Bachelet Quiere Más Votos para los Cambios

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Más allá de cierta bellaquería humana que esperaba ver algo de sangre durante el último debate presidencial –¡debate al fin!–, nada cambió durante la última semana de campaña. Lo que hubo fue más bien la confirmación de aquello que Evelyn Matthei intentó encubrir desde que se le ungió como candidata.

En lo político, sus intentos por mostrar una derecha unida fueron nuevamente anulados por su propio sector. El miércoles, los senadores de la UDI rechazaron el voto de los chilenos en el extranjero y el primer paso para cambiar el sistema binominal, mientras RN aprobaba ambos proyectos junto a la oposición.

También fueron vanos sus esfuerzos por darle credibilidad a su último eslogan Sí se puede. Un vez más, Carlos Larraín puso en el tapete el error de la UDI al ignorar las primarias, proclamando a Evelyn Matthei en vez de Andrés Allamand. Como si esto fuera poco, Larraín pronosticó para el próximo domingo un 57% de los votos para Michelle Bachelet y un 42% para Matthei (Cambio21). Semejante fue la apuesta del diputado Eugenio Bauer –militante UDI igual que la candidata–, quien prevé una derrota de 45% frente a 55%. Al parecer no fructificó la búsqueda de otro voto para hacer realidad esas matemáticas del 1+1=7 que mantendrían a la derecha en La Moneda.

En lo valórico, el liberalismo histórico –y seguramente futuro– de  Matthei no logró esfumarse a pesar de sus compromisos con la Biblia. Es complicado aparentar lo que no se es. Por eso, sus explicaciones sobre el aborto y sus guiños al mundo evangélico tuvieron un tinte de impostura. ¿Habrá algún médico que avale su tesis del feto con muerte cerebral?

En lo económico, su rigurosidad profesional, le impidió sumarse frívolamente a las afirmaciones fatídicas de los ministros Cristián Larroulet y Felipe Larraín, culpando al programa de Bachelet por el retroceso en la inversión y el crecimiento. Matthei se vio obligada a matizar dicha tesis que, al día siguiente, fue incluso desmentida por la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, quien afirmó que no existe evidencia alguna para tales declaraciones. Más aún, la experta sostuvo que una reforma tributaria puede ser positiva ya que acercaría a Chile a los países desarrollados “que tienen tasas tributarias por encima del 30%”.

Con una derecha resquebrajada que afila sus cuchillos y  con un programa conservador que no le acomoda, esta semana Evelyn Matthei  profundizó los errores de campaña al anunciar “cambios revolucionarios en la vida cotidiana de las personas”. Al igual que su optimismo a toda prueba, este eslogan no cuadra ni con su entorno ni con sus propuestas.

Para la ex Presidenta, en cambio, estos fueron días positivos. En el debate televisivo su personalidad inalterable y la consistencia de sus tres ejes programáticos –nueva Constitución, reforma educacional y reforma tributaria– impidieron que los golpes de su adversaria la dañaran. Además, consiguió la ansiada foto con el diputado electo Giorgio Jackson y la directiva de Revolución Democrática, que se sumó a las anteriores con Alfredo Sfeir, dirigentes secundarios, la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa. Incluso Franco Parisi le hizo un guiño al reunirse con el senador electo por la Nueva Mayoría en Antofagasta, Alejandro Guillier. Es precisamente en esa región donde Parisi obtuvo una de sus grandes votaciones, superando a Evelyn Matthei.

La magnitud de la abstención es el único y gran fantasma de este balotaje. Ambas candidaturas insistieron en su llamado a votar, conscientes de que el voto masivo fortalece la democracia. Pero el llamado no tuvo sólo un fin altruista sino también, y sobre todo, un objetivo político coyuntural. Mientras Evelyn Matthei busca superar lo más que se pueda el 25% de los votos que obtuvo en noviembre pasado, Michelle Bachelet se visualiza ya como Presidenta y sabe que necesita un respaldo sólido para llevar adelante los cambios comprometidos.

Hay consenso en que el Chile de hoy es muy diferente al que le tocó gobernar hace ocho años. Ella tampoco es la misma. Pero donde la transformación debe expresarse con mayor claridad es en el Parlamento. No sólo hay nuevos diputados y senadores sino que, además, el clima del Congreso es otro. Ya nadie siente como entonces que se puede prescindir de los mandatos de la Presidenta porque ese era –tal como ocurrió– el último gobierno de aquella coalición.

Hoy los parlamentarios saben que el liderazgo de Michelle Bachelet es potente, que el país avanzará más temprano que tarde hacia las reformas que la ciudadanía está exigiendo, que es mejor estar al alero del futuro gobierno que quedarse fuera. Varios saben también que deben su cargo a que Bachelet se jugó activamente por su elección y que, por lo tanto, deben devolverle la mano el próximo domingo.

Torcerle la mano a la abstención es el desafío final de una campaña plagada de sorpresas desmedidas, pero que nunca pusieron en duda el resultado electoral. A propósito, ¿se acuerda de Golborne?

(*) Periodista

Fuente: El Mostrador

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