A 40 Años de la Muerte de Neruda: Nuevos Antecedentes que Apuntan al Asesinato

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En este mismo mes de julio pero hace 40 años Pablo Neruda celebraba su natalicio junto al presidente Salvador Allende. Se les ve en esa conociday hermosa fotografía sonriéndole a la vida a pesar de los peligros que por entonces ya asomaban  y que llevaron al poeta a escribir su Incitación al Nixonicidio. Pero sin imaginar jamás la extrema brutalidad con la que  el imperio norteamericano, la CIA, los mandos traidores de nuestras fuerzas armadas, el gran empresariado local, políticos ambiciosos de la derecha y el centro y El Mercurio y su cadena de medios, desatarían el terror para defender sus intereses amagados por el proyecto de cambios democráticos de la Unidad Popular.

El gran poeta padecía de un cáncer prostático detectado oportunamente por lo que cuando el 23 de septiembre del 73 murió en la Clínica Santa María, a la que se le llevó desde Isla Negra, se tuvo como dato cierto que su fallecimiento derivaba de ese cáncer.

Debieron pasar la friolera de 38 años para que la denuncia de Manuel Araya, chofer y guardaespaldas de Neruda se divulgara en una revista del exterior, y así nos pudiéramos enterar de la existencia de una extraña inyección del día 23 y de las múltiples y extrañas contradicciones respecto de la causa de muerte de este gran comunista.

Hoy sabemos desde el proceso rol 1038 – 2011 que lleva adelante el juez Mario Carroza, que ningún médico constató realmente la causa de muerte, que uno de ellos recibió en su casa y sin estar presente a la hora del deceso, el formulario en el que escribió “caquexia cancerosa”, mientras otro médico aseguraba a la prensa brasileña que el vate moría a causa de una “ infección urinaria” asociada a la flebitis de que padecía, en tanto que otro relataba a El Mercurio y La Tercera – únicos medios autorizados por la dictadura – que Neruda murió del “paro cardíaco producido por el shok causado por la inyección que le pusieron para calmar sus dolores”.

¿Porqué tantas versiones diferentes a la misma hora y de los mismos orígenes?

Hoy sabemos que eran las mentiras con las que se trataba de ocultar el crimen. Pero algo quedó claro: existía la inyección, Araya no mentía.

Hoy sabemos mucho más. Neruda murió en el mismo cuarto piso de la misma clínica Santa María en la que pocos años más tarde la dictadura asesinó al ex presidente Eduardo Frei Montalva.

Pero sabemos además que las muertes de Neruda y de Frei fueron a manos prácticamente de los mismos médicos y enfermeras y que esos profesionales colaboraban con el Dr. Hopp y con los aparatos clandestinos de la fatídica “colonia Dignidad”.

Sabemos más : la relación entre esos sujetos y los aparatos de inteligencia de la dictadura militar; sabemos que Neruda jamás estuvo en estado caquéxico, sabemos de las mentiras del médico Draper que llega al delirio de inventar personajes inexsistentes en el vano afán de ocultar responsabilidades ; sabemos también de las mentiras de la clínica y de algunos de sus funcionarios y funcionarias.

Sabemos además de la existencia de enorme cantidad de elementos tóxicos en manos de las FFAA desde antes del golpe y del trabajo que ya realizaba el químico Eugenio Berríos vinculado a la DINA, así como la presencia en Chile desde los años 60 de MichaelTownley.

Sabemos también que la propia Matilde años después deslizó a la prensa extranjera sus dudas respecto de la verdadera causa de la muerte  de Neruda. Hemos conversado con uno de los médicos que le trató en Valparaíso quien descarta la muerte por cáncer, lo que de algún modo sostiene también una pericia médica de la PDI.

Hoy, tras la exhumación de abril, los restos del gran chileno están sometidos a pruebas de laboratorios del exterior.

A 40 años de su muerte provocada a pocas horas de viajar a México en donde habría jugado un papel destacadísimo en favor de la resistencia a la dictadura, concluímos en que todo indica que Pablo Neruda fue asesinado por los mismos criminales que provocaron la muerte de Allende, que asesinaron a Victor Jara, al general  Prats, a Orlando Letelier, al general Bachelet, en fin a miles y miles de chilenas y chilenos de todas las edades  a los que hicieron desaparecer para siempre, o les mataron a golpe de corvos o de cuchillos, o les fusilaron,  o los degollaron, o los torturaron.

Algunos de esos responsables ocupan hoy cargos de gobierno o en el parlamento o posan de blancas palomas negando cobardemente su participación, pero no cabe ni el perdón ni el olvido.

La lucha por verdad y justicia continúa.

La belleza de la poesía de Pablo Neruda ilumina el áspero camino.

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