Caín, ¿Qué le Hiciste a tu Hermano?: El Solitario Infierno de Briganti en la Cárcel de Valparaíso

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Cuando ocurrió el asesinato de Diego Guzmán y Exequiel Borvarán, el pasado 14 de mayo, las redes sociales bullían de comentarios que anticipaban con fruición las represalias que tomaría la población penal contra el autor de los disparos, Guiseppe Briganti. Para beneficio su salud síquica y proctológica, eso no ha ocurrido, porque está en un régimen de estricto aislamiento. Pero eso no lo ha salvado del infierno de su consciencia. A solas consigo mismo, ha tenido tiempo de aquilatar sobradamente el instante que no sólo acabó con la vida de dos muchachos inocentes, sino también partió la suya en un antes y un después. Al punto que su padre, el iniciador de la fatídica gresca, ahora desprovisto de prepotencia, lejos de las mentiras, y consciente de la gravedad del delito, reconoce que su hijo esta muy mal, que ha bajado de peso y que padece una profunda depresión. En paralelo, en Santiago, Valparaíso, Quillota y Viña del Mar hubo homenajes a las dos víctimas de la violencia irracional, al cumplirse el primer mes de la tragedia. 

 

El aislado mes de Briganti en la cárcel de Valparaíso

Daniela Astudillo

Los lunes y jueves, Giuseppe Briganti Weber (20) recibe visitas en el módulo de máxima seguridad de la cárcel de Valparaíso. Este viernes, sin embargo, se hizo una excepción y se aceptó que lo visitara su padre, José Briganti.

Luego de cumplir un mes privado de libertad y completamente aislado, tras ser formalizado por el doble homicidio de los universitarios Exequiel Borvarán (18) y Diego Guzmán (24) -ocurrido el 14 de mayo pasado, tras una marcha estudiantil-, el porteño actualmente sufriría un agudo cuadro depresivo. Por ello, está siendo sometido a chequeos médicos diarios en el penal.

“Ha bajado mucho de peso, está muy mal, no come nada. Tenemos que traerle cosas que le gustan, como dulces, y tiene antecedentes diabéticos. No ve a nadie, está apartado”, dice el padre.

Del calabozo sólo puede salir para bañarse y para estar un par de minutos en un patio donde ve parte del cielo, rodeado de muros altos y rejas de protección. José Briganti cuenta que semanalmente le lleva diarios, siempre y cuando ellos no hablen de él.

“Cuando vengo no conversamos del tema, porque después él se queda solo. Se ve grande, de cuerpo grande, pero tiene una mentalidad de niño. Yo aún no he tenido la posibilidad de hablar con los padres de los que murieron, pero aquí hay tres víctimas, mi hijo también lo es. Todavía no nos explicamos cómo ocurrieron los hechos, Giuseppe no los quiso matar”, señala.

Briganti y su familia siguen en su casa, en aquel edificio frente a la Plaza Victoria donde ocurrió el crimen.  José Briganti relata que el lugar sigue con resguardo policial y que incluso el hijo menor tiene esta medida cuando va al colegio. También relata que los últimos tres estudiantes pensionistas que tenía en su hospedería se fueron tras el incidente. Ahora piensa instalar una puerta de fierro.

“Yo no he pedido que esté Carabineros aquí, pero no se han ido y sólo tengo agradecimiento hacia ellos”, reconoce.

Arma “empeñada”

Recordando lo sucedido aquel jueves 14 de mayo, el padre de Giuseppe relata que esa arma no era suya y que el dueño ya prestó declaración a la PDI.

“El arma es de un amigo mío, que habló desde el primer minuto con la policía. Yo la tenía hace dos años, ‘empeñada’ por unos pagos que me debía por estacionamientos. Estaba inscrita y mi hijo la sacó de un cajón. El no ocupa pistolas. Y lo de la droga (que en esa oportunidad hallaron los policías) no sé, pero la plata que se llevaron era mía también”.

Sobre esta información, la fiscalía  y la PDI no entregaron más antecedentes.

El abogado defensor de Briganti, Miguel Alfaro, indicó que el pasado jueves tuvo acceso a la carpeta investigativa de la fiscal Mónica Arancibia. Asegura que, de momento, no contiene informes balísticos ni de autopsias . “Estoy solicitando audiencia con la fiscal, porque la carpeta carece de información relevante”.

Fuente: La Tercera

El homenaje a Diego Guzmán y y Exequiel Borvarán

Fue un momento emotivo, reflexivo y de protesta. El recuerdo de una vileza, de un crimen, que costó la vida a los universitarios y luchadores sociales Diego Guzmán y Exequiel Borvarán, cuando un asesino les disparó mientras se desarrollaba la marcha por la educación pública y los derechos de los estudiantes y profesores, en el puerto de Valparaíso el 14 de mayo pasado.

A un mes del vil asesinato, un centenar de muchachas y muchachos, la mayoría de las Juventudes Comunistas (JJCC) donde militaba Diego, copó la Plaza Italia en Santiago para recordar a los dos estudiantes, rendirles homenaje y reivindicar las luchas del movimiento estudiantil.

Fue también una jornada de protesta por la violencia contra los jóvenes y la criminalización de las manifestaciones sociales. Una actividad llena de cultura, con pinceladas de colores, rayados murales, y canto, donde destacó el cantautor Manuel García, emocionando y motivando.

Karol Cariola, secretaria general de las JJCC dijo que “tenemos que exigir justicia como sociedad. Como país no podemos seguir aceptando actos de violencia cuando jóvenes se salen a manifestar a la calle por educación pública, gratuita y de calidad”.

También se recordó al  artero ataque por parte de Carabineros en contra del universitario Rodrigo Avilés, quien se debatió entre la vida y la muerte y que ahora se está recuperando de sus serias lesiones cerebrales.

En estos días continúan las investigaciones por el caso de Diego, Exequiel y Rodrigo, y tanto la ciudadanía, como sus compañeros y familiares, esperan con atención las resoluciones judiciales respecto a los responsables de esas agresiones.

Llegaron informaciones de que también hubo actividades de homenaje a los jóvenes asesinados el 14 de mayo, en Viña del Mar, Valparaíso, Quillota  y en la Universidad Santo Tomás.

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