Nuevos Antecedentes Implican a Cheyre en Torturas

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Siete testimonios recogidos en un informe de la Policía de Investigaciones, en el marco de la investigación que lleva adelante la ministra de fuero, Patricia Quiroz, dan cuenta de la participación del ex Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emulio Cheyre, en tanto oficial del Regimiento Arica, de La Serena, en malos tratos y torturas a prisioneros políticos, durante los días inmediatamente posteriores al golpe de Estado de 1973.

 

En opinión del abogado querellante, Cristián Cruz, existen antecedentes suficientes para solicitar el procesamiento del hoy general en retiro, quién ha negado permanente su vinculación con violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, los testimonios de las siete personas víctimas de esos malos tratos en el regimiento Arica, coinciden en señalar su presencia. “Cheyre siempre descolló por el trato a los presos; él era quien manejaba el destino de los detenidos, y quien se paseaba constantemete por la fiscalía militar en tiempos de guerra; por eso es visto por una multiplicidad de personas en un período extenso de tiempo”, afirma el abogado Cruz.

Dichos testimonios son revelados en un reportaje publicado por The Clinic.

No es primera vez que el general (r) Cheyre es implicado en violación de los derechos humanos.

El año 2013, la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago negó procesar al general Cheyre por la desaparición de 15 detenidos en el marco del denominado caso “Caravana de la muerte”, pero el abogado Cruz sostiene que “han aparecido nuevos testimonios”.

De hecho, el 15 de abril de 2015, Cheyre fue careado con el matrimonio formado por Armando Gatica y Adriana Cardemil. Gatica sostiene haber sido torturado en el regimiento Arica, en tanto que su esposa afirma que cuando fue a preguntar por su marido al lugar, vio a Cheyre trasladando a presos vendados y que además intercambió palabras con él. 

En la oportunidad, el abogado calificó como “absolutamente irregular” que el careo se haya producido en un recinto militar, que es una opción para personeros activos del Ejército. “Efectuaremos una presentación al Ministerio de Defensa, porque Cheyre no trabaja para el Ejército”, señaló.

Ese mismo día fue careado con otros dos ex presos políticos en año 73, Oscar Olivares y Cecilia Marchant.

La diligencia se llevó a cabo esta mañana en el despacho de la ministra Patricia González -quien sustancia la causa- y se extendió hasta después de las 14:00 horas.

En la instancia, el ex jefe del Ejército se enfrentó primero con Óscar Olivares y luego con Cecilia Marchant, quienes lo acusan de haber participado de las vejaciones que sufrieron en el regimiento.

También lo sindican de ser responsable del asesinato de al menos 15 presos políticos y de haber participado en el Consejo de Guerra que dictó condenas de muerte.

Para el querellante Cristián Cruz -que representa a las víctimas de la Caravana de la Muerte- la diligencia fue favorable “y absolutamente necesaria” para sustentar las acusaciones que pesan en contra del ex comandante.

“Siempre se ha negado a colaborar con la justicia, pero hoy debió reconocer incluso que sí condenó a Olivares”, recalcó a Emol el abogado, enfatizando que durante el procedimiento Cheyre no fue capaz de sustentar sus dichos respecto a que desconocía las violaciones a los derechos humanos ocurridos en el lugar.

El caso Lejderman también ha perseguido a Cheyre como su sombra.

En diciembre de 1973, con dos años y medio, Ernesto Lejderman sobrevivió al asesinato de sus padres, un matrimonio mexicano-argentino, a manos de una patrulla militar. El niño fue llevado al regimiento donde estaba destinado el entonces joven teniente Juan Emilio Cheyre, quien lo entregó a la Iglesia.

Cumpliendo las órdenes que se le dieron, el militar de 26 años que llegaría a ser comandante en jefe del Ejército, dejó al menor al cuidado de las monjas del convento Casa de la Providencia.

En abril del 2003, cuando todavía era Comandante en Jefe del Ejército debió declarar ante el juez Daniel Calvo para relatar ese episodio.

En la oportunidad, Cheyre confirmó haber sido él quien entregó el niño a las religiosas:

“Mi participación en estos hechos parte en la tarde del día que vuelve la patrulla, ellos venían con un niño de un año y medio o dos. El capitán Fernando Polanco venía con un menor de edad y entregó una información que decía que habían perseguido a dos personas, que se escuchó una explosión y que al acercarse vieron a dos personas reventadas.

El comandante Lapostol me instruye que el niño pase en el más breve plazo a un convento de la ciudad de La Serena, que tuviera menores a su cargo”.

Cheyre le explicó al juez Calvo, quien investigaba entonces el asesinato del matrimonio Lejderman Avalos, que tomó contacto con el obispado de La Serena, donde le mencionan la existencia de un convento cercano al cuartel militar.

“Si mal no recuerdo las monjas vinieron al regimiento a buscar la guagua, no me parece que yo haya entregado al menor a las monjas. La guagua estuvo no más de una hora y media o dos horas en el regimiento hasta que se lo llevaron las religiosas”, declaró el general.

Lo que no dijo es que el matrimonio Lejderman Avalos no murió “reventado” por una explisión, sino que fue fríamente ejecutado por la partrulla militar que encabezaba el capitan Polanco.

El informe Cheyre

Pablo Basadre e Ivonne Toro

Un informe de la Policía de Investigaciones, de mayo de 2015, recogió siete testimonios que apuntan a la responsabilidad directa del excomandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre en torturas en el caso conocido como “La Caravana de La Serena”. Algunas de las víctimas declararon por primera vez en la causa y la conclusión del oficial a cargo de las diligencias indica que se trata de hechos que cuentan con “bastante veracidad”. Cheyre, asesorado por la empresa del lobbista Enrique Correa, sigue afirmando que no tiene ninguna responsabilidad en estos hechos.

El 18 de octubre de 2013, la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones rechazó procesar al ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre en la causa conocida como“La Caravana de La Serena”, que forma parte de una serie de casos derivados de la “Caravana de la Muerte”, comandada por el general Sergio Arellano Stark días después del golpe de Estado en 1973.

Pese a que el argumento de Cheyre, hasta ahora, ha sido citar la resolución de la Corte de Apelaciones cuando se le consulta por su responsabilidad en los hechos, lo cierto es que el caso no se ha cerrado y una nueva querella interpuesta en mayo de 2014 por los familiares de Carlos Enrique Alcayaga Varela -una de las víctimas de Arellano Stark- reabrió las posibilidades de que sea procesado por los delitos que se le imputan junto al comandante a cargo del Regimiento Arica de La Serena, Ariosto Lapostol y al médico Guido Díaz Paci “así como de todos los que resulten responsables, en su calidad de autor, cómplice o encubridor, de los delitos de secuestro calificado seguido de homicidio calificado” de los 15 prisioneros políticos que fueron acribillados en ese recinto militar.

Durante los primeros meses de este año, se sumaron al proceso que conduce la ministra de fuero Patricia González Quiroz, nuevos testimonios de víctimas de torturas cometidas en el Regimiento Arica (hoy Regimiento de Infantería Nº 21 “Coquimbo”). Las declaraciones, que se encuentran contenidas en un informe de la PDI de 17 páginas, al que accedió The Clinic, se realizaron en mayo pasado y cuenta con testimonios relatados en detalle por las víctimas que pasaron por ese regimiento.

El abogado querellante, Cristián Cruz, explica que existen antecedentes suficientes para solicitar el procesamiento del general en retiro. “Cheyre siempre descolló por el trato a los presos, era quien manejaba el destino de los detenidos, y quien se paseaba constantemete por la fiscalía militar en tiempos de guerra, por eso es visto por una multiplicidad de personas en un período extenso de tiempo”, afirma.

Sin embargo, Cheyre lo ha negado. Ya en el 2000, en una de sus declaraciones había ahondado sobre su rol en el asunto. En esa ocasión sostuvo que en la época era teniente y que había llegado al Regimiento Arica en febrero o marzo del año 1973. El 10 u 11 de septiembre, no lo recuerda con exactitud, asumió como “ayudante del Jefe de Plaza y también como ayudante en sus funciones como Intendente, no teniendo ningún mando sobre alguna unidad”.

El abogado Cruz tiene una versión distinta sobre este hecho: “En su hoja de vida aparece felicitado por la toma militar del aeropuerto de La Serena y de la Intendencia para el golpe de Estado. Al comienzo él lo niega, dice que ni siquiera tuvo una relación administrativa con los prisioneros políticos y hoy sabemos que participó en Consejos de Guerra donde condenó en medio de una verdadera pantomima de juicio”.

EL INFORME

El informe, ordenado por la Ministra González, tiene fecha de mayo de 2015 y algunos de los testimonios que recogió son inéditos. Se trata de víctimas de torturas al interior del Regimiento Arica que prestaron declaración por primera vez en causas relacionadas con temas de Derechos Humanos.

En las conclusiones del documento se establece, por ejemplo, que todos los testigos detenidos en el Regimiento Arica narran episodios dentro de su detención donde aparece el entonces teniente Juan Emilio Cheyre. “Dejando establecido que el oficial tenía injerencia y mando sobre los detenidos, lo cual se sustenta en que varios testigos lo conocían con anterioridad al día 11 de septiembre del año 1973, producto de las diferentes reuniones de trabajo gubernamentales que se sostenían en conjunto con el comandante Ariosto Lapostol Orrego, quien siempre era acompañado por el teniente Juan Emilio Cheyre Espinoza”, dice el informe.

Los testigos, según el documento confeccionado por un oficial de la PDI, reconocieron haber sido detenidos transitoriamente en el recinto militar en 1973, donde Cheyre se desempeñaba, en los hechos, como el segundo al mando, asistiendo a Lapostol.

Para el oficial a cargo de las indagatorias, los hechos narrados tienen “bastante veracidad”. El análisis establece que gran parte de la oficialidad del regimiento se encontraba en comisión de servicio en la ciudad de Santiago, repartidos en distintas comunas de la capital producto de los preparativos que hacían las Fuerzas Armadas -comandadas por Pinochet- para derrocar al presidente Salvador Allende.

De acuerdo a los relatos de los mismos oficiales, dice el informe, uno de los funcionarios más antiguos en la unidad de La Serena era Cheyre. “Para ser más precisos, los oficiales que quedaron en forma permanente en el mes de octubre del año 1973, son coronel Ariosto Lapostol Orrego, mayor Mario Vargas Migueles, capitán Juan Cheyre Espinoza, teniente (Intendencia), Raúl Alvarado Bencini, teniente Jaime Ojeda Torrens, los oficiales de los servicios médico Guido Díaz Paci, el dentista Gonzalo Silva Dogniza”, relata el oficial de la PDI.

El documento profundiza en detalles para dar sustento a los testimonios recogidos y señala que los relatos concuerdan plenamente, pues para la fecha que se estaba investigando, “la Fiscalia Militar se encontraba funcionando en el segundo piso del mismo Regimiento, a un costado del Servicio de Inteligencia y en el ala contraria a la Comandancia del Regimiento, que por lo demás no son dependencias amplias, con esto quiero decir que a simple percepción del suscrito el movimiento de los detenidos se podía percibir perfectamente por todos los funcionarios”, concluye.

TORTURAS CON EXCREMENTO

Uno de los siete testimonios que se adjuntan en el documento es el de Lorenzo A.R. de 79 años. La víctima recuerda que el día 11 de septiembre de 1973 se encontraba en la Intendencia junto a un abogado a quien identifica con el apellido Guzmán (se refiere a Roberto Guzmán Santa Cruz, uno de los 15 asesinados en La Serena el 16 de octubre de 1973). Se había reunido con el Intendente de ese entonces Rosendo Rojas cuando llegaron al lugar patrullas militares a cargo de Ariosto Apostol y Cheyre para llevarse detenidos a funcionarios de esa repartición.

Lorenzo A.R. relata que, por su calidad de dirigente sindical, junto al abogado, se dirigió a las minas ubicadas al nororiente de La Serena para alertar al resto de sus compañeros de sindicato. A esas alturas, varios de los que recibían la información, les advertían que personal de Carabineros lo estaba buscando: “Por tal motivo decidí entregarme a Carabineros en el Retén de Incahuasi, con el sargento Robledo; posteriormente fui trasladado a la Comisaría de El Tofo, para luego ser llevado al Regimiento Arica, seguidamente a la cárcel”.

Según el relato, en el recinto militar fue vendado, le amarraron las manos y lo llevaron a un patio, donde escuchó la voz de Cheyre, quien habría ordenado que lo torturaran. “Los otros funcionarios me tomaron e introdujeron mi cabeza a un fondo con agua y excremento, asimismo me colocaron en una cama metálica, donde me amarraron a ella y seguidamente me colocaron corriente en los testículos. Durante todo el rato me preguntaban por las armas del ‘Cordón Industrial’, hecho que ignoraba completamente. Debo agregar que en todo momento estuvo el teniente Cheyre, posteriormente me llevaron a la cárcel”, afirma.

Casi dos meses después de su detención, Lorenzo A.R., fue trasladado a la cárcel pública de la ciudad, donde se encontró nuevamente con Cheyre. El entonces teniente había llegado a buscar a otros detenidos para llevarlos al regimiento, entre ellos el abogado que lo había acompañado antes de entregarse a carabineros: “Recuerdo que cuatro días después de la Caravana de la Muerte, me llevaron nuevamente al Regimiento, donde me entrevistó un sargento, quien en todo momento me inducía a que me escapara. No le hice caso, pero creo que me querían aplicar la Ley de Fuga, permanecí siempre sentado nunca me moví, luego de un rato me devolvieron a la cárcel”.

El segundo entrevistado por el oficial de la PDI fue Amador M.S. Al iniciar su relato, dejó constancia que declaraba por primera vez en causas relacionadas a temas de derechos humanos. Militante del Partido Socialista en 1973, se desempeñaba como profesor en una escuela y regidor en la Municipalidad de La Serena.

El 4 de octubre de ese año fue detenido por una patrulla de carabineros junto a otros dos profesores y llevados hasta el cuartel policial de La Serena. Amador M.S fue el único que finalmente quedó detenido y trasladado al Regimiento Arica. “En la unidad militar los policísas me entregaron en la guardia y recuerdo plenamente que me recibe el entonces teniente o capitán Juan Emilio Cheyre, quien me indicó ‘Ahí está el resultado de su famoso gobierno’, ante lo cual le respondí ‘La historia dirá la última palabra’”, sostiene.

Según su relato, Cheyre dio la orden y se lo llevaron. La historia, similar a la del resto de los detenidos, prosiguió cuando le vendaron los ojos y fue conducido al patio del recinto: “En el lugar me ordenan sacarme la camisa y corbata, y comenzaron los golpes de pies puños y en reiteradas ocasiones me golpeaban con un objeto contundente tipo martillo pequeño en los codos; asimismo recuerdo que me cortaron el pecho con una cuchilla (tipo Gillette) obligándome a persignarme; me quemaron el pecho con cigarrillo y fósforos, todo esto mofándose de mi religión: me tiraron a un pozo con fecas, con la finalidad de ahogarme; simulaciones de fusilamientos, esta situación duró toda la tarde, fue lo más duro que he vivido, me golpearon brutalmente”.

Producto de los golpes y las torturas que vivió, una vez en la cárcel pública, fue llevado a un hospital. Un año después, le dieron la libertad y quedó con arresto domiciliario. Respecto a sus recuerdos de la “Caravana de la Muerte” -iniciada en La Serena cuando Arellano Stark emprendió rumbo al norte del país- mientras estuvo en la cárcel escuchó por una emisora local el comunicado del regimiento donde se entregaron los nombres de 15 fusilados, muchos de ellos eran sus conocidos.

Al finalizar la entrevista, Amador M.S. explicó que producto de su cargo de regidor había conocido a Lapostol y a Cheyre y al doctor Díaz Paci, quien lo atendió de mala manera cuando estuvo en el hospital. “Es por esta razón que los recuerdo plenamente cuando me encontré con ellos en el interior del Regimiento. Con esto quiero decir que sobre todo el teniente Cheyre, tenía o tuvo conocimiento de todas las torturas, golpes y humillaciones que recibí en el Regimiento”, consigna.

EL PROFESOR DESTINO

Nicolás F.R., quien declaró por segunda vez en el proceso, en aquella época era militante de las Juventudes Comunistas y estudiante de ingeniería. El 27 de septiembre de 1973 fue detenido en su casa por funcionarios de la Policía de Investigaciones. Cuando llegó al Regimiento Arica, recuerda, estuvo a un costado de la sala de guardia junto a otros prisioneros quienes se encontraban arrodillados en el suelo. Cuando se puso en la misma posición que el resto, con la manos en la nuca, vio llegar a Cheyre y al mirarlo, este lo increpó. “Qué estás mirando”, le dijo.

Cheyre pidió que lo llevaran al patio interior del recinto y “tomó un palo y comenzó a golpearme en las pantorrillas, parte posterior del muslo, glúteo y espalda. Esto duró cerca de 20 minutos. Después de esta sesión de golpes por parte del señor Cheyre, me llevaron a una sala, recuerdo que estuvimos poco tiempo ya que me trasladaron a la cárcel pública de Serena”.

Consultado por el rol de Cheyre en el regimiento, Nicolás F.R. lo describió como un tipo “drástico” y “severo” y que era conocido por todos los detenidos “quienes comentaban su forma de ser y era temido por todos”.

Otro de los testimonios que recoge el informe es el de Franklin M.O., quien declaró por primera vez en esta causa. Militante del Partido Socialista, el día 15 de septiembre de 1973 se encontraba trabajando en una fábrica de neumáticos- ubicada en el barrio Industrial de Tierras Blancas- cuando lo detuvo personal de Carabineros y militares, según recuerda.

Junto con él, se llevaron a Marco Barrante (quien sería fusilado por la “Caravana de la Muerte”) y a Darío Crespo Pinto. Los tres fueron trasladados a una unidad de Carabineros de Coquimbo, donde fueron torturados con aplicación de corriente, golpes en diferentes partes del cuerpo y amenazados con que serían lanzados al mar. El mismo día de la detención los llevaron al Regimiento Arica, donde los amarraron con alambres y los dejaron en el segundo piso de la unidad mirando el muro, en el que se apreciaban cuadros con los rostros de los ex comandantes del Regimiento.

Allí fueron interrogados y los regresaron a la cárcel pública. En uno de los traslados a la Fiscalía Militar para que ratificara sus dichos, recuerda que un “oficial” increpó a un soldado conscripto que le había consultado por su padre, que según él también había sido detenido.

El militar fue insultado, recuerda Franklin M.O., y “lo humilló ante nuestros ojos y se retiró, ordenándole al soldado que también se alejara”. Con el pasar del tiempo el testigo dice que pudo establecer que dicho oficial era el “teniente Emilio Cheyre”.

El testimonio concluiría con otras visitas al Regimiento Arica, donde continuaron las torturas y vejámenes. Finalmente, quedaría en libertad en abril de 1974 sometido a firma diaria ante funcionarios de Carabineros.

Los hechos relatados en el documento, al que accedió este medio, se reiteran y se puede apreciar que en el Regimiento Arica se actuó de la misma manera con los prisioneros políticos. Como es el caso de Juan G.H., quien ha declarado en tres oportunidades en el caso de la “Caravana de La Serena”. En esa época, era dirigente sindical de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en La Serena y militaba en el PC. Nueve días después del golpe, fue detenido por carabineros. Fue llevado al Regimiento Arica, donde fue golpeado por militares con una arma larga.

Alrededor de las 23:00 horas del día de su detención, según recuerda, llegó Cheyre al lugar y dio órdenes para trasladar a algunos prisioneros a la cárcel y otros que se quedarían en el regimiento. También firmaba los salvoconductos para los que quedaban en libertad: “Todo esto lo recuerdo porque lo divisé personalmente, hasta este momento no utilizaron capuchas, ni vendas en los ojos”.

Fue trasladado a la cárcel pública donde compartió con otros detenidos en los llamados “colectivos”, que estaban debidamente enumerados. Fue ahí donde le ordenaron, el día 14 y 15 de octubre, asear el lugar por la supuesta visita de un general del Ejército. “Lo que se tradujo en la “Caravana de la Muerte”, fusilando a cuatro de mis compañeros de celda (Colectivo Nro. 2)”, relata en su testimonio.

Días después lo llevaron a la Fiscalía Militar, que se encontraba en el segundo piso del regimiento donde fue interrogado por “un doctor de nombre Osvaldo Pincetti, apodado el ‘Doctor GAC’ o ‘Profesor Destino’”, quien dirigía los interrogatorios junto a un grupo de personas, con la aplicación de golpes y corriente eléctrica”.

Consultado por el rol de Cheyre y Lapostol, Juan G.H., respondió que los conocía de mucho antes del golpe militar, por su función en la Intendencia de La Serena con quienes había sostenido reuniones de trabajo.

EL CUBANO

Óscar C.G., declaró por primera vez en la causa “Caravana de La Serena” cuando fue entrevistado por el oficial de la Policía de Investigaciones. Militante comunista, se desempeñaba como profesor del Inacap en 1973. El 13 de septiembre, dos días después del golpe, fue detenido en su casa por carabineros. Estuvo un mes en la cárcel pública hasta que fue trasladado al Regimiento Arica, días antes de que ocurrieran los fusilamientos de la “Caravana de la Muerte”.

Luego de ser golpeado por militares junto a otros detenidos, escucharon la llegada de un helicóptero y ráfagas de metralletas. “Al día siguiente, nos sacaron de las celdas y nos llevaron al segundo piso del Regimiento, donde se encontraba la Fiscalía Militar, recuerdo que nos dejaron esperando con la vista al muro, sin poder hablar entre nosotros y esperando para ser interrogados”, cuenta.

En ese momento, según su relato, fue increpado por un militar, quien lo tomó del pelo y le preguntó si era cubano. Al escuchar su respuesta: “No, soy chileno”, el militar lo golpeó fuertemente en el estómago. “En ese momento logré divisarlo, era un tipo de tez blanca, con nariz aguileña, con calvicie incipiente, no obstante que portaba su boina negra, se le podía apreciar su calvicie. Debo agregar, que esto lo comenté una vez que llegué a la cárcel, enterándome días después que correspondía al teniente Cheyre”, narra.

Luis R.A., ya había declarado una vez en este proceso. Fue gobernador en Huasco antes del golpe militar. El 12 de septiembre fue detenido por funcionarios de Carabineros. Sus primeros días los pasó en la cárcel hasta que el 19 de octubre fue trasladado al Regimiento Arica. Cuando llegó, recuerda, había alrededor de 42 detenidos que fueron formados en tres columnas. De pronto, escuchó una voz que dijo su nombre y al identificarse, escuchó: “¡Este para dentro y el resto despáchenlos a la cárcel! Días después me enteré que ese teniente correspondía a Emilio Cheyre. En ese instante dos militares me quitaron mis útiles de aseo y me trasladaron a los calabozos que se encontraban ubicados en la parte posterior derecha del Regimiento, bajando una escalera, recuerdo que me dejaron solo, ya que en otras celdas había de dos a tres detenidos”, sostiene.

Después de estar en el calabozo, lo llevaron a declarar a la fiscalía militar. El fiscal Manuel Cazanga Pereira le explicó que tenía varios cargos en su contra. Recuerda que ese día ingresó a la sala un abogado defensor, Raúl Salamanca. “(…) Escucho golpear la puerta e ingresa el mismo teniente indicado en el párrafo anterior (Cheyre) y reprocha fuertemente al abogado, indicándole ‘Usted nuevamente por acá, hasta cuándo’”. El abogado respondió: “Hasta que sea necesario defender a las personas”. Según el relato, Cheyre le habría respondido: “No sea cosa que nosotros lo traigamos”.

Luis R.A. recuerda que le consultó al Fiscal Cazanga cómo se llamaba el oficial y éste le respondió que era el “oficial ayudante teniente Juan Emilio Cheyre”.

Luis R.A. continuaría en el lugar, donde fue torturado y atendido por el doctor Díaz Paci. Luego sería condenado en un Consejo de Guerra y estaría privado de libertad hasta 1978 cuando se fue exiliado a Inglaterra. Respecto a Cheyre, el testigo recordó que el ex militar había confundido a un amigo suyo con un ciudadano cubano, que había sido golpeado por el general en retiro.

JUSTICIA Y VERDAD

Cheyre ha declarado en varias oportunidades para esta causa. Lo ha hecho, inexplicablemente, dice el abogado Cruz, en dependencias del Ejército donde ha situado su domicilio pese a que ya no es parte de la institución. A esta consulta, como a otras, Cheyre declinó responder.

En cuanto a cómo pudo ser parte de un Regimiento e ignorar lo que allí ocurría, Cheyre ha sostenido que en el Ejército rige el “compartimentaje, que podríamos resumir en que cada cual debe velar por las tareas propias del ámbito de su competencia y no de otras. Necesidad de saber, que se sintetiza en que nadie debe buscar información en órganos paralelos en los cuales no le compete actuar, es decir, cada uno, debe conocer aquello que le incumbe en forma directa, sin inmiscuirse en asuntos que no sean de esa naturaleza. Complementan estos dos principios básicos, otros como el secreto, las disposiciones de archivos de documentos”, dice en una de sus declaraciones.

Al ser contactado por The Clinic respecto de los testimonios a los que este medio tuvo acceso y su rol en 1973, el excomandante en jefe del Ejército -que es asesorado por la empresa Imaginacción del lobbista Enrique Correa- respondió por escrito.

“He recibido sus preguntas, las que de acuerdo a su requerimiento original aludirían al caso que lleva la ministra Patricia González. Al respecto, puedo señalar que no tengo responsabilidad alguna en los hechos en que se me intenta involucrar, que los tribunales nunca me han imputado participación directa o indirecta en este caso, y que ello fue ratificado de manera unánime por la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago en octubre de 2013”.

Al, finalizar el correo, Cheyre dijo que agradecía el interés y la oportunidad de expresar “a través de su medio mi firme compromiso con la justicia y la verdad”.

Fuente: The Clinic

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