Secuestro del Coronel Carreño: La Infiltración de la CIA en el Partido Comunista

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Durante 93 días, en plena época de la dictadura, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo mantuvo secuestrado al teniente coronel de Ejército Carlos Carreño, en una audaz operación que culminó de un modo absolutamente impensado para la gran masa, con la liberación del oficial en Sao Paulo, Brasil. Sin embargo, la CIA, gracias a su informante en Santiago, supo mucho antes todo lo que estaba sucediendo, incluso que sería liberado en el extranjero. Primera parte de una investigación basada en cables desclasificados de Estados Unidos, que muestra cómo agentes de inteligencia de dicho país no sólo establecieron vínculos con el Partido Comunista chileno o con grupos como el MIR y el FPMR, sino que además recibieron información clave que desconocían la DINA y la CNI.

 

Fueron 93 días de dudas y suspicacias, desde el 1 de septiembre hasta el 2 de diciembre de 1987, periodo en el cual todo Chile estuvo pendiente de la suerte del teniente coronel de Ejército Carlos Carreño Barrera, secuestrado en las afueras de su hogar, en La Reina, y liberado tres meses después en Sao Paulo, Brasil, en uno de los golpes más audaces perpetrados por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo (FPMR-A), la facción liderada por Raúl Pellegrín (conocido por su chapa de “José Miguel”) y que se escindió el grupo original a comienzos de 1987, luego de que el año anterior fracasara la internación de armamentos por Carrizal Bajo y tampoco se cumpliera el objetivo final de la llamada “Operación Siglo XX”, que era asesinar a Augusto Pinochet.

Durante esos 93 días pasó de todo.

Una supuesta militante del FPMR (Karin Eitel) fue detenida y obligada de “confesar” en televisión, obviamente torturada. Cinco militantes de dicho grupo fueron secuestrados y hechos desaparecer para siempre, y durante años se especuló con la posibilidad de que el secuestro del teniente coronel de Ejército Carlos Carreño, hubiera sido digitado de algún modo por las fuerzas de seguridad de la época, principalmente debido al papel de Carreño en FAMAE, empresa de armamentos del Ejército, de la cual era uno de sus más altos ejecutivos.

De hecho, el fantasma de la infiltración fue el principal espectro que siempre rondó al FPMR. Varios supuestos infiltrados en el seno de esa organización subversiva fueron asesinados, acusados de traición, pero lo que hoy es evidente es que la CIA tuvo un infiltrado en las altas esferas del PC chileno y también del FPMR.

En numerosos documentos desclasificados a partir del año 2000 por el gobierno de Estados Unidos, provenientes básicamente de la Central Intelligence Agency (CIA), así como del Depto. de Estado queda bastante claro que a fines de los años ‘80 los agentes de la CIA en Santiago contaban con un informante situado en la cúpula del entonces proscrito Partido Comunista de Chile, al cual designan en sus cables con la sigla “PCCH” y con su nombre siempre tachado. Del mismo modo, la CIA contaba con alguien al interior del FPMR-A, con quien, sin embargo, los contactos eran sumamente esporádicos.

De este modo, EEUU poseía información privilegiada respecto de lo ocurría en el PC y también dentro del FPMR, en momentos en que este grupo se escindía del Partido Comunista. Así, los norteamericanos llegaron a saber con mucha antelación detalles que el fiscal militar Fernando Torres, que investigaba el secuestro de Carreño, ni siquiera sospechaba, como que el oficial sería liberado en el extranjero, pero además conocían otros antecedentes macabros, como el que habría homicidios contra militantes del FPMR, en represalia por el plagio.

Un poco de historia

El 02 de septiembre de 1987 Carreño debía viajar a Teherán a tratar de resolver él mismo una maraña que ya había costado muy caro a Chile y que decía relación con la ventas de bombas de racimo a ese país, dos de las cuales habían estallado durante una prueba, el 11 de julio de 1986, destruyendo un jet Phantom F-4 de la fuerza aérea de ese país. Debido a ello, dos ingenieros chilenos y un intermediario francés (junto a su hijo) quedaron retenidos en Irán, pero luego fueron liberados.

Fue entonces cuando Carreño comenzó a tomar preeminencia en el asunto, primero, disculpándose a nombre de Chile y, luego, encabezando las negociaciones destinadas a vender una flota de 16 aviones F-5 a Irán, a un precio menor del comercial, como forma de compensar el perjuicio causado por la detonación del F-4.

El 24 de agosto de 1987 Carreño de hecho envió un télex a Teherán comprometiéndose a viajar prontamente, pero nunca llegó  a presentarse, pues fue secuestrado el día previo.

Durante años, Carreño guardó silencio frente a todo esto (y especialmente frente a la sospechosa coincidencia de las fechas con su viaje), pero en 2010 decidió cambiar el curso de las cosas y declaró voluntariamente ante la justicia, aseverando, entre otras cosas, que creía que sus secuestradores tenían algún vínculo con los organismos de inteligencia.

Según una investigación del diario La Nación, hoy ya existe convicción judicial en orden a que un “topo” al interior del FPMR fue quien convenció a la cúpula de este grupo de secuestrar a Carreño, en medio de una operación de inteligencia militar.

El secuestro de Carreño preocupó mucho en Estados Unidos, especialmente a la CIA, pero también escaló hacia otras instancias, incluyendo el Departamento de Defensa (es decir, el Pentágono), cuya unidad de inteligencia, la DIA, emitió un cable que demuestra que dicho país estaba plenamente al tanto de las tratativas ilegales que el gobierno chileno realizaba con Irán, a través de FAMAE y la empresa Ferrimar.

El documento, sin fecha, pero redactado en el momento en que parecía haberse recién producido el secuestro, dice en su resumen que Carreño “encabezaba un joint venturecon la empresa de armas Ferrimar” y que además no era el subdirector de Famae, sino “en realidad, el oficial de proyecto de un sensible programa de municiones”, el que agrega “se centra en la fabricación y venta de bombas cluster”; es decir, bombas racimo.

Se precisa que alguien (cuyo nombre está borrado) dijo a un agente de la DIA, riéndose, que “Carreño quizá fue tomado prisionero por agentes de Industrias Cardoen, el fabricante de armas rival de Ferrimar”.

Cabe recordar que Cardoen, el principal fabricante de armas que ha conocido Chile y que fue quien comenzó la producción de bombas de racimo en el país, fue posteriormente acusado en  Estados Unidos de una serie de delitos vinculados a la producción de un helicóptero artillado y el uso de zirconio.

El informe de la DIA insistía en que Carreño “posee una posición extremadamente importante dentro de FAMAE y su desaparición ha causado gran ansiedad dentro del Ejército chileno pues conoce la locación exacta, incluyendo fortalezas y debilidades, de los arsenales y fuerzas de guardia, de todas las armas y municiones bajo control del Ejército y la Fuerza Aérea”, agregando al final que la hipótesis de implicar a Cardoen requería de “una mente siniestra”.

El informante, sin embargo, dejó claro que el Ejército había hecho saber al FPMR que al menos 10 simpatizantes de ese grupo “pagarían con sus vidas si Carreño no es liberado vivo”. En lo único que el informante se equivocó fue la cantidad, pues al final los asesinados fueron cinco.

El plagio

En un cable del Depto. De Estado de EEUU, del 03 de septiembre de 1987, se relata cómo ocurrió el secuestro:

Hubo 10 secuestradores movilizados en cuatro automóviles, que repelieron con tiros de fusil a una patrulla de Carabineros. Se recuerda que el año anterior el FPMR había secuestrado al entonces jefe de Protocolo de Augusto Pinochet, el coronel Mario Haeberle, quien “fue retornado sin daño tres días después”.

El cable especula con que es posible que el grupo subversivo haya emprendido el nuevo secuestro “para mostrar que aunque 12 de sus miembros fueron asesinados por el gobierno en junio, el FPMR es capaz de reagruparse y convertirse nuevamente en un formidable enemigo”, refiriéndose a la llamada Operación Albania, un operativo de exterminio emprendido por la CNI en contra de los frentistas meses antes.

El primer cable de la CIA relativo al secuestro y disponible en el sitio web del Departamento de Estado se encuentra fechado el 16 de septiembre y hace referencia a otro documento que no aparentemente no fue desclasificado, pues se titula “detalles adicionales sobre el secuestro de un oficial del Ejército por el FPMR”[1].

El cable comienza relatando la intención inicial del FPMR en orden a soltar al oficial próximamente, y algo más:

“El FPMR está planeando liberar al secuestrado Teniente Coronel Carreño el 19 de septiembre a la iglesia o gente de los medios. Carreño ha provisto información de las ventas de armas de FAMAE a grupos de extrema derecha y la localización de los depósitos de municiones del Ejército”.

¿Cómo obtuvieron esa información los hombres de la CIA en Chile?

A través de un “oficial” (alto cargo) del PC, según precisa el mismo documento, que agrega que el informante le dijo a los agentes de la CIA que “el Frente Patriótico Manuel Rodríguez Oficial, que es responsable del secuestro del 1 de septiembre de 1987 en contra del Teniente Coronel del Ejército chileno Carlos Carreño, está planificando regresar Carreño el 19 de septiembre, día de las Fuerzas Armadas”.

 Agregó que el Frente creía que si lo entregaban a los militares sería asesinado para ser culpados de eso, y por ello “El Partido Comunista está aconsejando al partido y a los miembros del FPMR-O ejercer precaución y buenas prácticas de seguridad”.

Además, el documento aseveraba que según Carreño habría confesado a sus secuestradores, se había vendido armas de FAMAE a la empresa de seguridad Alfa Omega, propiedad de Manuel Contreras, y al grupo paramilitar 11 de septiembre.

Asimismo, el informante aseguró que el FPMR Disidente recibió “un cargamento de 600 subametralladoras UZI en (tachado)”, pero no dio más detalles al respecto. Según detalla el informe de la CIA, “el miembro del Partido Comunista cree que el FPMR-D usará algunas de estas armas en acciones terroristas armadas, para probar que tienen tanta capacidad como el FPMR-O”.

Visto Bueno

Un nuevo cable de la CIA, del 25 de septiembre, asevera que –se entiende que en función de lo que señala su informante- el secuestro “fue coordinado y aprobado por el PCCH” y agrega que el blanco del plagio fue escogido porque Carreño “tenía acceso a cierta información que el PCCH estaba interesado en obtener”, lo que una vez más lleva a pensar en la vieja tesis de la venta de aviones, la ubicación de los arsenales e información más vinculada a esa área que a la represión directa.

Del mismo modo, se insistía en una idea que ya había aparecido antes: que si Pinochet sospechaba que Carreño había “cooperado” de algún modo con los secuestradores, “su vida estará en riesgo”.

Este documento además asevera –siempre en función de los dichos del informante- que Carreño había sido miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y que en tal calidad tenía conocimiento acerca del asesinato de Orlando Letelier y del intento de homicidio de Bernardo Leighton, aunque dicha información se asemeja mucho más al perfil del coronel Gerardo Huber, quien también trabajaba en FAMAE y que fue asesinado en 1992 en el Cajón del Maipo, por parte de miembros del BIE (Batallón de Inteligencia del Ejército). De hecho, en el listado que contiene los nombres de 1.500 agentes de la DINA,  y que se filtró a principios de 2012, no aparece el nombre de Carreño, aunque sí el de Huber (respecto de su caso, existe una sentencia por homicidio que se puede consultar acá).

El cable culminaba citando a una fuente de Carabineros, que señalaba crípticamente, pero en concordancia con lo recogido por el DIA, que si Carreño no era liberado hacia el 27 de septiembre, “los miembros del FPMR en cautiverio del gobierno y afuera, serán objetivos de asesinato por parte del gobierno”.

Los desaparecidos

El carabinero que proporcionó dicha información a la CIA en Santiago sabía perfectamente de qué hablaba. Un documento de la Embajada de EEUU en Chile fechado el 10 de octubre da cuenta a Washington de lo que el policía había vaticinado: “cinco hombres chilenos fueron reportados como desaparecidos entre el 7 y el 11 de septiembre.

En dos casos, testigos presenciales han dicho que los hombres fueron tomados en las calles del centro de Santiago y llevados lejos. Los tres restantes simplemente desaparecieron. Todos se ha reportado que son miembros del Partido Comunista, y han tenido problemas anteriormente con las fuerzas de seguridad”.

Este texto agrega que –como era lógico- todas las fuerzas de seguridad negaban cualquier conocimiento acerca del paradero de los desaparecidos, pero ya se rumoreaba que “los cinco están siendo retenidos por un grupo de extrema derecha o miembros de las fuerzas de seguridad como rescate por el coronel Carlos Carreño, quien fue secuestrado a principios de septiembre. Hay preocupación de que si Carreño aparece muerto, los cinco sean asesinados”.

A sangre fría

En lo único que se equivocaron los agentes norteamericanos en Chile fue en lo último, pues aunque Carreño fue devuelto con vida, a los cinco frentistas desaparecidos no se les perdonó la vida.
De acuerdo a la acusación fiscal dictada en 2010 por el ministro en visita Mario Carroza, las víctimas, Julián Peña Maltés, Alejandro Pinochet Arenas, Manuel Sepúlveda Sánchez, Gonzalo Fuenzalida Navarrete y Julio Muñoz Otárola, fueron plagiadas por orden del entonces director de la Central Nacional de Informaciones (CNI), Hugo Salas Wenzel, y recluidas en el cuartel Borgoño de la CNI, donde fueron torturadas e interrogadas no sólo por parte de la CNI, sino también por efectivos del Batallón de Inteligencia del Ejército, la misma unidad que años más tarde operó en el homicidio de Gerardo Huber.

El objetivo inicial, según estableció el ministro Carroza, era canjearlos, pero algo cambió los planes, como lo establece la acusación:

“Antes de la liberación del Coronel Carlos Carreño Barrera en Brasil, se decide por estos organismos de seguridad la eliminación de los detenidos y para ello organizan un operativo que permite sacar los cinco cadáveres del recinto en que se encontraban privados de libertad y luego transportarlos en un helicóptero del Comando de Aviación del Ejército desde el Fuerte Peldehue hasta las costas de Quintay, para finalmente arrojar sus cuerpos al mar atados a durmientes”, lo que hicieron en un helicóptero del Comando de Aviación del Ejército.

Lo que en Chile no sabían

Transcurridos poco más de 30 días desde el secuestro, la CIA ya se enteró de algo que era vital para el caso. Si lo transmitió o no a las autoridades chilenas, sólo ellas lo saben, pero al menos desde el punto de vista de la documentación, no existe constancia alguna, y es que según establece un memo de la CIA, fechado el 03 de octubre, a esas alturas los norteamericanos sabían  lo que iba a pasar, pues de acuerdo a su fuente en el PC, Carreño seguía “detenido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), y ha estado proveyendo importante información sobre las actividades políticas del presidente (Augusto Pinochet) durante los años pasados. Carreño (tachado) está cooperando con el FPMR y está dispuesto a salir en público con denuncias contra Pinochet”.

En medio de inmensos borrones, el documento precisa las informaciones anteriores y detalla que “Carreño fue secuestrado por el ala disidente del FPMR. Este grupo disidente es liderado por José Miguel”, aludiendo a la chapa que utilizaba el líder máximo de la organización, cargo que en ese entonces ostentaba Raúl Pellegrín, asesinado al año siguiente tras el ataque que encabezó contra el poblado de Los Queñes.

El texto, muy tachado, dice muy poco más, pero su título es sugerente de qué se trataba aquello que los censores estimaron poco adecuado que se conociera:

“Deseo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) de sacar de Chile a coronel del Ejército secuestrado”.

En síntesis, cuando aún faltaban a lo menos dos meses para que se cumpliera finalmente el plan de liberar a Carreño en otro país, la CIA ya tenía antecedentes sobre lo que podría suceder.

El PC y su ayuda en la salida

Avanzando ya noviembre, el 13, aparece un nuevo cable de la CIA que muestra el nivel de informaciones que manejaba su informante en el Partido Comunista, pues allí los hombres de la CIA en Santiago señalan que según su soplón, “el PCCH ha retomado contacto directo con los miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) que secuestraron y mantienen detenido al Teniente Coronel de Ejército Carlos Carreño. El PCCH le dijo al FPMR que está listo para asistirlo de cualquier modo para que el asunto se resuelva lo antes posible. El PCCH asistirá en conseguir sacar a Carreño del país o liberarlo en el país con el mayor efecto político posible”.

En este mensaje aparece también, por vez primera Karin Eitel, la mujer que había sido sindicada como la autora del llamado en que el FPMR se reivindicó el secuestro. Según se entiende (debido a los borrones), el informante habría dicho a la CIA que “Eitel es miembro del FPMR y el contacto del FPMR con el padre Alfredo (Soiza), un cura argentino que el grupo está utilizando como mediador con la familia de Carreño”.

El sacerdote al cual se refiere la información es Alfredo Soiza-Piñeyro, que hace poco se retiró de la Iglesia Católica, acusado de supuestos abusos sexuales a menores.

Regresando a la primera parte del cable, y de acuerdo a lo que los propios frentistas relatan en el libro “Operación Príncipe”, que relata el secuestro de Carreño, resulta evidente que la CIA estaba probablemente mejor informada sobre cuál sería el destino del oficial que los propios frentistas implicados en la operación, pues de acuerdo al texto, ello se concretó sólo un par de semanas después de que la CIA advirtiera que el PC se encontraba dispuesto a ayudar a sacar a Carreño del país, a fines de noviembre de 1987, cuando lo sacaron en un camioneta por el Paso de Agua Negra, frente a Elqui.

Rumores que no eran rumores

En un documento del 30 de noviembre, del Depto. de Estado, uno de los diplomáticos de la legación de EEUU en Santiago relata que José Ortiz, periodista de un servicio internacional de noticias, le había contado que el FPMR había emitido un comunicado sobre el secuestro, pero su difusión había sido prohibida por el tristemente célebre fiscal militar Fernando Torres Silva.

No obstante, Ortiz contó lo esencial del comunicado: “este reportero dijo que el coronel Carreño sería liberado en algún momento antes del 5 de diciembre, y el Frente está considerando, junto al coronel, la mejor forma y lugar para proceder a esta liberación sin poner en riesgo su vida”.

Por cierto, el hombre de la prensa no se equivocaba:

“Carlos Carreño Barrera fue liberado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) Paulo, Brasil, el 2 de diciembre de 1987”, rezaba posteriormente un texto del Depto. de Estado que agregaba que, pese a todas las informaciones anteriores respecto de una suerte de connivencia o cooperación del coronel con el Frente, al ser liberado este “anunció a la prensa que es admirador del presidente Augusto Pinochet Ugarte, de quien cree que está haciendo un buen trabajo gobernando Chile”.

Sin embargo, también comentó que “el FPMR es un grupo muy disciplinado y organizado”. No era lo único. El texto también regresaba al asunto de los cinco desaparecidos, y los mencionaba como tales entre comillas (“desaparecidos”), dudando de dicha calidad y acertando que “muchos observadores sospechan que están en manos de fuerzas de seguridad”.

El 9 de diciembre, el informante del Partido Comunista insistió ante los agentes de la CIA que Carreño había cooperado con el Frente y que había estado de acuerdo con ser liberado fuera de Chile. El texto recordaba que tras ser dejado en libertad, el oficial se dirigió hacia el diario O Estado de Sao Paulo, donde lo entrevistó un chileno que trabajaba allí en aquel entonces, Cristian Bofill, actual director de La Tercera y panelista de Tolerancia Cero, quien fue autor de la única entrevista que se le ha realizado a Carreño.

En ella, Bofill aseveró que “Carreño exhibió gran nerviosismo cuando salió desde el aeropuerto de Sao Paulo en la mañana del 3 de diciembre, a través de un avión militar chileno que fue enviado a buscarlo”. De acuerdo al redactor del informe, “Bofill contrastó el nerviosismo de Carreño con la sonrisa que exhibió cuando llegó a la oficina del diario y agregó que esa sonrisa de a poco se esfumó después que Carreño estuviera en contacto con diplomáticos chilenos en Sao Paulo y oficiales del Ejército chileno en Santiago”.

El cable también señalaba que tras su arribo a Pudahuel, el militar fue internado en el Hospital Militar, donde Pinochet dijo que iba a ser “profundamente estudiado”.

El montaje contra Carreño

Luego que Carreño fue internado, apareció en “televisión nacional, en una bien orquestada entrevista desde su cama del hospital”, según otro informe del DE, que precisaba que el mismo programa culminaba “con una entrevista con Karin Eitel, quien fue arrestada por su supuesta participación en el secuestro”.

A esas alturas, Eitel llevaba ya cuatro semanas incomunicada y había sido sometida a fuertes torturas, las que intentaron ocultar maquillándola, pero “su rostro maltratado en la TV, admitiendo que era miembro del FPMR y haber participado en el secuestro, ha provocado agudas condenas por parte de los líderes de Derechos Humanos”.

La CIA, sin embargo, fue más lejos. En un documento titulado “planes del FPMR/D para el remanente de 1987”, cuyos primeros dos párrafos están completamente borrados con plumón, se lee que uno de sus informantes, probablemente el que estaba dentro del FPMR, les dijo que “José Miguel ha ordenado que el FPMR/D planee una serie de actividades terroristas para lo que queda de 1987, culminando con un intento de asesinar a un alto oficial del Ejército, a fines de diciembre”.

En función de ello, había ya tareas de seguimiento respecto del blanco, y se señala que el plan buscaba “atentar desde un vehículo en movimiento, cuando el oficial y sus guardaespaldas estén en la calle”, información que a la luz de lo ocurrido con Carreño y el intento de asesinato en contra de Augusto Pinochet, representaban “una amenaza creíble”.

Hasta donde existen antecedentes, no se sabe de ningún alto oficial del Ejército chileno asesinado bajo esa metodología en esa fecha.

En otras palabras, no hay cómo saber cuán cierto fue aquello, lo que también se aplica a la información contenida en otro documento, el último de esta serie, fechado el 16 de diciembre de 1987, y que cuenta con detalles que un informante (que se entiende tenía alguna relación con el Ejército) dijo a los hombres de la CIA en Santiago que “los interrogatorios al teniente coronel Carlos Carreño Barrera han entregado asombrosa información. (El informante) dijo, bajo interrogatorio, que él cooperó en pleno con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez” y que confirmó también que había cooperado con ellos en su “exfiltración” desde Chile.

Todo ello, agrega el documento, implicó que “los más altos niveles del Gobierno de Chile, incluyendo al presidente Augusto Pinochet Ugarte, están extremadamente molestos con la cooperación de Carreño con el FPMR mientras estaba en cautiverio”… y alguien, cuyos datos están borrados, “estaba intentando involucrar a Carreño en una investigación en curso sobre tráfico de drogas en el norte de Chile”.

Como comentario, el redactor del informe decía que “esta sería la primera vez que el Gobierno de Chile considera calumniar a un oficial de Ejército alegando que este estaba involucrado en actividades ilegales”.

Fuente: W5

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