Cuba; Cita Histórica de Celac en La Habana

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La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) dio un paso seguro en La Habana, Cuba, sede de su II Cumbre, en el camino de su consolidación como espacio para el diálogo y la concertación política, hacia la integración. Fue a todas luces una reunión histórica que convirtió por unos días a la capital cubana en el epicentro de los sueños de Simón Bolívar, José Martí y otros próceres que soñaron con la unidad continental.

Ya lo decía la presidenta argentina, Cristina Fernández cuando comentaba que lo que no se consiguió en las propias luchas por la independencia se estaba convirtiendo en realidad con foros como el que reunió a 29 jefes de Estado y Gobierno de la región.

En su discurso ante el plenario, la mandataria argentina subrayó que la sede de la II Cumbre no era cualquier cosa. Y tenía mucha razón.

La Cuba revolucionaria, la que fue expulsada de la Organización de Estados Americanos, invadida por Playa Girón y bloqueada por más de cinco décadas por Washington, recibíó a los representantes de las 33 naciones del hemisferio (excepto Estados Unidos y Canadá).

Aquí estuvieron desde los presidentes de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, que encabezan procesos revolucionarios, hasta los mandatarios de Chile y Colombia, de diferente signo ideológico.

También los representantes de las pequeñas islas y naciones caribeñas, en calidad de iguales y con una mayor inserción durante la presidencia pro témpore que ejerció Cuba durante un año.

La Declaración de La Habana, avalada por todos, confirmó a este grupo regional como espacio de diálogo y concertación política, en el respeto a la diversidad y las diferencias ideológicas, de tamaño y potencial económico.

Destaca el documento que Celac hace posible la aspiración de trabajar juntos por el bienestar de nuestros pueblos; que permite, a su vez, una mejor inserción y la proyección de nuestra región en el ámbito internacional.

Apunta que desde la diversidad se impone identificar los desafíos y objetivos comunes y las convergencias que permitirán avanzar en el proceso de integración de nuestra región.

El texto de 83 párrafos refleja las principales tareas que encara la Celac como mecanismo regional, en tanto aborda las problemáticas de la región en todo los ámbitos.

“Reiteramos que la unidad y la integración de nuestra región debe construirse gradualmente, con flexibilidad, con respeto al pluralismo, a la diversidad y al derecho soberano de cada uno de nuestros pueblos para escoger su forma de organización política y económica”, indica.

Señala como prioridad el fortalecimiento de la Celac como foro y actor político internacional, por lo que se debe perfeccionar la cooperación entre sus miembros.

La Declaración refleja la visión de desarrollo integral e inclusivo, que garantice el desarrollo sostenible y productivo, en armonía con la naturaleza, en aquellos ámbitos en que se puedan construir sinergias.

El bloque expresa el deseo de trabajar conjuntamente para superar los desafíos que presenta el actual escenario internacional, y a realizar esfuerzos para impulsar ritmos de crecimiento económico sostenido que propicien una equidad e inclusión social crecientes.

Importante espacio dedica a la preponderancia que se le da en el grupo a la seguridad alimentaria y nutricional, la alfabetización, la educación y formación de capacidades, el desarrollo de la agricultura y la salud pública universal.

El carácter latinoamericano y caribeño de Puerto Rico quedó reiterado en el documento final, así como el compromiso de trabajar para que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo.

Quedó patentizado el rechazo a las listas y certificaciones unilaterales, en particular las referidas a terrorismo, narcotráfico, trata de personas y otras de similar carácter, entre ellas la que incluye a Cuba en la de Estados que promueven el terrorismo.

Otra vez los países latinoamericanos y caribeños patentizaron su rechazo al bloqueo económico, financiero y comercial que durante más de medio siglo Estados Unidos impone a Cuba en su afán por doblegar a su revolución.

También subrayan el apoyo a la lucha de Argentina por la soberanía por las Islas Malvinas y al reclamo para que el Reino Unido concurra a la mesa de negociaciones para dirimir ese problema colonial.

Los recursos naturales, la libertad de gestionarlos y su aprovechamiento como una importante fuente para financiar el desarrollo económico, la justicia social y el bienestar de nuestros pueblos tuvieron un espacio en el texto.

En la cita cubana de Celac los mandatarios expresan su solidaridad con los países del área que enfrentan demandas y malas prácticas de las transnacionales. Además instan a encontrar mecanismos comunes de arbitraje al respecto.

Prácticamente todos los temas y conflictos internacionales están plasmados en la Declaración de La Habana, que consolida al bloque como vocero de las posiciones de la joven Comunidad.

Así ocurre con el respaldo expreso a las conversaciones en Ginebra como vía para solucionar la dramática situación humanitaria en Siria. También encomia los acuerdos entre Irán y el Grupo 5 +1, y se pronuncia por el uso pacífico de la energía nuclear.

El texto se pronuncia por un nuevo orden económico mundial como fórmula para poder enfrentar los retos del hambre, la pobreza, el subdesarrollo y, también, las secuelas del cambio climático.

Al respecto clama por una Nueva Agenda para el Desarrollo que comprometa a las naciones ricas, sin imposiciones en la contribución a las naciones más necesitadas.

La Celac se compromete con la reconstrucción de Haití, que hoy todavía sufre las secuelas del devastador terremoto que dejó miles de víctimas.

En tal sentido insta a los organismos internacionales y países donantes a respaldar “con amplitud y rapidez, la ejecución del Plan de Desarrollo Estratégico Nacional del Gobierno de Haití, en especial en el ámbito de la agricultura.

En La Habana la Celac se comprometió como Zona de Paz, donde no se utilizará la fuerza ni la amenaza de emplearla para resolver los diferendos.

También fue escenario para la comparecencia conjunta de los presidentes de Perú y Chile para dar por terminado el conflicto territorial entre ambos países, así como para alentar las conversaciones entre el gobierno colombiano y la insurgencia, en búsqueda de la paz.

La Cumbre de La Habana cerró sus puertas, pero dejó abiertos caminos y una hoja de ruta hacia nuevas metas de unidad e integración. La próxima cita será en Costa Rica, que asumió la presidencia pro témpore con el compromiso de conducir la Comunidad hacia otro escalón más de su maduración.

(*) Jefe de la redacción Nacional de Prensa Latina

Fuente: Prensa Latina

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