Censura en Colegio de Malloco: Mandela sí, Víctor Jara y el “Che” No

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Todos los cursos del Liceo Técnico Profesional de Malloco tienen a su cargo la presentación de un acto cívico a lo largo del año. Según  las fechas que correspondan, el tema varía. Y el pasado viernes 29 de noviembre, el acto era sobre el día internacional de los derechos humanos, que debía ser preparado y presentado por el Primero Medio A. Así estaba programado desde marzo.

Como su profesor de Historia, me correspondía guiar y dirigir la presentación del acto, desde la confección del libreto (ver libreto) hasta la elaboración de la escenografía. Aquí es donde me detengo, pues es precisamente éste el punto “conflictivo” para la dirección del liceo.

En la escenografía se incluían los rostros de Nelson Mandela, Víctor Jara y Ernesto “Che” Guevara (icono pop a estas alturas), todas en stencil. El papelógrafo, de aproximadamente 2×2 metros, fue colgado frente al escenario al día anterior durante el ensayo general, realizado entre las 16:00 y las 17:15 horas. Terminamos el ensayo y dejamos el papelógrafo colgado, listo para la presentación del día 29.

Cuando llegué al liceo cerca de las 7:45 del día siguiente, me sorprendí al ver que el papelógrafo no estaba. Apenas crucé la entrada, se me acercó un par de alumnos del Primero Medio A para decirme que el inspector general, Fernando Aguilera, sacó el papelógrafo, lo enrolló y se lo llevó sin dar ninguna explicación.

Ante la consulta de los alumnos, la directora les indicó que no podrían ensayar para el acto cívico, de nuevo sin explicar nada más.

Todavía un tanto incrédulo, fui al libro de firmas y luego a la sala de profesores, donde saludé a mis colegas mientras digería lo sucedido. Me parecía que, como encargado del acto cívico de ese viernes, las autoridades del liceo deberían haberme dicho algo antes de tomar cualquier decisión. Esperé cerca de 15 minutos, pero nadie de la dirección se acercó para aclararme lo que había pasado. Entonces, fui a la oficina de la directora Marisol Meléndez para aclarar el asunto. Ante mi consulta, la explicación de mi interlocutora fue la siguiente:

“No tenemos ningún problema con la figura de Nelson Mandela, pero nos parece que las figuras del “Che” y de Víctor Jara, un cantor popular relacionado con la izquierda, están dentro de un acto político, y como los actos políticos están prohibidos en los colegios, me podrían revocar la autorización para ser sostenedora“.

La escuché muy tranquilamente, sin interrumpirla. Pero apenas terminó, le aclaré que no entraría en una discusión político/ideológica sobre ese punto –en el que claramente no estamos de acuerdo– y que lo que realmente me preocupaba era que se procediera maltratando un material que los alumnos habían elaborado tras dos semanas de trabajo. Y, claro, también que se tomaran decisiones sin siquiera discutir el asunto con el encargado del acto cívico ni consultarle acerca de la pertinencia de estas imágenes. No me cierro a flexibilizar determinadas decisiones que me parecen discutibles, pero lo que no puedo aceptar es que se tomen decisiones arbitrarias basadas en prejuicios.

De ahí en adelante la discusión siguió sólo con argumentaciones poco plausibles por parte de la directora. Antes de terminar, se integró a la reunión otra profesora de Historia del liceo, la encargada de todos los actos cívicos –aún no entiendo para qué la llamaron–. La directora comenzó a dirigirse a ella para entregarle los mismos argumentos que ya me había dicho a mí. Mi colega parecía no entender bien que era lo que pasaba. Al final me molesté frente a lo absurdo de toda la situación y le dije a la directora: “Le informo que Nelson Mandela también tomó las armas en determinado momento, por lo que dentro de su lógica tampoco debería estar en ese papelógrafo”. Luego de eso, me pidió que me retirara.

Minutos después, la directora, el inspector, mi colega de Historia y el profesor jefe fueron a la sala del Primero Medio A para informarles de la situación. Nuevamente, me dejaron fuera de la discusión sin una explicación coherente.

Sin que yo estuviera allí, les dijeron a los alumnos que no podrían utilizar el papelógrafo. Por supuesto, los estudiantes se negaron, especialmente su presidenta de curso, quien se enfrentó a la directora. Ese encuentro le significó a la niña la cancelación de su matrícula para el año 2014.

Este es el relato de lo sucedido. Ahora, me permito esgrimir una opinión en mi calidad de docente y formador. Todo lo anterior responde a visiones miopes de nuestra realidad que se sustentan en prejuicios anacrónicos que se resisten a ser extirpados del discurso de ciertos sectores. La intención por inhibir el diálogo y la discusión ante decisiones inconsultas es lo grave, pues priva a una comunidad educativa del enriquecimiento a instancias del intercambio de ideas. El ejemplo para los alumnos es pésimo. Tampoco se puede dejar de lado la absoluta falta de criterio para abordar un tema puntual, que sin duda podría haberse resuelto a través de mecanismos dialogantes y no impositivos, más aún si consideramos que los profesores del colegio somos adultos y no se nos puede tratar como adolescentes. Claramente la dirección equivocó el camino comportándose de manera autoritaria en lugar de mostrar instancias democráticas de discusión como ejemplo educativo para los estudiantes.

Me declaro ignorante, pues no sé si se viola alguna norma con todo lo acontecido. Pero de lo que sí estoy seguro es que se establece un pésimo precedente para estudiantes que esperamos se reconozcan en una comunidad educativa inserta en una sociedad que ha establecido como consenso el diálogo y la presentación de argumentos legítimos en cualquier tipo de discusión o debate público o privado. No podemos pensar que la prohibición y la censura (si corresponde aplicar este concepto para este caso) siguen siendo instrumentos válidos para resolver conflictos o discordancias.

(*)  Profesor de Historia y Geografía, licenciado en Educación y Magíster© en Historia.

Fuente: CIPER Chile

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