Pensamientos Olvidados de Salvador Allende

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“Ya lo enseña la historia. Los blanquistas del siglo pasado pensaban que una minoría esclarecida debía tomarse el poder al margen de las masas. Ha sido demostrado que es un error. Nuestro deber es educar a las masas. No podemos desconocer que objetivamente la mediana y pequeña burguesía están y deben estar con nosotros”. (Salvador Allende).

 

El Presidente de Uruguay, José Mujica, fustigó a fines de 2010 lo que denominó “ultraizquierdismo”. Señaló que “desde posiciones de izquierda aparentemente contundentes colabora para el avance de la peor derecha, porque se piensa que con una sociedad radicalizada sus posiciones políticas prosperarán”, y cree que “cuanto peor le vaya a la suerte de la gente, mejor para su avance político (…) Es la historia del izquierdismo alemán que terminó abriendo la puerta a Hitler”.

Sostuvo se trataría de “gente que considera que su mayor enemigo es el Frente Amplio”, coalición de centro–izquierda en el Gobierno, pues su interés es “sacar de la escena política a la izquierda amortiguadora, a esta izquierda que quiere con bonhomía que el país marche, pues necesitan radicalización”. En el fondo, aseveró, reflejan “una enfermedad permanente de la izquierda: la presión de partidos ‘ultras’ que practican el infantilismo y que, a la larga, son una enorme colaboración estratégica con lo peor de la derecha”.

Un tiempo antes, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, cuestionó al “ultraizquierdismo” en su país. Dijo que son de “tendencia anárquica y eso le hace mucho daño a la revolución”, sobre todo considerando que “está en plena batalla con un enemigo que utiliza cualquier arma”.

En este contexto, Chávez pidió que se investigara y reflexionara “sobre el terrible daño que le hizo la ultraizquierda” al gobierno de Allende en Chile y aseveró que la misma fue “infiltrada por la CIA” y “sin darse cuenta, generaban eventos que le dieron la justificación a la derecha para hacer lo que hizo”.

A ese respecto, resulta interesante revisitar el pensamiento de Salvador Allende sobre esta materia, un ejercicio que resulta particularmente sugerente para las nuevas generaciones que recientemente descubrimos al compañero Presidente al calor del desarrollo de nuestra propia lucha.

Su pensamiento sobre esta materia era resultado, por cierto, de su concepción del cambio social. En abril de 1973, en un discurso a raíz del 40 aniversario del PS, señaló, en referencia al camino democrático hacia el socialismo:

“La Unidad Popular logra su victoria sobre la base de actuar frente a la realidad concreta de nuestra patria. Esa ha sido la clave del éxito que nos ha llevado hasta el Gobierno”.

Y enfatizó que “no se abate el capitalismo en una sola gran jornada apocalíptica”, sino que “es como si estuviéramos frente a un campo de batalla: hay trincheras y trincheras donde el capitalismo va defendiendo sus ventajas y privilegios, y nosotros hemos ido tomando esas trincheras”.

A finales de mayo de 1971, Allende visitó la Universidad de Concepción. En esta ocasión, el secretario general de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, Nelson Gutiérrez, dirigente del MIR, cuestionó la estrategia de la Unidad Popular, según consignó “Punto Final” del 8 de junio de 1971.

El Presidente respondió con un llamado a “romper el sectarismo y no sentirse depositario implacable de la verdad”.

Manifestó:

“Una revolución política, jóvenes, no se puede hacer en un día. Una revolución social no la ha hecho ningún pueblo jamás en un día, ni un año, sino que en muchos años”. E

Explicó, asimismo, que “es muy distinta la revolución que queremos hacer nosotros, sin costo social y de acuerdo a nuestra historia, a la heroica y dramáticamente pujante Revolución Cubana”.

Con energía, sostuvo que “no quiero que nadie preste apoyo a este Gobierno, si no comparte la realidad de la táctica y el camino que nos hemos fijado”. Frente a las primeras rechiflas del público, simpatizante de las posiciones de Gutiérrez, espetó:

“Debo anticiparles que no me inquietan ni los silbidos ni los aplausos. Tengo demasiados años en la lucha social para sentirme intranquilo frente a la represión parcial que puedan tener mis palabras”.

Agregó, desafiante:

“Y si acaso los jóvenes que expresan aparentemente un repudio, quieren que discutamos en el terreno teórico, yo les digo que vengo preparado para ello, y tengo nada menos que algunas citas de Lenin que le pueden refrescar la memoria a algunos. Empezaré por la más cruda y no silben porque van a silbar a Lenin, a mí no. Dice: ‘El extremismo revolucionario es traición al socialismo’… Silben a Lenin, no a mí”…

Como evidencia de que “la realidad es más fuerte que la teoría”, dijo:

“¿Quién de ustedes me va a discutir a mí, sobre el contenido revolucionario de Cuba? ¿Y quién de ustedes se atrevería a pedirle a Fidel Castro que mañana tomara la bahía de Guantánamo, que está en poder de los americanos?”.

Reflexionó que “la correlación de fuerzas políticas” obligaba a los revolucionarios cubanos a aceptar esa realidad.

“La realidad histórica nos demuestra que aquí y en nuestro país hemos utilizado un camino que nuestra realidad ha permitido que se emplee; y este camino ha sido la lucha dentro del sufragio. Muchas veces, y lo puedo decir, estuve solo defendiendo esta posibilidad, en mi propio partido. Los hechos han demostrado que tenía razón. La conquista del Gobierno por las fuerzas populares es un hecho que ha sacudido y muy fuertemente a este país, que ha sacudido y muy fuertemente la conciencia de muchos pueblos”, reflexionó.

En el acto efectuado en el Estadio Nacional el 4 de noviembre de 1971, con motivo del primer aniversario del Gobierno Popular, Allende señaló duramente:

“No podemos aceptar el desquiciamiento de individuos aislados que podrían provocar el caos (…) No aceptamos la presión, lo hemos dicho con honradez de revolucionarios. Estamos contra todas las tomas indiscriminadas de fundos que crean anarquía en la producción y que terminarán por lanzar a los campesinos contra campesinos o a los campesinos en contra de los pequeños agricultores. Estamos contra las tomas de viviendas que perjudican a los trabajadores que juntaron sus cuotas para adquirirlas. Estamos contra las tomas de las pequeñas y medianas fábricas por los obreros; la estatización y la requisición de empresas debe obedecer a un plan de Gobierno y no a la anarquía del impulso voluntario de unos cuantos”.

Indicó luego:

“A través de toda la Historia siempre hubo grupos minoritarios que no comprendieron las exigencias de los procesos revolucionarios, y que con su irracionalidad, con su falta de claridad, llegaron a hace fracasar coyunturas revolucionarias… Incluso en la revolución soviética hubo descentrados que reclamaban más que lo que el momento permitía. Es por eso que Lenin, en pleno combate, se expresaba así refiriéndose a los verbalistas de la revolución: ‘La frase revolucionaria es la repetición de consignas revolucionarias que no guardan relación con las circunstancias objetivas de un momento. Consignas excelentes, estimulantes, embriagadoras, pero sin base, ésa es su esencia’.

Y además, agregaba:

“Guerra a la frase revolucionaria, para que no pueda decirse algún día esta amarga verdad: la frase revolucionaria, sobre la lucha revolucionaria, perdió a la revolución’. Eso lo decía el padre de la revolución de octubre. Que no lo olviden algunos jóvenes teóricos chilenos”…

Más adelante, afirmó:

“Hay ciertos sectores extremistas a quienes les digo que no tememos al diálogo, a la discusión ideológica, pero para empezar es bueno que se lean el librito de Lenin que dice: ‘Extremismo, enfermedad infantil del comunismo’ (…) Para transformarse en poder, los obreros conscientes deben conquistar la mayoría. Ésta no se logra creando un clima de inseguridad y eventualmente el caos y la violencia. Ya lo enseña la historia. Los blanquistas del siglo pasado pensaban que una minoría esclarecida debía tomarse el poder al margen de las masas. Ha sido demostrado que es un error. Nuestro deber es educar a las masas. No podemos desconocer que objetivamente la mediana y pequeña burguesía están y deben estar con nosotros. Así como necesitamos a los pequeños y medianos productores, artesanos, comerciantes, técnicos y profesionales. Por eso más que nunca es necesario tener conciencia de la vía chilena y el camino auténticamente nuestro, que es el camino del pluralismo, la democracia y la libertad. Que es el camino que abre las puertas al socialismo”.

En sus palabras finales, expresó:

“El pueblo ha aprendido que en la unidad está la victoria. No dejemos que se resquebraje la unidad del pueblo, no permitamos que extremismos pretendan desquiciar lo que ha sido la base fundamental (…) Venceremos afianzando la unidad. Venceremos ampliando las bases políticas y sociales del movimiento revolucionario chileno”.

El 2 de diciembre de 1972, el Presidente Allende pronunció un discurso ante los estudiantes de la Universidad de Guadalajara, que ha sido muy recordado:

“Es útil que la juventud, y sobre todo la juventud universitaria, que no puede pasar por la universidad al margen de los problemas de su pueblo, entienda que no puede hacerse del balbuceo doctrinario la enseñanza doctrinaria; de entender que el denso pensamiento de los teóricos de corrientes sociológicas o económicas requieren un serio estudio (…) Que tiene que mirar lo que pasa en su país y más allá de la frontera, y comprender que hay realidades que deben ser meditadas y analizadas”.

Y agregó:

“Entonces, uno se encuentra a veces con jóvenes, que han leído el ‘Manifiesto Comunista’ o lo han llevado largo rato debajo del brazo, y creen que lo han asimilado. Y dictan cátedra, y exigen actitudes, y critican a hombres, que por lo menos, tienen consecuencia en su vida. Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil”.

“Un ejemplo personal: yo era un orador universitario de un grupo que se llama Avance; era el grupo más vigoroso de la izquierda. Un día se propuso que se firmara, por el grupo Avance un manifiesto –estoy hablando del año 1931– para crear en Chile soviets de obreros, campesinos, soldados y estudiantes. Dije que era una locura, que no había ninguna posibilidad, que era una torpeza infinita (…) Éramos 400 los muchachos de la universidad que estábamos en el grupo Avance y 395 votaron mi expulsión. De los 400 que éramos, sólo dos quedamos en la lucha social. Los demás tienen depósitos bancarios, unos en el extranjero; tuvieron latifundios –se los expropiamos–; tenían acciones en los bancos –también se los nacionalizamos–, y a los de los monopolios les pasó lo mismo. Pero en el hecho, dos hemos quedado; y a mí me echaron por reaccionario, pero los trabajadores de mi patria me llaman el compañero presidente”.

(*) Publicista Usach y Magíster (c) Comunicación Estratégica Usach. Militante de la Izquierda Ciudadana y del Frente de Mujeres IC

Fuente: El Quinto Poder

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