Abu Bakr al-Baghdadi, el Califa del Estado Islámico: El Hombre Más Peligroso y Sanguinario del Mundo

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El grupo yihadista Estado Islámico volvió hoy a mostrar su extrema violencia en la ciudad occidental iraquí de Al Bagdadi con el asesinato de 43 ciudadanos, a los que quemó vivos después de haberlos mantenido secuestrados durante más de una semana. Su jefe, quién se hace llamar Califa Abu Bakr Al-Baghdadi, es el hombre más peligroso del mundo y uno de los más poderosos. Sin embargo, casi no existen imágenes de él y se sabe muy poco de su vida y su trayectoria. Seguimos su pista hasta Samarra, su pueblo natal en Irak, para descubrir cómo es el terrorista que tiene en vilo al planeta.

 

El líder del Estado Islámico, Abu Bakr Al-Baghdadi, muy rara vez aparece en en público. Y cuando lo hace, se hace rodear por un séquito a mitad de camino entre el de un jefe de Estado y un pez gordo de la mafia.

«Nada más entrar en la mezquita, la red telefónica se volatilizó», explica un vecino de 29 años de Al Raqa, en Siria, que pide ser identificado por el nombre de Abu Alí. «Sus guardaespaldas armados acordonaron la zona. Prohibieron que la gente hiciera fotos o vídeos».

La atmósfera se tensó en extremo. «Baghdadi hizo acto de presencia vestido de negro de la cabeza a los pies. Los guardaespaldas empezaron a gritar ‘¡Alá Akbar!’ (‘¡Dios es grande!’). Estábamos aterrados», cuenta Alí. «Los guardaespaldas nos obligaron a jurarle fidelidad personal al líder. Tiene la mentalidad de un jefe de la mafia. Y espera que sus soldados le sean leales».

En su ciudad natal de Samarra, al norte de Bagdad, los vecinos tienen un recuerdo muy distinto de Al-Baghdadi, cuyo nombre real es Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri. Lo recuerdan como un hombre «tan tranquilo y reservado que apenas oías su voz», en palabras de un antiguo vecino, Tareeq Hameed. «Era un tipo pacífico. De pocas palabras».

Hameed, por ejemplo, recuerda que de chaval iba a todas partes en bicicleta, vestido con la túnica masculina iraquí, la dishdasha, con un pequeño gorro blanco en la cabeza. «Siempre andaba con libros religiosos amarrados a la bici, y nunca lo vi vestir pantalones, como hacen la mayoría de los hombres en Samarra. Llevaba barba y no ponía el pie en los cafés. Su círculo se reducía a los conocidos de la mezquita».

La familia del califa

La familia de Al-Baghdadi no tenía mucho dinero, pero dos de sus tíos habían trabajado para las fuerzas de seguridad de Sadam Huseín. Así que gozaban de contactos, suficiente para inspirar reverencia y terror en el barrio. «La suya era una familia pobre pero digna», asegura Hashem, un traductor de la zona que conocía a los familiares. «Él era muy introvertido. Su vida se reducía a ir a la mezquita, estudiar, leer libros… y punto».

Según la maquinaria propagandística del Estado Islámico, la fe fue clave en su niñez. Pero Sajad Jiyad, un analista que trabaja para el Iraqi Institute for Economic Reform en Londres, asegura que no hay pruebas de ese fervor religioso. «Me sorprendería que hubiera sido una persona de fe. La mayoría de los iraquíes que se unieron a los yihadistas eran baazistas (el partido de Sadam) laicos sin especiales convicciones religiosas hasta que los Estados Unidos invadieron el país», dice.

Los vecinos cuentan que Al-Baghdadi era aficionado a los deportes, sobre todo al fútbol, y que jugaba en un campo cerca de su casa. «Rara vez se alteraba en los partidos, incluso si le entrabas con fuerza o tratabas de provocarlo», recuerda Hameed. «Era un buen defensa».

Las páginas web creadas por el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) afirman que, durante estos años de juventud, Al-Baghdadi estudió el Corán en Samarra, que participó en cursillos sobre la vida islámica y hasta que dos clérigos prominentes, hoy fallecidos, se encargaron de su educación.

 Algunas fuentes aseguran que llegó a predicar en una mezquita de Samarra y hasta en la Gran Mezquita de Bagdad. Pero Jiyad y otros analistas creen que no son más que fabulaciones creadas por ISIS para subrayar el carácter piadoso de su líder máximo.

Lo más probable es que, tras dejar el colegio, siendo adolescente, Al-Baghdadi hiciera el servicio militar obligatorio en el ejército iraquí. Fue allí donde se familiarizó con el manejo de las armas y donde recibió adiestramiento militar. A los 18 años, Al-Baghdadi viajó a Bagdad para estudiar. Lo que no está claro es qué nivel educativo alcanzó. No es posible confirmar este punto hablando con sus familiares de Samarra: la mayoría de sus parientes han huido de la ciudad por miedo a verse asociados con él.

Su lado sanguinario

El carácter despiadado de Al-Baghdadi tiene origen en el baño de sangre que tuvo lugar tras la invasión estadounidense. Las tropas estadounidenses llegaron a Bagdad el 9 de abril de 2003. Mientras el país se sumía en la anarquía, Sadam y sus secuaces corrieron a esconderse.

Los insurgentes suníes que se quedaron en Bagdad iniciaron una cadena de atentados mortales contra las fuerzas de los Estados Unidos. Se cree que Al-Baghdadi contribuyó a la formación del grupo terrorista Jamaat Jaish Ahl al-Sunnah wal Jamaa.

En 2004 o 2005 (como en casi todo cuanto tiene que ver con Al-Baghdadi, las fechas no están claras) fue capturado en Faluya por soldados estadounidenses. Al parecer, la detención tuvo lugar en el curso de una operación destinada a echarle el guante a un colaborador del terrorista jordano Abu Musab al-Zarqawi.

Al-Baghdadi fue encerrado en Camp Bucca, al sur de Irak, donde compartió presidio con presos de Abu Ghraib. Allí se le consideraba oficialmente como un «interno civil»; es decir, vinculado a un grupo terrorista, pero no activamente implicado en sus operaciones. No está claro cuánto tiempo permaneció en Camp Bucca.

Algunos militares estadounidenses recuerdan que estuvo allí entre 2006 y 2007; otros dicen que hasta 2009. Pasara un año o dos o tres allí, la estancia le resultó fructífera. Camp Bucca venía a ser como un campamento de verano para terroristas con ambiciones.

Bajo las narices de los estadounidenses, los presos compartían información, tácticas de combate y establecían contactos que les resultarían vitales en el futuro. Los abusos perpetrados en Abu Ghraib redoblaban su determinación, al igual que los éxitos conseguidos por Al-Zarqawi y el descontento generalizado entre los suníes. Lo que vivieron en Camp Bucca fue determinante. Entre otras cosas, Al-Baghdadi trabó contacto con Abu Muhammad al-Adnani, el portavoz del Estado Islámico.

La semilla de Al qaeda

Nada más salir en libertad de Camp Bucca, Al-Baghdadi comenzó su actividad como yihadista. En 2006, un grupo de facciones terroristas Al Qaeda entre ellas fundó Estado Islámico en Irak. Al-Baghdadi se integró dentro de esa facción. Y su carrera fue relámpago. Cuatro años después era su líder.

Desde el primer momento, Estado Islámico en Irak tuvo grandes ambiciones. Y, sobre todo, planes distintos a los de Al Qaeda. La web periodística Monitor pone fechas a su gradual escisión de Al Qaeda. «A mediados de 2013, Al-Sham (hoy comúnmente conocido como ISIS) se rebeló contra las órdenes de Ayman Al-Zawahiri, el líder de Al Qaeda. Al-Zawahiri quería que ISIS solo actuara en Irak y que el representante de Al Qaeda en Siria fuera otra organización».

Un desertor de ISIS que ha hablado utilizando el alias de Hussein afirma haber estado al lado de Al-Baghdadi en el complicado momento de la ruptura. Hussein habla de unas reuniones marcadas por la paranoia y la desconfianza, celebradas en la frontera entre Siria y Turquía. «Al-Baghdadi se encontró con ellos en una gran caravana junto a la frontera turca», dice. «Se presentó con un grupo ante los jefes. Pero nunca se identificó. Los otros no llegaron a saber cuál de todos los miembros de su grupo era él. Quería confundirlos».

Su círculo de poder

Hussein afirma que hasta hace poco había un hombre fuerte detrás de Al-Baghdadi. Un alto mando de ISIS y antiguo oficial iraquí llamado Haji Bakr, quien murió en enero de 2014. Según Hussein, su desaparición ha sido todo un golpe para Al-Baghdadi. «Haji Bakr fue quien pulió su imagen, con la idea de convertirlo eventualmente en el príncipe del Estado Islámico. Pero el verdadero príncipe en la sombra era el propio Haji Bakr». Se sabe que Al-Baghdadi sigue confiando en un pequeño círculo de especialistas militares y de seguridad, a muchos de los cuales los conoció durante su paso por Camp Bucca.

El misterio como propaganda

Sobre su vida personal se sabe muy poco. Solo que es despiadado y reservado. Cambia de emplazamiento con frecuencia; cruza una y otra vez la porosa frontera entre Irak y Siria y suele quedarse en Al Raqa o en sus proximidades. El analista Jiyad sospecha que vivió en Irak, en Bagdad y Mosul, antes de escapar a Siria con ISIS hacia 2010. «Pero muy pocas personas lo vieron en directo por entonces. Además, sus compañeros de filas murieron tras ser detectados por medio de chivatazos u operaciones de inteligencia».

A partir de 2010, ya como líder, se ha dedicado a ampliar sus conocimientos religiosos y establecer un aura de misterio en torno a su persona.

A comienzos de diciembre, el Gobierno libanés aseguró que había detenido a la hija y a la exmujer de Al-Baghdadi, pero incluso sobre eso hay cierta confusión. Según el servicio de inteligencia de Irak, en realidad el líder islamista tiene dos mujeres y ninguna es la que dice el Ejecutivo libanés.

A la hora de presentarse ante la gente, Al-Baghdadi se cubre la cara con una bufanda y no permite que las fotos o vídeos de su persona se difundan, a diferencia de lo que pasa con otros líderes de Al Qaeda. Y no es casual. Es una medida bien calculada. Sabe que sus fotografías más antiguas muestran la imagen de un terrorista ambicioso, no la de un califa.

El analista Jiyad ha estudiado grabaciones con conversaciones de Al-Baghdadi. En ellas, al negociar con otros grupos terroristas, «se muestra convencido de su superioridad. Disfruta de su posición como el terrorista número uno. El sucesor de Osama Bin Laden. Pero si eliminamos la mística y la propaganda, el supuesto califa no es más que un hombre corriente que vio su oportunidad y la aprovechó. Podría haber terminado siendo un terrorista anónimo o un criminal violento más, pero ahora es el centro de la atención mundial».

El líder, en acción

Una de las pocas imágenes del dirigente del Estado Islámico es un vídeo en el que arenga a sus seguidores. La imagen ha sido analizada por especialistas y profanos en todos sus detalles, incluido el reloj de lujo que luce en su muñeca quien tanto reniega de Occidente.

Ejecuciones masivas

El Estado Islámico no solo practica ejecuciones masivas y decapitaciones de occidentales, sino que las difunde todo lo que puede. A través de Internet quiere implantar el terror tanto entre los suyos, para que no olviden quién manda, como entre los que considera sus enemigos. Hacen una edición cuidada de los vídeos, no evitan los planos cortos, enaltecen la figura de los asesinos y detallan con crueldad el crimen final.

La ‘universidad’ del terror

Camp Bucca fue durante y después de la intervención de EE.UU. en Irak una prisión similar a Guantánamo, por donde pasaron miles de iraquíes: sospechosos, inocentes, culpables… No está claro cuánto tiempo estuvo allí detenido Al-Baghdadi, entre uno y tres años, pero aquello era, en palabras del historiador Jeremi Suri, «la perfecta universidad del terrorista». Allí, antiguos miembros del partido laico Baaz se radicalizaron y se vincularon a los grupos islámicos. Varios dirigentes del Estado Islámico pasaron por Camp Bucca.

El líder terrorista se autoproclamó nuevo califa de todos los musulmanes, exigiendo obediencia a los musulmanes de todo el mundo. Eligió el nombre de guerra Abu Bakr as-Siddiq, el primer Califa del Islam, suegro de Mahoma, y a su vez el iniciador de la serie llamada de los califas ortodoxos. Está considerado como el hombre más peligroso del mundo por la revista Time, y el sucesor de Osama Bin Laden para el diario francés Le Monde.6 7

El diario británico The Guardian lo comparó con el pastor Jim Jones, que condujo a casi mil de sus seguidores a un suicidio colectivo en Guyana en 1978. El Departamento de Estado de los Estados Unidos ofrece una recompensa de 10 millones de dólares por información viable que lleve a su captura o muerte. Lo supera en la lista de los terroristas más buscados el líder de Al Qaeda, Aymán al-Zawahirí.

En noviembre de 2014, la revista Forbes lo incluyó por primera vez en el listado de las personas más poderosas del mundo, ocupando el puesto 54.8

Al-Baghdadi tiene un doctorado en estudios islámicos por la Universidad de Bagdad y empezó a interesarse por la yihad tras la ocupación estadounidense de Irak en 2003.7 3 Bagdadí, que nació en Samarra en 1971, se unió a la insurgencia contra la invasión estadounidense en 2003 que derrocó al dictador Saddam Hussein.9

En el 2004, estuvo detenido once meses por las fuerzas estadounidenses en el centro de detención Camp Bucca. Allí estableció relaciones con ex generales del régimen de Saddam Hussein, que dirigen las milicias del Estado Islámico. En diciembre de 2004, fue liberado por una Junta de Revisión y Publicación.

Del 2010 al 2013, el Estado Islámico formó parte de Al Qaeda. La alianza se rompió tras el cuestionamiento a la autoridad del egipcio Aymán al-Zawahirí, el sucesor de Osama Bin Laden.

Tan sólo un año después de su ingreso, Ibrahim se convirtió en el líder de la organización después de que su antecesor fuera asesinado.10 Durante un año más pasó desapercibido para los servicios de inteligencia estadounidenses.

Con la esperanza de reconstruir los grandes Imperios Musulmanes extintos, Ibrahim y el grupo terrorista del Estado Islámico salieron a la conquista de las localidades de Siria e Irak para después establecer un califato en todo el mundo árabe. Con el Magreb de plataforma para nuevos mercenarios y más combatientes salidos de las tierras conquistadas, tomaron Mosul, la segunda ciudad de Irak, y siguieron su imparable avance hacia el sur: cayeron, uno tras otro, los principales enclaves en la ruta hacia Bagdad.

El 29 de junio de 2014, Al-Baghdadi fue proclamado califa (jefe de Estado y monarca absoluto) del Estado Islámico.

Su primera aparición pública la realizó durante las oraciones del viernes 4 de julio de 2014 en la Gran Mezquita de Mosul según un vídeo colgado en Internet en el que aparece Al-Baghdadi subido a un púlpito.

Su califato sería el primero del siglo XXI, casi cien años después del Imperio otomano. Lo único necesario para su directa proclamación oficial sería el reconocimiento internacional. El califato de Ibrahim consta de varias localidades sirioiraquíes conquistadas por los terroristas a su merced.

La estructura de poder está dividida en tres. Abu Bakr al-Baghdadi, califa del Estado Islámico y comandante en jefe. A su vez, le reportan dos lugartenientes, Abu Muslim al Turkmani y Abu Ali al-Anbari, que fueron antiguos generales del régimen de Saddam Hussein.

Abu Muslim al Turkmani tiene a cargo el territorio del Estado Islámico en el norte de Irak y siete gobernadores bajo sus órdenes. Abu Ali al-Anbari maneja los territorios ocupados en Siria y tiene cinco gobernadores a su cargo. En total este triunvirato gobierna a 8 millones de personas y cuentan con nueve consejos que funcionan en carácter de ministerios.

El consejo superior islámico, el de la Sharia (compuesto por nueve especialistas en la Ley Islámica), el militar, el legal (disputas familiares e infracciones religiosas), el de seguridad, el de inteligencia, el financiero, el de asistencia a los yihadistas y el de medios de comunicación.

Política social

Como adherente a una rama radical del islam suní, Abu Bakr al-Baghdadi ha establecido todos sus decretos en consonancia con dicha ideología desconociendo la validez de otras escuelas islámicas. En general su política no dista mucho de la de otros líderes islamistas alrededor del mundo, solo distinguiéndose en el uso más radical de la fuerza y una mayor interacción con los medios de información y comunicación por parte de sus seguidores.

Al principio el grupo terrorista estuvo financiado por los reinos de la península arábiga con el fin de enfrentar al régimen de Bashar al-Asad en Siria. Sin embargo, a medida que los militantes de Abu Bakr al-Baghdadi conquistaban territorios en Siria e Irak, empezaron a tener una mayor autonomía con altas posibilidades de autofinanciación, merced a los dividendos obtenidos por medio del tráfico de combustible al controlar de forma directa zonas geográficas ricas en petróleo, el tráfico de antiguedades,así como el dinero en efectivo obtenido de los bancos asaltados en las ciudades y pueblos que caen bajo su control. Además de sus recursos económicos, el Estado Islámico posee un considerable arsenal bélico arrebatado a las fuerzas armadas sirias e iraquíes.

Al-Baghdadi impuso inmediatamente la ley sharía como línea general de acción. En consecuencia con esto, una de sus primeras decisiones fue ordenar que las mujeres fueran obligadas a cubrir sus rostros, incluso los maniquíes en las tiendas, para no tentar a los hombres con ideas pecaminosas.

Se informó que una de sus primeras decisiones fue ordenar la mutilación genital femenina para todas las mujeres del califato. Algunos blogeros sugirieron que esta información podría ser falsa y un intento de desacreditar al Estado Islámico. Jenan Moussa, un corresponsal de la emisora Al AAan TV con sede en Dubai, publicó un tuit en el que aseguraba que sus contactos en Mosul no habían oído hablar de un edicto que impusiera dicha práctica.

Otro lineamiento es la intolerancia radical en contra de otros grupos religiosos y comunidades como los cristianos, chiítas, yazidíes, turcomanos y mandeos. Todo aquel considerado infiel que no opta por convertirse al islam, es presa de ejecuciones sumarias y la trata de personas, lo que ha desencadenado un auténtico genocidio de tipo religioso en las zonas bajo su control.

Sus casas fueron marcadas, sus bienes robados, sus mujeres violadas y sus niños asesinados. Se han denunciado decapitaciones de personas, incluyendo mujeres y niños, que se niegan a la conversión, y la exposición de sus cadáveres en las plazas públicas. Por razones como estas se ha generado un fenómeno de desplazamiento masivo hacia países vecinos, lo que ha desencadenado una grave crisis humanitaria.

Los tribunales islámicos del califato han impuesto la pena capital a diferentes prácticas criminales como la violación a mujeres musulmanas y el robo; de la misma manera han condenado a muerte a las personas señaladas como homosexuales, adúlteras o que han incurrido en blasfemia, situaciones que bajo su óptica también son consideradas como crímenes.

Al interior del grupo de Abu Bakr al-Baghdadi se ha propiciado un uso extensivo y sofisticado de las redes sociales donde se muestran avances de los logros de la organización, se hacen invitaciones a sumarse a la causa del Estado Islámico, se da una imagen de la cotidianidad de la vida en el califato y se difunden vídeos con ejecuciones de rehenes en respuesta a lo que ellos consideran agresiones de occidente.

Casos mundialmente conocidos fueron las decapitaciones de rehenes occidentales como el fotógrafo James Foley y el periodista Steven Sotloff y Peter Kassig, todos estadounidenses; dos ciudadanos británicos, uno de ellos David Haines, que realizaba tareas para la organización de ayuda humanitaria francesa Acted, y el taxista Alan Henning, que cumplía labores humanitarias para una ONG, así como los fusilamientos en masa de 250 prisioneros del ejército sirio y 300 combatientes kurdos.29 30

También, en un nuevo acto de barbarie quemaron vivo dentro de una jaula a un piloto jordano, que había sido hecho prisionero cuando derribaron su caza F-16 durante los bombardeos efectuados por la Coalición. Lo insólito que para esta ejecución utilizaron a la red social twitter para que los usuarios puedan elegir diferentes formas de ejecuciones.

Además del uso de internet, el Estado Islámico emplea métodos propagandísticos tradicionales para sociedades con menos acceso a las tecnologías de la comunicación digital, tal es el caso de la campaña a través de panfletos de 12 páginas escritos en darí y pashtún distribuidos en el norte de Pakistán y Afganistán que busca sumar nuevos reclutas a las filas del Estado Islámico.

Al igual que otros grupos yihadistas, el Estado Islámico hace llamados a sus simpatizantes alrededor del mundo para perpetrar acciones individuales y aisladas tras las líneas enemigas. A raíz de la ofensiva en su contra de los aliados occidentales, se ha hecho un llamamiento público a atentar contra la vida de ciudades de los países que forman parte de esta coalición.

Ecos a este llamado han repercutido en países como Argelia, Canadá y Francia donde individuos y pequeñas células extremistas han perpetrado ataques terroristas para luego reivindicarlos como obedientes a las órdenes de Baghdadi.
   
Tan solo dos fotos del cabeza de EIIL circulan por la Red y se cree que incluso los miembros de la agrupación desconocen su aspecto, por lo que se le conoce como ‘el jeque invisible’.

En el año 2010 Abu Bakr al Baghdadi se puso a la cabeza de la organización, después de que el líder anterior, Abu Omar al Baghdadi, fuera abatido. Un año después fue declarado terrorista por EE.UU., que ofreció 10 millones de dólares de recompensa por información que condujera a su captura o muerte.
 

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