática de los que hoy se alinean en la conjura contra Cuba, las brutales intervenciones, incluso directas con desembarco de marines o al menos con apoyo de la logística armada, diplomática y financiera del Departamento de Estado, contra los pueblos de la República Dominicana, de Haití, de Venezuela, de Paraguay, de Uruguay, de Brasil, de Argentina, de Bolivia, de Perú, de Colombia, de Ecuador y, por cierto, de nuestro propio país, Chile?

En estos días, la conciencia democrática y progresista de la humanidad conmemora los primeros 55 años del triunfo de la Revolución Cubana, ejemplo de internacionalismo humanitario y, por lo mismo, desinteresado.

Nos plegamos con admiración y gratitud a esta gran fiesta de la humanidad.
¡Libertad para los 5 héroes perseguidos por el imperialismo! ¡Fin al bloqueo!
¡Larga vida en paz, soberanía y prosperidad al hermano pueblo de Martí y de Fidel!

(*) Editorial semanario El Siglo, edición N° 1696

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