Allende, La Biografía, de Mario Amorós: Una Contribución al Establecimiento de la Verdad

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Me ha tocado la suerte y el privilegio de ser uno de los presentadores la obra que nos convoca: “Allende la biografía” de Mario Amorós. El autor nos convoca a la lectura y el conocimiento de tan importante materia, de forma amena, que nos presenta a un Allende íntimo y su entorno familiar, sus gustos personales, muchas anécdotas, que hacen fácil la lectura que nos lleva a la comprensión más profunda de la vida y obra de quien encabezó en nuestra Patria un proceso hacia el socialismo en los marcos de la Constitución que nos regía y de una democracia representativa.

Una propuesta de socialismo democrático que abrió una expectativa inmensa en todo el mundo, pero que al mismo tiempo espantaba al gobierno de los Estados Unidos, que consideraba a Salvador Allende cómo un peligroso enemigo. Es así que a partir de 1964 empiezan las campañas anticomunistas, el pago a medios de comunicación chilenos y la compra de voluntades políticas para alinear a fuerzas antidemocráticas en un proyecto conspirativo destinado a impedir a toda costa que Salvador Allende llegara a la Moneda.

En “Allende la biografía” se entregan elementos de este proceso cuidadosamente documentados, con datos irrefutables que se basan en documentos desclasificados del Senado de los Estados Unidos y otros de diverso origen incluyendo, por cierto, los de nuestro país.

Queda pendiente, a mi modo de ver, el análisis de cómo las ideas que preconizaba Allende se han proyectado hasta hoy, cómo se expresan principalmente en los procesos latinoamericanos y cómo en nuestro propio país renacen postulados pendientes de su propuesta programática, teniendo presente que Salvador Allende plantea un proyecto de continuidad que, al menos, tiene como precedente y como un hito importante el gobierno transformador de Pedro Aguirre Cerda con el Frente Popular , un proyecto que evidentemente queda inconcluso, pero a mi juicio no necesariamente descartado, aun cuando el mundo y el país han cambiado.

Adquiere notable importancia el lanzamiento de este libro porque se presenta justo cuando se conmemoran los 40 años del Golpe de Estado que puso fin al gobierno de la Unidad Popular encabezado por el Presidente Salvador Allende Gossens. Hoy día, precisamente, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende ganó la Presidencia de la República, lo que fue una victoria sobre los conspiradores de Washington y los confabulados nacionales, civiles y militares, que están muy bien señalados por Amorós. Victoria que sin embargo no bastó para evitar la culminación de la conspiración 3 años más tarde.

Nos encontramos en medio de una ardua discusión sobre cuáles fueron las causas del golpe, discusión a la que contribuyen los medios de comunicación que muestran imágenes inéditas, o testimonios que dan luz a millones de chilenos sobre lo que realmente ocurrió durante el golpe y los 17 años de dictadura.

Surgen nuevos datos sobre violaciones a los derechos humanos que han tenido consecuencias políticas innegables; aparecen contradicciones entre los que apoyaron el golpe; unos piden perdón, otros reconocen que existieron crímenes de lesa humanidad, incluso la máxima autoridad del país, plantea que existieron “cómplices pasivos” de la dictadura…que no reaccionaron ante lo que estaba sucediendo. A esto ha replicado Roberto Thime, ex dirigente de Patria y Libertad, diciendo que Pinochet fue un traidor, porque traicionó los objetivos del golpe y que el actual gobierno esta plagado de “cómplices activos” de la dictadura que se beneficiaron económicamente de ella.

Para mi, queda cada vez más claro -y el libro que comentamos aporta muchos antecedentes que avalan esta posición-, que la teoría del empate está desprestigiada, que acusar a quienes fueron las víctimas de ser los causantes del golpe, es una invención propagandística más para justificarlo y es de una crueldad incalificable.

No había “plan zeta”, ni un ejército de 13.000 cubanos en Chile. No había armas en manos de los partidarios del gobierno como para tomar por asalto el poder y así se comprobó con la aplicación de la Ley de Control de Armas que permitió a las Fuerzas Armadas revisar, un par de meses antes del golpe, fábricas, escuelas, asentamientos campesinos, poblaciones, y a los dirigentes de la UP.

Cuando se dio el golpe, los promotores sabían que se enfrentaban a un “enemigo”, a un pueblo desarmado.

Allende nunca planteó la posibilidad de la lucha armada en las condiciones de Chile, es más, como se consigna en este verdadero documento histórico que es el libro de Amorós, el 9 de septiembre del ’73, le comunica a Pinochet su decisión de llamar a un plebiscito como una vía para resolver el conflicto político, con su disposición a que si le era desfavorable, podría dejar el gobierno.

Por esta razón los sediciosos adelantaron el golpe, porque su objetivo era no sólo terminar con el gobierno de la U. P. sino que dar un golpe aplastante a la posibilidad de que el camino al socialismo planteado por Allende volviera a germinar en Chile, ni en ninguna parte del mundo. Por ello, la política genocida, por ello la aplicación del terrorismo de estado, por ello las torturas, por ello los crímenes, por ello los detenidos desaparecidos.

Con este fin hubo una conspiración foránea y nacional para derrocar a Allende mediante un Golpe de Estado, esos conspiradores y quienes colaboraron con ellos son los responsables del golpe, no las víctimas.

Por ello es que hoy no sólo luchamos por verdad y justicia, exigiendo a los responsables que entreguen la verdad, aquella parte que mantiene en la incertidumbre a tantas familias que nada saben de sus seres queridos y que mantiene una herida abierta.

Luchamos también por el derecho a organizarnos y movilizarnos en pos de transformaciones profundas en nuestro país, sentidas por la ciudadanía, incluyendo en ello la forma de gobierno y la institucionalidad que soberanamente apruebe el pueblo sin que ello signifique tener sobre las espaldas la sombra de la posibilidad de un nuevo 11 de septiembre.

Tiene que abrirse la posibilidad del reconocimiento, por los responsables, de los hechos y, también, un arrepentimiento sincero. Pero ello no basta: debe abandonarse toda doctrina que preconice el concepto de enemigo interno.

Es evidente que en Chile se necesita el reencuentro, ello es posible si se estableciera un proceso sobre la base de las premisas planteadas.

Salvador Allende construyó un liderazgo sobre la base de unir a fuerzas de izquierda y también de centro, para llevar adelante un programa de gobierno de profundas transformaciones revolucionarias. Antepuso siempre la unidad ante las diferencias que en una época marcaron las relaciones entre socialistas y comunistas. Él mismo tenía diferencias con el PC respecto de su apreciación del socialismo europeo y quizá se adelantó con muchas de sus críticas sobre hechos y formas de gobierno que posteriormente se convirtieron en  factores desestabilizadores del socialismo soviético.

No es que él no tuviera una gran consideración por el socialismo y las transformaciones logradas, sentía una profunda admiración por Viet-Nam y un gran cariño por la Revolución Cubana, es reconocida su amistad con Fidel Castro. Durante su gobierno se establecieron  relaciones diplomáticas con todos los países socialistas.

No obstante su admiración por Cuba, por el Che, por la Revolución Cubana en definitiva, que subyugaba a todos los que éramos jóvenes en esa época, mantuvo el camino propio para Chile, con una admirable tenacidad para construir y defender un programa de trasformaciones profundas, durante tantos años de lucha, con una tremenda confianza en que el pueblo lo entendería. El carácter pedagógico que otorgaba a sus campañas y a sus discursos fue creando la conciencia necesaria en el pueblo para que al fin, a pesar de todas las dificultades, estas ideas se impusieron en Septiembre de 1970.

Salvador Allende nos dejó un gran legado que debemos estudiar y asimilar, sus propuestas alcanzaron al entendimiento sencillo de los trabajadores y el pueblo,  entusiasmaron a los jóvenes y tocaron en lo más profundo a la mayoría de la intelectualidad y la cultura chilena, por algo tuvo a su lado a Pablo Neruda y una pléyade de artistas, escritores y científicos.

Estoy seguro que el ideario de Allende se seguirá plasmando en Chile y más allá de nuestras fronteras.
Agradezco a Mario Amorós su invitación a comentar su libro y sólo puedo desearle éxito en su propósito de esta verdad que tanto falta nos hace.

(*) Intervención del Diputado Guillermo Teillier, en la presentación del libro “Allende. La biografía”, del periodista español Mario Amorós.

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