Consecuencias del Fin del Binominal

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Después de más de veinte intentos por cambiar el sistema electoral diseñado por la dictadura desde el retorno a la democracia, finalmente se logró cambiar el sistema binominal. Reemplazar el binominal por un sistema proporcional moderado significa ponerle fin a otro de los enclaves autoritarios, uno de los más perjudiciales para la representación política. Hacerlo hoy, después de 24 años, es un verdadero triunfo de las fuerzas progresistas y significa el logro de un anhelo de un amplio arco de fuerzas políticas y sociales democráticas.

La consecuencia fundamental del fin del binominal es contar con un sistema electoral más proporcional que mejorará la representación popular. El argumento que sostenía al binominal era la necesidad de contar con mayorías sólidas que dieran estabilidad al país y se evitara la fragmentación del sistema político. Este argumento no hacía más que esconder la sobrerrepresentación de la derecha en nuestro país, fue parte del diseño de la dictadura para dejar amarrada a la naciente democracia a una distorsión de la voluntad popular. Esto ha traído consecuencias en diferentes dimensiones: libertades personales, igualdad social y sistema político.
   
Las libertades personales han sido restringidas por el conservadurismo cultural de la derecha, la que al estar sobrerrepresentada, ha bloqueado un conjunto de leyes que apuntaban a tener una sociedad culturalmente más acorde con criterios de convivencia modernos. La lucha por superar nuestro atraso en materias de derechos civiles en nuestro país ha sido larga. Pensar que hace no muchos años la derecha defendía que las parejas no pudieran separarse, parece hoy absurdo. Pero más indignación produce cuando esa misma derecha defendía con argumentos discriminadores la existencia de hijos de segunda categoría.

Por otro lado, la igualdad social se ha visto afectada por la persistente defensa que hace la derecha de los intereses del gran empresariado. Bajo el argumento de que son los que invierten, pasan a ser, según ellos, el único motor de la economía.

Con este argumento han sustentado una serie de privilegios que no han hecho más que concentrar la riqueza en desmedro del resto de los chilenos. Esta visión desconoce el aporte del pequeño empresariado y del trabajo en la creación de riqueza. Así, la sobrerrepresentación de la derecha ha imposibilitado introducir con mayor fuerza medidas tendientes a equilibrar al gran capital con el trabajo y la pequeña empresa, lo cual es clave para lograr una mayor igualdad social.

Finalmente, la sobrerrepresentación de la derecha sustentada en el sistema binominal, afecta a la posibilidad de ajustar nuestra institucionalidad política. Nuestro país no ha logrado contar con un texto constitucional en el que el conjunto de la ciudadanía se sienta interpretada. La actual Constitución es funcional al mantenimiento de un sistema socioeconómico determinado, el cual fue impuesto a Chile mediante la fuerza en dictadura.

Esta situación afecta la legitimidad de un texto que debiera ser justamente el que legitime la regulación de nuestra convivencia y entregue un proyecto de sociedad a construir. Tener una nueva Constitución que sea el reflejo de los anhelos de la sociedad solo puede ser realizado en democracia mediante mecanismos democráticos.

Con el fin del binominal, se abre un camino para que nuestro país cuente con un Congreso más representativo y diverso, que permita representar de mejor manera a la sociedad chilena y sus anhelos. En el futuro, los debates que pretenden introducir reformas podrán efectivamente traducirse en leyes y no quedar bloqueados por fuerzas políticas que son minoritarias en nuestro país.

(*) Diputada del PS por el distrito 21

Fuente: El Mostrador

 

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